Amigos

No es tan extraño: al pasar el tiempo observas que no elegiste a tus amigos, porque de haberlos elegido ellos estarían contigo. Elegiste socios, compañeros, pero nada más.

La amistad, tan valiosa y necesaria como es, es comprendida y apreciada más en el sufrimiento que en la alegría. Estar rodeado de multitudes que ríen contigo no es equivalente a tener muchos amigos, pues la amistad para ser genuina y efectiva requiere de más que la compañía, las emociones o tu elección y decisión: requiere ser correspondida igual.

Entonces los amigos no son elegidos, más bien son regalados por Dios. En lugar de llenar el corazón de amargura a causa de los “amigos” que elegiste y se fueron, gózate y regocíjate en aquellos que el Señor te regaló. Ama y sirve a todos, no des tu corazón al rencor, pero agradece y aprende, pues nunca conseguirás que todos estén, sólo necesitas de aquel que es “más unido que un hermano”.

Dios nos bendice.