¡No finjas amor!

En días como este es fácil sustituir el amor con envolturas de papel regalo, disimularlo con flores y confundirlo con chocolates y golosinas. Muchos cristianos han cuestionado la validez de esta celebración (“San Valentín”), y para esta fecha se repite la pregunta en foros, blogs e iglesias cristianas de si un cristiano puede celebrar esta festividad, perdiendo de vista que celebrar el amor no tiene mal alguno; no sólo es que nuestro Señor resumió toda su ley en amarle Él por encima de todo y con todo lo que somos, y a nuestro prójmo como a nosotros mismos (Mateo 22:36-40), pero igualmente nos dejó como mandamiento el que nos amemos unos a otros (Juan 13:34); los apóstoles fueron por él inspirados a escribir:

“El amor no hace mal al prójimo” (Romanos 13:10 RVR1960)

“Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados” (1 Pedro 3:8 RVR 1960)

No, el problema no es la celebración o el día. El problema es que es teatro.

La Escritura describe al amor (pues es imposible definirlo) por medio de sus cualidades y acciones (1 Corintios 13:4-8), confirmando entonces que el amor más que sentirlo y decirlo, debe practicarse, y cualquiera que dice amar tiene en este pasaje el referente para observarse a sí mismo y sus acciones y entonces comprender qué tanto le falta para amar como Dios ama y espera que nosotros también amemos.

En días como estos nos confundimos al recibir e intercambiar presentes, pues los presentes no pueden compararse con las acciones que quien ama está supuesto a evidenciar en su propia vida y relaciones con aquellos a quienes ama.

Es por esto que el apóstol Pablo es movido por el Espíritu Santo a decir que no finajamos amar, pues sólo se puede amar amando.

«El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros.»


Romanos‬ ‭12:9-10‬ ‭RVR1960‬‬

Pablo nos enseña que fingir el amor es malo, y no por los resultados pues la palabra para “malo” en el idioma original habla de algo que es esencialmente malo, naturalmente malo, es malo en la fuente misma, aún si los resultados parecen ser buenos. Es similar a la carnada que coloca el pescador novato para atrapar al pez: un llamativo y apetitoso gusano enclavado en el anzuelo, que atrae a su presa a la muerte, justo así es el amor fingido, parece ser deleitoso pero al final resulta en destrucción y muerte.

El antítodoto para curar el amor fingido no es el separarse, el evitar el contacto con los hipócritas, es más bien amar a todos como si fueran nuestra familia (“amor fraternal” significa simplemente “amor de hermanos”), y en lugar de perseguir nuestro beneficio, procurar beneficiarles (“honra” aquí significa “valoración”) al darles a ellos el lugar que quisiéramos para nosotros mismos.

Si en lugar de sólo dar regalos nos dedicáramos a amar así, la sociedad sería diferente.

Que nuestro buen Dios nos enseñe a mar con Él ama (2 Tesalonicenses 3.5).

“He aquí la sierva del Señor”


Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María. Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres. Mas ella, cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta. Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios. Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril; porque nada hay imposible para Dios. Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia.” (Lucas 1.26–38, RVR60) 

La disputa sobre el papel de María, la madre de nuestro Señor, en la historia y vida de la fe cristiana, no ha sido poca. El Catolicismo Romano (junto con el Cristianismo Ortodoxo de Oriente) ha elevado la figura de María a nivel de semidiosa. Es de todos conocido que estos igualan la tradición de la iglesia a la Revelación Divina contenida en las Sagradas Escrituras, y es a esta tradición (junto a un conjunto de especulaciones de hombres llevadas a extremos impensables para los creyentes del primer siglo) que debemos todo lo que de María se enseña dentro del catolicismo.  

En años recientes, el marianismo ha experimentado un nuevo auge, ya no por las múltiples apariciones de María (como las narradas por los niños pastores Lucía, Jacinta y Francisco, en la Cova da Iria, en Fátima – Portugal) que han sido creídas y documentadas por los católicos, pero ahora creyentes evangélicos han cedido y procurado que otros evangélicos vean a María con ojos católicos; el 21 de Marzo del 2005 la revista TIME en su portada reseñaba el artículo “Should Mary be venerated by Protestants?” (“Debería María ser venerada por los Protestantes?”), de David Van Biema. “La historia de la portada de TIME es parte de un fenómeno más grande, con muchos protestantes de la línea principal (no tradicionales) que recurren a una reconsideración de María e incorporan la veneración de María en las devociones personales y la adoración corporativa. Algunos van tan lejos como para reconocer a María como intercesora, dirigiendo oraciones a ella y a otros santos” ( Traducido del artículo “Mary for Protestants? A New Look at an Old Question”, del Rev. Albert Mohler Jr. ).

Beverly Roberts Gaventa, profesora de Literatura y Exegesis del Nuevo Testamento en el Seminario Teológico Princeton, ha escrito algunos libros sobre María (“Mary: Glimpses of the Mother of Jesus”, “Blessed One: Protestant  Perspectives on Mary”), proponiendo la necesidad de que los protestantes revisemos nuestras enseñanzas con relación a María y la consideremos “Madre de todos los creyentes”. De acuerdo con ella: 

“No hay una figura comparable a ella… [los evangelios resaltan] el consentimiento de María a la intervención de Dios en su vida, su exaltación por la redención de Dios, su reflexión sobre el significado de Jesús y, ciertamente, su presencia perseverante con otros creyentes. Al identificar a María como nuestra Madre, no elevamos tanto a María como reconocemos en su historia la afirmación fundamental de Lucas de que nada será imposible para Dios, ni siquiera nuestro consentimiento a la voluntad de Dios”.

Es necesario que recuperemos una perspectiva bíblica de María, la sierva del Señor, pero primero debemos identificar las creencias comunes (y erradas) sobre ella. 

María de acuerdo al Catecismo Católico Romano: 

Los elementos marianos introducidos por los católicos a la fe cristiana y que son disputados por los evangélicos pudieran resumirse en cuatro, tal como lo plantea el sitio web Desiring God, en este artículo de Thomas Schreiner (los números entre paréntesis representan el artículo del Catecismo Católico Romano al que se hace referencia): 

  • Su virginidad perpetua 

Afirma que María fue una virgen perpetua (499, 510). Según el catolicismo, María era una virgen al concebir a Jesús, siguió siendo virgen al dar a luz y mantuvo su virginidad toda su vida. Los hermanos y hermanas de Jesús no son los hijos de María y José, sino que son los primos de Jesús: los hijos de José de un matrimonio anterior, o cercanos relacionados con Jesús. 

En el siglo II, el Protoevangelio de Santiago enseñó la virginidad de María antes e incluso después del nacimiento, aunque no afirma que ella haya mantenido su virginidad después. Ireneo en el segundo siglo enseñó la perpetua virginidad de María, pero no se sostuvo universalmente, ya que fue discutido por Tertuliano en el mismo siglo y Helvidio en el cuarto siglo también cuestionó su validez. 

Aún así, la doctrina fue ganando terreno, y fue apoyada por Agustín y Gregorio de Nyssa, y afirmada en el sexto concilio ecuménico en 680 dC. En realidad, muchos reformadores apoyaron la perpetua virginidad de María, incluyendo a Lutero, Zwinglio, Bullinger, Latimer y Cranmer.

Este es un argumento innecesario y carente de evidencia bíblica. José se abstuvo de sostener relaciones sexuales con su esposa “hasta” que dio a luz (Mateo 1.25; cf. Mateo 2.13,15). El Nuevo Testamento, en más de una ocasión menciona a María junto con sus otros hijos e hijas, hermanos del Señor (Mateo 12.46-50 & 13.55, Marcos 3.31-35 & 6.3, Lucas 8.19-21, Juan 7.1-9 y Hechos 1.14).

Nota: Luego de publicar este post llamó mi atención el pasaje de Mateo 1.25, donde dice que José “no la conoció [a María] hasta que dio a luz a su hijo primogénito”; aquí el pronombre personal “su” es el griego αὐτῆς , que es genitivo singular femenino (en contraste con αὐτοῦ , que es genitivo singular masculino), por lo que el pasaje comunica que Jesús era el primogénito de María, lo que sin duda es una evidencia más a favor de lo que claramente afirma la Palabra del Señor de que María tuvo otros hijos, por lo que no murió virgen.

  • Su ascensión a los cielos 

Los católicos romanos confiesan y declaran que María fue asumida (o llevada) al cielo (966), aunque no fue declarada dogmáticamente como una doctrina hasta 1950 por Pío XII. Podríamos pensar que la ascensión de María en “cuerpo y alma” significa que ella no murió, pero la doctrina no determina definitivamente si ella murió antes de su ascensión. 

Las referencias más tempranas a la ascensión de María fueron en el siglo III o IV, pero la enseñanza se hizo bastante popular en los siglos posteriores. Esta creencia es fantasiosa, carente por completo de la más mínima base bíblica ni teológica. 

  • Su inmaculada concepción 

Los católicos confiesan la doctrina de la concepción inmaculada, que debe distinguirse del nacimiento virginal de Jesús o de la concepción virginal. Por una concepción inmaculada, la Iglesia Católica enseña que María fue preservada del pecado original por los méritos de Cristo. 

La inmaculada concepción no fue declarada formalmente como doctrina de la iglesia hasta 1854 por el Papa Pío IX (491, 966). La doctrina se desarrolló lentamente en la historia de la iglesia, e incluso Tomás de Aquino se opuso. Aún así, en el siglo XIX había crecido en popularidad. Técnicamente hablando, la inmaculada concepción de María debe separarse de la noción de que estuvo sin pecado durante toda su vida, pero la impecabilidad de María también es afirmada por la Iglesia Católica, y por lo tanto también se afirma su ausencia de pecado personal (493, 508). 

La razón que muchos aducen para sostener esta postura es el hecho de preservar a Jesús como perfecto y sin pecado, pues su madre también lo fue y así el pecado era imposible que pasara a formar parte de la naturaleza de nuestro Señor. Sin embargo, me pregunto: el mismo Dios que milagrosamente colocó a su Unigénito Hijo en el vientre de una virgen, ¿no podría preservarlo allí de la influencia del pecado? El razonamiento sobre esto es circular, pues si María debía ser sin pecado para que su Jesús también lo fuera, entonces la madre de María debió ser igualmente inmaculada,  y lo mismo su abuela, ¡y así hacia atrás hasta llegar a Eva! María en sus declaraciones se reconoce a sí misma como pecadora (Lucas 1.46-48) y de acuerdo con el texto griego ella junto a los hermanos del Señor en algún momento le consideraron estar “fuera de sí” (vs. Marcos 3.21, 31-35). 

Si María hubiera sido sin pecado entonces ella misma habría podido ser la redentora de la humanidad, y el Padre no habría necesitado sacrificar a su Hijo (Romanos 3.10-26) 

  • Su reconocimiento como “Reina de los cielos” 

María es el objeto de la devoción en el catolicismo romano como la Reina del Cielo. María es considerada la Madre de la Iglesia (963). Los católicos aclaran que María no es adorada como Dios es (latria), pero es venerada (doulia), y esa veneración la distingue de otros mediadores (hiperdoulia, 971). Su intercesión puede traer “salvación eterna”, y se le otorgan “títulos de Defensora, Ayudante, Benefactora y Mediadora” (969). 

El Catecismo insiste en que la mediación de María no resta valor a la mediación de Cristo, sino que fluye de ella (970). El papel de María como Mediadora se encontró por primera vez en el siglo IV y creció en popularidad a partir de entonces. Hay algunos dentro del catolicismo abogando por la idea de que María era una corredentora, pero esta doctrina no ha sido reconocida oficialmente. 

Esta es la razón por la que ella es  objeto de devoción y de oración, empequeñeciendo entonces el Poder del Todopoderoso Hijo de Dios que es capaz, por sí mismo, de crear y sostener el universo, y a la vez de crear la salvación y sostener a los salvados (Colosenses 1.15-23, 2.8-19, 3.1-4), siendo entonces el Hijo el único mediador entre Dios y los hombres (1 Timoteo 2.5-6), nadie más es necesario para tal labor, ni aún María. 

Como resume Thomas Schreiner: 

“Al colocar a María en el mismo plano que Jesús, la gloria incomparable de Cristo disminuye… Orar a María y venerar a María quita la gloria de Jesucristo… Las concepciones católicas de María disminuyen la expiación de Cristo, comprometen a su persona y le roban la gloria que merece”. 

¿Significa todo lo anterior que debemos despreciar a María? ¿Es la opinión “evangélica” una que considera a María insignificante? Es probable que nuestro afán de salvaguardar la Doctrina tal como es enseñada en la Palabra de Dios produjese en nosotros un celo tal que no prestáramos atención a las grandes virtudes de esta creyente, de esta sierva del Señor. 

“De todas las mujeres extraordinarias en las Escrituras, una sobresale por encima de todas las demás como la más bendecida, la más favorecida por Dios y la más universalmente admirada. De hecho, ninguna mujer es más notable que María. Fue elegida soberanamente por Dios, de entre todas las mujeres que nacieron, para ser el instrumento singular a través del cual Él finalmente traería al Mesías al mundo.” John MacArthur (ver artículo completo aquí

Esperamos ocuparnos de entender a María y su contexto previo al nacimiento del Señor Jesús, y al hacerlo reconocer las virtudes de esta bendita mujer y ser motivados a imitar su fe. El Señor nos guíe. 

El Verbo de Dios

«En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Éste era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.» Juan‬ ‭1:1-3‬ ‭RVR1960‬‬

La principal tarea del estudiante serio de las Sagradas Escrituras es entender el mensaje como fue comunicado originalmente; la relación entre el escritor inspirado por el Espíritu Santo y los lectores originales, además del propósito por el cual el primero se comunica con los otros son vitales al momento de entender la organización del material del libro y su contenido. Pocos libros del Nuevo Testamento facilitan la tarea del estudiante como el Evangelio de Juan:

«Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.» Juan‬ ‭20:30-31‬ ‭RVR1960‬‬

La intención, pues, del autor es mucho más que la de informar acerca de algunos hechos históricos, relevantes, de la vida de Jesús de Nazaret, pero más bien que los lectores sean convencidos (el verbo “creer” es el griego πιστεύω, que significa “confiar”, “tener fe”) de que Jesús es:

  1. El Cristo, el Mesías prometido en el Antiguo Testamento para liberar de la esclavitud al Pueblo de Dios, y establecer un reino de justicia perdurable.
  2. El Hijo de Dios; no “un hijo de Dios”, pero más bien “EL Hijo de Dios”, pues la relación que hay entre el Padre y su Hijo Jesús es única e irrepetible.

Además, Juan espera que el convencimiento de los lectores de los asuntos antes mencionados produzca un cambio eterno en la vida de los lectores: vida en el nombre de Jesús. Esta frase comunica:

a. La necesidad de tomar una decisión; al reconocer quién es Jesús, y ser convencidos de que es “el Cristo, el Hijo del Dios Viviente”, nos es necesario decidir cuál es su lugar en nuestras vidas, pues como Mesías nos trae normas de libertad y justicia, y como Hijo de Dios nos aplica tal libertad y justicia para que ahora seamos capaces de tener comunión real con el Padre.

b. La realidad de que esta decisión es una verdad cada día; el verbo “creyendo” en el griego original es una conjugación del verbo “creáis”, en presente activo participio, lo que quiere decir que los creyentes intencionalmente confían continuamente que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios Viviente.

c. La vida como beneficio de nuestra fe; dos cosas pudiera significar esta frase de “tengáis vida en su nombre”. La primera es que a no ser que se confíe en el nombre de Cristo no se tiene vida. ¡Así mismo! La idea de que una vida sin Cristo es en realidad la muerte inicia en el Génesis, cuando Dios dice a Adán que si le desobedece “ciertamente morirás”, y es justo lo que Jesús como Mesías e Hijo Unigénito del Padre viene a corregir, sólo se necesita creer en Él, en “su nombre” para tener vida.

A no ser que se confíe en el nombre de Cristo no se tiene vida

La segunda es que una vez se confía en Cristo se tiene una nueva vida. No se puede confiar en Cristo y no luchar por vivir conforme a esa vida nueva que nos separa de la muerte, que nos permite acercarnos al Padre Celestial.

Durante las semanas siguientes continuaremos nuestras reflexiones en el Evangelio de Juan, y nuestra sincera oración es que podamos crecer en fe y confianza en nuestro Señor Jesucristo.

Dios les bendice.

Referente a la Palabra de Dios

La lectura, meditación y aplicación de la Palabra de Dios ocupa un lugar predominante en nuestro tiempo devocional con Dios. De la adecuada interpretación de las Escrituras dependerá nuestro vigor y crecimiento espiritual. La interpretación de las Escrituras tiene dos aspectos importantes a la hora de interpretarla: 1) Dependencia del Espíritu de Dios (Juan 14:26; 1 Cor. 2:12-14; 1 Juan 2:27); 2) La investigación inductiva (1 Pedro 1:10-11).

Por hoy dejo las siguientes recomendaciones a la hora de tener frente a nosotros el texto bíblico:

Recomendaciones generales:

1. Escoger siempre el mismo lugar, preferiblemente nuestra habitación.
2. Escoger un horario fijo temprano en la mañana.
3. Tener una libreta, o recurso digital para tomar notas.
4. Trabajar como máximo un capítulo.

Referente al Texto:

1. Conocer si es el texto es del Antiguo o Nuevo Testamento.
2. Conocer el tipo de lenguaje (Literal, figurado, poético, apocalíptico)
A .Lenguaje literal: Es el que es fiel al sentido original de las palabras.
B. Lenguaje Figurado: Es aquel por el cual una palabra expresa una idea en términos de otra, apelando a una analogía. Ej. Parábola, Metáfora, alegoría, etc.
C. Poesía: Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés, Cantares.
D. Literatura apocalíptica: Daniel, Ezequiel, Zacarías, Apocalipsis.
3. Tomar en cuenta el contexto gramatical, histórico, geográfico, bíblico y teológico.

Preguntas al texto:

1. ¿Quién lo dice?
2. ¿Cuándo lo dice?
3. ¿Por qué lo dice?
4. ¿A quién lo dice?
5. ¿Quién escribe?
6. ¿A quién lo escribe?
7. ¿Por qué lo escribe?
8. ¿A quién lo escribe?
9. ¿Hay mandamientos para mí?
10. ¿Hay cosas que imitar?
11. ¿Hay cosas que desechar?
12. ¿Hay promesas para mí?
13. ¿Qué dice el texto acerca de Dios?
14. ¿Qué dice el texto acerca de Jesucristo?
15. ¿Qué dice acerca de la Iglesia?
16. ¿Qué dice acerca de Satanás?

(Tomado del muro de Facebook del Ps. Alberto Moneró Rijo)

La fidelidad a Dios como requisito de ser “conforme a Su corazón”

(resumen del mensaje predicado en la CBC Las Caobas el domingo 24-Junio-2018)

Había ya reinado Saúl un año; y cuando hubo reinado dos años sobre Israel, escogió luego a tres mil hombres de Israel, de los cuales estaban con Saúl dos mil en Micmas y en el monte de Bet-el, y mil estaban con Jonatán en Gabaa de Benjamín; y envió al resto del pueblo cada uno a sus tiendas. Y Jonatán atacó a la guarnición de los filisteos que había en el collado, y lo oyeron los filisteos. E hizo Saúl tocar trompeta por todo el país, diciendo: Oigan los hebreos. Y todo Israel oyó que se decía: Saúl ha atacado a la guarnición de los filisteos; y también que Israel se había hecho abominable a los filisteos. Y se juntó el pueblo en pos de Saúl en Gilgal. Entonces los filisteos se juntaron para pelear contra Israel, treinta mil carros, seis mil hombres de a caballo, y pueblo numeroso como la arena que está a la orilla del mar; y subieron y acamparon en Micmas, al oriente de Bet-avén. Cuando los hombres de Israel vieron que estaban en estrecho (porque el pueblo estaba en aprieto), se escondieron en cuevas, en fosos, en peñascos, en rocas y en cisternas. Y algunos de los hebreos pasaron el Jordán a la tierra de Gad y de Galaad; pero Saúl permanecía aún en Gilgal, y todo el pueblo iba tras él temblando. Y él esperó siete días, conforme al plazo que Samuel había dicho; pero Samuel no venía a Gilgal, y el pueblo se le desertaba. Entonces dijo Saúl: Traedme holocausto y ofrendas de paz. Y ofreció el holocausto. Y cuando él acababa de ofrecer el holocausto, he aquí Samuel que venía; y Saúl salió a recibirle, para saludarle. Entonces Samuel dijo: ¿Qué has hecho? Y Saúl respondió: Porque vi que el pueblo se me desertaba, y que tú no venías dentro del plazo señalado, y que los filisteos estaban reunidos en Micmas, me dije: Ahora descenderán los filisteos contra mí a Gilgal, y yo no he implorado el favor de Jehová. Me esforcé, pues, y ofrecí holocausto. Entonces Samuel dijo a Saúl: Locamente has hecho; no guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios que él te había ordenado; pues ahora Jehová hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre. Mas ahora tu reino no será duradero. Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual Jehová ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Jehová te mandó. Y levantándose Samuel, subió de Gilgal a Gabaa de Benjamín. Y Saúl contó la gente que se hallaba con él, como seiscientos hombres.” (1º Samuel 13.1–15, RVR60)

Desarrollo

Contrastes son evidentes al considerar la vida de los primeros dos reyes del pueblo de Israel, y resumirlos resulta ser tarea no tan sencilla en un solo sermón… Los versos leídos en principio, sin embargo, pueden servir para comprender el origen de tales contrastes, y de lo que llegó a ser una gran rivalidad que por años mantuvo en vilo a todo el pueblo de Israel (e incluso a las naciones vecinas).

Saúl había sido ungido como rey de Israel como repuesta al clamor pecaminoso del pueblo (a su vez una repuesta al pecado de los hijos de Samuel; vs. 1 Samuel 8); Israel no entendía que no eran hombres  imperfectos quienes les gobernaban y que no necesitaban de rey como las demás naciones pues contaban a favor de ellos al Rey de reyes y Señor de señores, que había derrotado a Faraón de Egipto, a Sehón, a Og, a Balac, a los reyes de Jericó, de Hai, y de todas las naciones vecinas, y que a Él tan sólo debían fidelidad. Triste es pensar que, como ellos, muchos de nosotros hoy procuramos la seguridad y el éxito de la mano de otros “reyes” como hacen y tienen “las demás naciones” y no prestamos la debida atención a las maravillosas obras que nuestro Gran Rey y Buen Dios hace con nosotros y en nosotros.

Israel es “premiado” con un rey inigualable, a quien de sólo verle inspiraba admiración:

Entonces corrieron y lo trajeron de allí; y puesto en medio del pueblo, desde los hombros arriba era más alto que todo el pueblo. Y Samuel dijo a todo el pueblo: ¿Habéis visto al que ha elegido Jehová, que no hay semejante a él en todo el pueblo? Entonces el pueblo clamó con alegría, diciendo: ¡Viva el rey!” (1º Samuel 10.23–24, RVR60)

Que Israel no estaba listo para tener un rey “como las demás naciones” es evidente de inmediato: Saúl no tiene una casa o palacio y luego de ser vitoreado como rey cada uno regresa a su propia casa, incluido Saúl mismo, quien vuelve a casa de sus padres, no sin antes lidiar con el recelo de los que envidiaban su posición y no veían en él a un superior (1 Samuel 10.25-27).

Conocemos ya los elementos que dieron al traste con el reinado de Saúl: su infidelidad para con Dios y su necesidad de aprobación de los hombres le llevaron a tomar decisiones que cada vez más le alejaron de Dios al punto que en poco tiempo Dios dictamina contra él que su reino no sería firme, no sería establecido. En la lectura de principio resaltan estos elementos:

A. La infidelidad del siervo de Dios es un acto que solo se compara con enloquecer (“Locamente has hecho; no guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios que él te había ordenado” v. 13); el Señor no necesita de nuestra ayuda, sólo demanda y espera de sus siervos obediencia y fidelidad. Desobedecerle no es más que dudar de su Poder y Grandeza y confiar en la nuestra como superior y mejor para las circunstancias que nos tocaran vivir. Tal razonamiento es locura, una “sabiduría” que resulta ser “humana, animal y diabólica”.

Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia. Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.” (1 Corintios 1.26–31, RVR60)

¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre. Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad; porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica. Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa. Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz.” (Santiago 3.13–18, RVR60)

Dios no se complace con “sacrificios humanos”, pero sí con la fidelidad y obediencia:

Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey.” (1º Samuel 15.22–23, RVR60)

Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; No quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.” (Salmo 51.16–17, RVR60)

B. La infidelidad a Dios recibe de Él justo castigo (“… pues ahora Jehová hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre. Mas ahora tu reino no será duradero”, v. 13). Con amor y misericordia se comporta nuestro Señor para con sus hijos, pero su amor no es obstáculo al justo castigo que viene ante nuestras acciones contrarias a su Santa Voluntad. Su misericordia puede verse incluso en los momentos de juicio y castigo: Saúl recibe aquí como sentencia el que “su reino” no sería firme y duradero, una referencia de castigo que más que efectuarse directamente en él se habría de ver en su casa, en su descendencia, pues no tendría un hijo suyo como sucesor al trono; siempre hay un llamado y oportunidad de arrepentimiento para aquellos que, sin importar las razones, se alejan de Dios y se hacen a sí mismos infieles.

Sin embargo, Saúl no mostró nunca una actitud arrepentida, nunca inclinó su corazón para hacer la voluntad de Dios. Para él, como ocurre con muchos de nosotros, primero era el aplauso y el reconocimiento humano antes que el divino, y su orgullo y cobardía siempre fueron tales que nunca se acercó a Dios humillado y buscando perdón y misericordia:

Entonces Saúl dijo a Samuel: Yo he pecado; pues he quebrantado el mandamiento de Jehová y tus palabras, porque temí al pueblo y consentí a la voz de ellos. Perdona, pues, ahora mi pecado, y vuelve conmigo para que adore a Jehová. Y Samuel respondió a Saúl: No volveré contigo; porque desechaste la palabra de Jehová, y Jehová te ha desechado para que no seas rey sobre Israel. Y volviéndose Samuel para irse, él se asió de la punta de su manto, y éste se rasgó. Entonces Samuel le dijo: Jehová ha rasgado hoy de ti el reino de Israel, y lo ha dado a un prójimo tuyo mejor que tú. Además, el que es la Gloria de Israel no mentirá, ni se arrepentirá, porque no es hombre para que se arrepienta. Y él dijo: Yo he pecado; pero te ruego que me honres delante de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel, y vuelvas conmigo para que adore a Jehová tu Dios. Y volvió Samuel tras Saúl, y adoró Saúl a Jehová.” (1º Samuel 15.24–31, RVR60)

Su soberbia y corazón no arrepentido le acompañó hasta la muerte. Una vida de infidelidad y sin arrepentimiento es castigada por quien ha llamado a todos a servirle, a honrarle, a obedecerle, el Único y Sabio Dios y Creador.

C. La fidelidad es la que recibe recompensa de parte de Dios (“Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual Jehová ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo”, v. 14). La idoneidad de David para servir como rey de Israel es escasa e insignificante, muy similar a la de Saúl en principio, quien no se consideraba digno ni a sus propios ojos. Veamos el “curriculum vitae” de quien llegó a gobernar a Israel por 40 años, a ser modelo de todos sus reyes, y a recibir promesa de un reinado eterno (2 Samuel 7):

  • Era el menor de los hijos de Isaí, bisnieto de Rut la moabita (Rut 4.13-16; 1 Samuel 16.1)
  • Era el pastor de las ovejas de la familia (1 Samuel 16.11)
  • Como hijo menor, no era considerado digno ni aun entre sus hermanos y su familia (1 Samuel 16.10-11; 17.28)
  • Como guerrero valiente, vigoroso y valeroso, era más reconocido como músico (16.18; 17.15)
  • Otras virtudes que considerar en él eran su hermosura y su prudencia en palabras (16.12; 17.18)

Pero la gran diferencia entre David y Saúl consistía en la fidelidad al Señor: imperfecto y humano como era, David conocía a Dios y su Poder, le temía y amaba, y así vivía su vida en cualquier condición, sea como el menospreciado hijo menor, pastor de las ovejas, o como el rey modelo en el pueblo de Israel. Nosotros podemos ser engañados por las apariencias, podemos mostrarnos ocupados incluso en las cosas de Dios, pero Él conoce nuestro corazón y sabe la fidelidad de nuestra vida y nuestras obras, que es lo que define la calidad de nuestra adoración.

Y aconteció que cuando ellos vinieron, él vio a Eliab, y dijo: De cierto delante de Jehová está su ungido. Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.” (1º Samuel 16.6–7, RVR60)

Fueron oídas las palabras que David había dicho, y las refirieron delante de Saúl; y él lo hizo venir. Y dijo David a Saúl: No desmaye el corazón de ninguno a causa de él; tu siervo irá y peleará contra este filisteo. Dijo Saúl a David: No podrás tú ir contra aquel filisteo, para pelear con él; porque tú eres muchacho, y él un hombre de guerra desde su juventud. David respondió a Saúl: Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba. Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios viviente. Añadió David: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo. Y dijo Saúl a David: Ve, y Jehová esté contigo.” (1º Samuel 17.31–37, RVR60)

A este rey Dios bendijo más que a todos, haciendo de él ejemplo en Israel, llevándole a reconocer sus maravillas y fuerza, estableciendo su reino eternamente.

Aconteció que cuando ya el rey habitaba en su casa, después que Jehová le había dado reposo de todos sus enemigos en derredor, dijo el rey al profeta Natán: Mira ahora, yo habito en casa de cedro, y el arca de Dios está entre cortinas. Y Natán dijo al rey: Anda, y haz todo lo que está en tu corazón, porque Jehová está contigo. Aconteció aquella noche, que vino palabra de Jehová a Natán, diciendo: Ve y di a mi siervo David: Así ha dicho Jehová: ¿Tú me has de edificar casa en que yo more? Ciertamente no he habitado en casas desde el día en que saqué a los hijos de Israel de Egipto hasta hoy, sino que he andado en tienda y en tabernáculo. Y en todo cuanto he andado con todos los hijos de Israel, ¿he hablado yo palabra a alguna de las tribus de Israel, a quien haya mandado apacentar a mi pueblo de Israel, diciendo: ¿Por qué no me habéis edificado casa de cedro? Ahora, pues, dirás así a mi siervo David: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo te tomé del redil, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe sobre mi pueblo, sobre Israel; y he estado contigo en todo cuanto has andado, y delante de ti he destruido a todos tus enemigos, y te he dado nombre grande, como el nombre de los grandes que hay en la tierra. Además, yo fijaré lugar a mi pueblo Israel y lo plantaré, para que habite en su lugar y nunca más sea removido, ni los inicuos le aflijan más, como al principio, desde el día en que puse jueces sobre mi pueblo Israel; y a ti te daré descanso de todos tus enemigos. Así mismo Jehová te hace saber que él te hará casa. Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo. Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres; pero mi misericordia no se apartará de él como la aparté de Saúl, al cual quité de delante de ti. Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente. Conforme a todas estas palabras, y conforme a toda esta visión, así habló Natán a David. Y entró el rey David y se puso delante de Jehová, y dijo: Señor Jehová, ¿quién soy yo, y qué es mi casa, para que tú me hayas traído hasta aquí? Y aun te ha parecido poco esto, Señor Jehová, pues también has hablado de la casa de tu siervo en lo por venir. ¿Es así como procede el hombre, Señor Jehová? ¿Y qué más puede añadir David hablando contigo? Pues tú conoces a tu siervo, Señor Jehová. Todas estas grandezas has hecho por tu palabra y conforme a tu corazón, haciéndolas saber a tu siervo. Por tanto, tú te has engrandecido, Jehová Dios; por cuanto no hay como tú, ni hay Dios fuera de ti, conforme a todo lo que hemos oído con nuestros oídos. ¿Y quién como tu pueblo, como Israel, nación singular en la tierra? Porque fue Dios para rescatarlo por pueblo suyo, y para ponerle nombre, y para hacer grandezas a su favor, y obras terribles a tu tierra, por amor de tu pueblo que rescataste para ti de Egipto, de las naciones y de sus dioses. Porque tú estableciste a tu pueblo Israel por pueblo tuyo para siempre; y tú, oh Jehová, fuiste a ellos por Dios. Ahora pues, Jehová Dios, confirma para siempre la palabra que has hablado sobre tu siervo y sobre su casa, y haz conforme a lo que has dicho. Que sea engrandecido tu nombre para siempre, y se diga: Jehová de los ejércitos es Dios sobre Israel; y que la casa de tu siervo David sea firme delante de ti. Porque tú, Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, revelaste al oído de tu siervo, diciendo: Yo te edificaré casa. Por esto tu siervo ha hallado en su corazón valor para hacer delante de ti esta súplica. Ahora pues, Jehová Dios, tú eres Dios, y tus palabras son verdad, y tú has prometido este bien a tu siervo. Ten ahora a bien bendecir la casa de tu siervo, para que permanezca perpetuamente delante de ti, porque tú, Jehová Dios, lo has dicho, y con tu bendición será bendita la casa de tu siervo para siempre.” (2º Samuel 7, RVR60)

Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.” (Mateo 1.1, RVR60)

Cuando se acercaron a Jerusalén, y vinieron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió dos discípulos, diciéndoles: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos. Y si alguien os dijere algo, decid: El Señor los necesita; y luego los enviará. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo: Decid a la hija de Sion: He aquí, tu Rey viene a ti, Manso, y sentado sobre una asna, Sobre un pollino, hijo de animal de carga. Y los discípulos fueron, e hicieron como Jesús les mandó; y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y él se sentó encima. Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino. Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas! Cuando entró él en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, diciendo: ¿Quién es éste? Y la gente decía: Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea.” (Mateo 21.1–11, RVR60)

¡Que el Señor nos ayude a aprender lo que realmente es importante en la vida de este hombre, y que así lleguemos a ser fieles siervos, conformes al corazón de Jehová nuestro Dios!

El Dios que Predicamos

(Este estudio corresponde al Segundo Encuentro en el material de evangelismo de la Congregación Bíblica Cristiana Las Caobas)

El propósito de esta lección es aprender acerca de la relación de Dios con su creación, y resaltar lo singular y único que es el Dios que predicamos. Los temas a tratar son:

  • El Dios que predicamos es Creador
  • El Dios que predicamos es Único
  • El Dios que predicamos es Santo
  • El Dios que predicamos es Amor

Dios es Creador:

En el principio creó Dios los cielos y la tierra. (Génesis 1:1 RVR60)

La Palabra de Dios inicia estableciendo como verdad indiscutible que todo cuanto vemos fue creado por Dios, no por el azar:

Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía. (Hebreos 11:3 RVR60)

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Éste era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. (S.Juan 1:1-3 RVR60)

Dios no es sólo el Creador de todas las cosas, es quien las sustenta, las mantiene. Muchos inician proyectos hermosos y útiles sólo para abandonarlos al comprobar lo difícil de mantenerlos, o el poco resultado que les traerá el invertir en ellos luego de terminados los proyectos, pero no es así con el Señor pues Él crea y mantiene su creación conforme a sus deseos y propósitos:

El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosasPorque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos. (Hechos 17:24, 25, 28 RVR60)

Siendo Creador y Sustentador, entonces también es Dueño:

De Jehová es la tierra y su plenitud; El mundo, y los que en él habitan. Porque él la fundó sobre los mares, Y la afirmó sobre los ríos. (Salmos 24:1, 2 RVR60)

Dios es Único:

Era Abram de edad de noventa y nueve años, cuando le apareció Jehová y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto… He aquí mi pacto es contigo, y serás padre de muchedumbre de gentes… Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia desp6ués de ti… Éste es mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu descendencia después de ti: Será circuncidado todo varón de entre vosotros… Dijo también Dios a Abraham: A Sarai tu mujer no la llamarás Sarai, mas Sara será su nombre. Y la bendeciré, y también te daré de ella hijo; sí, la bendeciré, y vendrá a ser madre de naciones; reyes de pueblos vendrán de ella. Entonces Abraham se postró sobre su rostro, y se rió, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer hijo? ¿Y Sara, ya de noventa años, ha de concebir? (Génesis 17:1, 4, 7, 10, 15-17 RVR60)

¿Cómo se identificó el Señor ante Abraham? (v. 1)

¿Qué le prometió Dios a Abraham? (vv. 2-8)

¿Por qué tal promesa era imposible en términos humanos? (vv. 15-17)

Pero la Palabra de Dios enseña que para el Dios que predicamos nada es difícil:

¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, y según el tiempo de la vida, Sara tendrá un hijo. (Génesis 18:14 RVR60)

Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y éste es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril; porque nada hay imposible para Dios. (S. Lucas 1:36, 37 RVR60)

Él les dijo: Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios. (S. Lucas 18:27 RVR60)

Este Dios que es Todopoderoso es también capaz de existir y llenar todo lo creado, conociendo así todas las cosas que han sido, que son, que serán, y aún las que pudieran haber sido:

Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón. (1 Samuel 16:7 RVR60)

Yo conozco que todo lo puedes, Y que no hay pensamiento que se esconda de ti. (Job 42:2 RVR60)

Grande es el Señor nuestro, y de mucho poder; Y su entendimiento es infinito. (Salmos 147:5 RVR60)

Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; Has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, Y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. Detrás y delante me rodeaste, Y sobre mí pusiste tu mano. Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; Alto es, no lo puedo comprender. ¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba Y habitare en el extremo del mar, Aun allí me guiará tu mano, Y me asirá tu diestra. Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; Aun la noche resplandecerá alrededor de mí. Aun las tinieblas no encubren de ti, Y la noche resplandece como el día; Lo mismo te son las tinieblas que la luz. Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre. (Salmos 139:1-13 RVR60)

¿Soy yo Dios de cerca solamente, dice Jehová, y no Dios desde muy lejos? ¿Se ocultará alguno, dice Jehová, en escondrijos que yo no lo vea? ¿No lleno yo, dice Jehová, el cielo y la tierra? (Jeremías 23:23, 24 RVR60)

Dios es Santo:

Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados. (Isaías 57:15 RVR60)

En nuestra sociedad acostumbramos a establecer leyes justas y tradiciones que determinan la calidad de la conducta y los valores morales que deben ser apreciados y respetados. Tales leyes y valores se aceptan y aplican por la voluntad de la mayoría, y quienes se sienten en desacuerdo con ellos apelan a diferentes instancias de autoridad: Juzgados, Supremas Cortes, Tribunales Constitucionales. Sin embargo, la Biblia dice que hay un único y supremo estándar de moralidad y justicia con el cual todos deben compararse: la Santidad de Dios.

Porque yo soy Jehová vuestro Dios; vosotros por tanto os santificaréis, y seréis santos, porque yo soy santo; así que no contaminéis vuestras personas con ningún animal que se arrastre sobre la tierra. (Levítico 11:44 RVR60)

Sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo. (1 Pedro 1:15, 16 RVR60)

Entonces Josué dijo al pueblo: No podréis servir a Jehová, porque él es Dios santo, y Dios celoso; no sufrirá vuestras rebeliones y vuestros pecados. Si dejareis a Jehová y sirviereis a dioses ajenos, él se volverá y os hará mal, y os consumirá, después que os ha hecho bien. (Josué 24:19, 20 RVR60)

Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. (Isaías 6:3 RVR60)

La Biblia ilustra la Santidad de Dios como una luz pura, que no tiene manchas ni asomo de oscuridad:

Éste es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. (1 Juan 1:5 RVR60)

Supongamos en la figura siguiente que el cuadro representa la Santidad de Dios, si marcáramos en el mismo el más pequeño punto, imperceptible a nuestro ojo, esa mancha haría que el cuadro ya no representara lo Santo que es nuestro Dios:

Y tú, ¿crees que en tu vida no hay un sólo minúsculo punto que manche tu santidad personal?

Dios es Amor:

El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. (1 Juan 4:8-10 RVR60)

El amor es una de las cosas más altamente valorada en nuestras comunidades, y esto se refleja en las canciones populares, en las festividades de San Valentín, Día de las Madres, del Padre, etc. A todos se nos enseña el amor y su valor para ser una especie de pegamento que une y mantiene unidos a los que se aman:

Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto. (Colosenses 3:14 RVR60)

Sin embargo, el amor es más que una emoción o sentimiento, el amor se muestra en acciones concretas. Dios nos ama, y su amor es tal que dio a la muerte a su Único Hijo para que mediante ese sacrificio pudiéramos recibir perdón de pecados (esas manchas en nuestra santidad personal) y así poder “vincularnos”, relacionarnos con Él.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y ésta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios. (S.Juan 3:16-21 RVR60)

Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. (Romanos 5:6-8 RVR60)

Conclusión

El Dios que predicamos es Creador de todas las cosas, y Sostiene su creación con su gran poder. Como Creador y Todopoderoso, nuestro Dios puede hacer y hace lo que quiere, nadie puede estorbarle. Siendo Santo como es, no hay pecado o mancha que habite delante de Él. Él, sin embargo, que Conoce todas las cosas, sabe de nuestras manchas y aún así nos ama y muestra su Amor dando a su Hijo para morir en la cruz y darnos oportunidad de tener relación con Él, el Dios Único.

¡No más ansiedad!

18-Junio (18.6)

Un Versículo por Fecha

“Pero en mi angustia, Señor, a ti clamé; a ti, mi Dios, pedí ayuda, y desde tu templo me escuchaste; ¡mis gemidos llegaron a tus oídos!” (Salmos 18:6 RVC)

Desde el día en que el pecado pasó a formar parte de nuestra humanidad, pocos han sido tan fiel compañía como la ansiedad. Enfrentar este mundo por nosotros mismos resulta ser extremadamente angustioso, pues muy pocas cosas están bajo nuestro control, y para nuestra sorpresa esas que parecen estarlo tampoco lo están.

Los tristes recuerdos del pasado, las indecisiones del presente y la incertidumbre sobre el futuro bien pudieran paralizarnos y ahogarnos. Pero para los hijos de Dios ya no es más así.

En tiempos de angustia, la ansiedad ya no es más nuestra primera opción (de hecho, ni aún debiera contarse como una posibilidad entre nosotros). Hoy en día contamos con el Padre Celestial, que siempre está pendiente de nosotros, que se glorifica en hacernos bien.

No más ansiedad, pues nuestro Dios nos oye y nos libra y fortalece en medio de cualquier angustia, Oremos y confiemos en Él.

#unversiculoporfecha #trustGod #confiaenDios

IG/FB: 3Chapters; TW: 3Chapters1C1558