“Habrá luz”

“… sucederá que al caer la tarde habrá luz”

Zacarías 14:7 RVR1960

Charles Addon Spurgeon es reconocido como “El Príncipe de los Predicadores”; su trabajo pastoral, sus sermones y escritos han edificado a miles desde los días de su ministerio hasta hoy, casi 130 años después de su muerte.

Entre sus numerosos escritos, “Morning by Morning” (hoy publicado bajo el título Look Unto Me”) representó uno de sus mayores retos personales. En sus propias palabras:

Si no tienes tiempo para leer tanto [este] devocional matutino como al menos un capítulo de la Escritura, te ruego sinceramente que prescindas de este libro, porque me entristecería mucho saber que alguien lea menos la Palabra de Dios por mi culpa… De hecho, estaría decepcionado si, después de todo, frustro mi propio propósito al desviarte un momento de tiempo para leer mis comentarios que en lugar de haberse dado a la búsqueda de la Palabra de Dios.

Charles Spurgeon, en “Morning by Morning” (1865, traducción personal)


De sus devociones diarias les comparto la que corresponde al día de hoy, Octubre 4.

«OCTUBRE 4

Para muchos santos, la vejez es la época más preciosa

“Al tiempo de la tarde habrá luz” (Zacarías 14:7)

FRECUENTEMENTE miramos adelante presintiendo el tiempo de la vejez, olvidando que a la tarde habrá luz. Para muchos santos, la vejez es la época más preciosa de sus vidas. Un aire más balsámico acaricia la mejilla del marinero, mientras se acerca a las playas de la inmortalidad; menos olas agitan su mar; la quietud reina profunda, suave y solemnemente. Las llamaradas del fuego de la juventud desaparecen del altar de la vejez, pero permanece la llama más real del sentimiento fervoroso. Los peregrinos han llegado a la tierra de Beulah [Isaías 62:4], aquel feliz país, cuyos días son como los días del cielo sobre la tierra. Los ángeles la visitan, las brisas celestiales pasan por ella, en ella crecen las flores del paraíso y el aire está impregnado con música seráfica. Algunos quedan aquí por muchos años, otros quedan sólo horas, pero este es un Edén terrenal. Bien podemos ansiar el tiempo cuando descansaremos en sus umbrosas arboledas y nos satisfaremos con esperanza, hasta que venga el tiempo del refrigerio. El sol parece más grande cuando se pone que cuando está en el cenit, y un esplendor de gloria tiñe todas las nubes que circundan al sol en su ocaso. El dolor no rompe la calma del suave crepúsculo de la vejez, pues la potencia, que se ha hecho perfecta en la flaqueza, soporta el dolor con paciencia. Los frutos maduros de escogida experiencia se cosechan en la tarde de la vida como preciosa comida, y el alma se prepara para el descanso. El pueblo del Señor gozará de luz también en la hora de la muerte. La incredulidad llora diciendo: Las sombras caen, la noche viene, la existencia termina. ¡Ah, no!, grita la fe: La noche ha pasado y ha llegado el día. La luz viene, la luz de la inmortalidad, la luz del rostro del Padre. ¡Adiós!, amado; te vas; haces señas con tu mano. ¡Ah! Ahora estás en la luz. Las puertas de perla se han abierto, brillan las calles de oro. Adiós, hermano, tú tienes luz en la tarde que nosotros aún no tenemos.»

¡Dios nos bendice!

Día de la Biblia

27 de Septiembre, Día de la Biblia en República Dominicana

Con motivo del día de la Biblia (que se celebra hoy 27 de Septiembre en la República Dominicana) les comparto esta excelente descripción que por muchos años el ministerio Gedeones ha compartido en las Biblias que obsequian:

“La Biblia contiene la mente de Dios, el estado del hombre, el camino de la salvación, el destino de los pecadores y la felicidad de los creyentes.
Sus doctrinas son santas, sus preceptos son vinculantes, sus historias son verdaderas y sus decisiones son inmutables.
Léala para ser sabio, créela para estar seguro y practíquela para ser santo. Contiene luz para dirigirte, alimento para nutrirte y consuelo para animarte.
Es el mapa del viajero, el soporte del peregrino, la brújula del piloto, la espada del soldado y la carta del cristiano.
Aquí también, se abre el Cielo y se revelan las puertas del Infierno. Cristo es su gran tema, nuestro bien es su diseño y la gloria de Dios es su fin.
Debe llenar la memoria, gobernar el corazón y guiar los pies.
Léela lentamente, con frecuencia y en oración.
Es una mina de riqueza, un paraíso de gloria y un río de placer.
Se te da en la vida, se abrirá en el juicio y se recordará para siempre.
Involucra la más alta responsabilidad, recompensa el mayor trabajo y condenará a todos los que juegan con sus sagrados contenidos.”

¡Dios te bendice!

“Mis pies sobre Peña”

Estudios en el Salmo 40

“Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.”

(Salmo 40.1 RVR1960)

Este salmo es parte de otros cuyo contenido al ser interpretado y/o aplicado en el Nuevo Testamento a Cristo Jesús se reconocen como Mesiánicos. El apóstol Pablo al citar de este Salmo interpreta las promesas mencionadas en los versos 6 al 8 como siendo cumplidas por Cristo Jesús durante su ministerio terrenal:

Por lo cual, entrando en el mundo dice:

“Sacrificio y ofrenda no quisiste;

Mas me preparaste cuerpo.

Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron.

Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad,

Como en el rollo del libro está escrito de mí.

Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.” (Hebreos 10.5-10)

Como se puede ver entonces, al interpretar este Salmo no debiéramos sustraernos del contexto de la eficacia del Sacrificio Redentor de Cristo a favor nuestro, pero manteniendo la idea de lo que significó primeramente para David (su escritor humano) y para los que primero recibieron este salmo.

Dos grandes divisiones se observan en su estructura: la primera (desde los versos 1 hasta el 10) narran una hermosa adoración y acción de gracias de David por las cosas que por él ha hecho ya su Dios. La segunda contiene un clamor de liberación, del cual una parte es de nuevo recogida en el Salmo 70.

En el verso uno, David nos recuerda que el gran beneficio de haber esperado en Dios es la confianza de que Él escucha. Sin embargo, David nos muestra cuál es la espera que resulta en bendición: la espera paciente . El Salmo es enfático en la actitud de espera de David (y por tanto nuestra) y una traducción más literal sería “Esperando esperé a Jehová”.

Muchas veces nuestra espera es una manera de rebeldía. Nos encontramos detenidos de accionar por que estamos carentes de recursos para solucionar aquellas cosas que nos agobian, y al clamar a Dios no estamos pidiendo otra cosa más que los medios que nos devuelvan el control: dinero para volver a gastar en lo que queremos, salud para emprender lo que deseamos, paz en tiempos de conflictos para obtener nuestro propio descanso, etcétera. Es evidente que la actitud detrás de estas súplicas no es la de esperar pacientemente en Dios y su voluntad, pero más bien la de resignarnos hasta que recuperemos el control de nuestras vidas.

Cualquier resultado de esta “espera impaciente” no resulta en la gloria de Dios ni en nuestro beneficio eterno, y en breve nos encontraremos de nuevo faltos de algo más.

Nuestro Señor Jesucristo es el mejor ejemplo de “esperar pacientemente” en Jehová; la noche en que fue entregado, habiéndose retirado con sus discípulos al Monte Getsemaní a orar, clamaba con tal pasión que su sudor se asemejaba a “grandes gotas de sangre que caían sobre la tierra” (Lucas 22.44). En ese momento el Señor pedía: “Padre, si es posible, pasa de mi esta copa; pero que no sea como yo quiero, sino como Tú” (Mateo 26.39) y luego: ” Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad” (v. 42). La oración del Señor no era la impaciente petición de alguien que espera su propio beneficio, de alguien que quiere recuperar el control de su vida y decisiones. ¡Todos los recursos de la deidad estaban a Su disposición!. Sin embargo, invocaba por el favor de su Padre, esperando con paciencia para que la voluntad del Padre, y no la suya, fuese hecha.

La actitud en espera del Señor que consigue su atención es aquella que parte de la obediencia a Él y a su soberana voluntad: la “paciencia” en esta espera no ocurre al principio, de manera espontánea y natural entre los hombres. Es más bien una disciplina que necesitamos cultivar siempre: obedezco, espero, sigo obedeciendo, sigo esperando, entonces soy paciente.

Que logremos “esperando esperar” por la buena voluntad del Padre en nuestras vidas.

Dios nos bendice

Amigos

No es tan extraño: al pasar el tiempo observas que no elegiste a tus amigos, porque de haberlos elegido ellos estarían contigo. Elegiste socios, compañeros, pero nada más.

La amistad, tan valiosa y necesaria como es, es comprendida y apreciada más en el sufrimiento que en la alegría. Estar rodeado de multitudes que ríen contigo no es equivalente a tener muchos amigos, pues la amistad para ser genuina y efectiva requiere de más que la compañía, las emociones o tu elección y decisión: requiere ser correspondida igual.

Entonces los amigos no son elegidos, más bien son regalados por Dios. En lugar de llenar el corazón de amargura a causa de los “amigos” que elegiste y se fueron, gózate y regocíjate en aquellos que el Señor te regaló. Ama y sirve a todos, no des tu corazón al rencor, pero agradece y aprende, pues nunca conseguirás que todos estén, sólo necesitas de aquel que es “más unido que un hermano”.

Dios nos bendice.

La Iglesia y su impacto en las luchas sociales

En Septiembre del 2018, mientras era parte de un grupo de hermanos y hermanas que participabamos del curso Kairos en la Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, muchas de las inquietudes acerca del impacto de la iglesia local en las luchas sociales fueron respondidas al presenciar una grabación de la más impactante conferencia que haya escuchado.

Nuestro país (República Dominicana) ha visto durante meses (quizás incluso años) como se multiplican protestas diversas por males continuos, recurrentes: las pretensiones de la ideología de género, el aborto, la pobre educación, el descalabro del sistema de salud, y más recientemente los reclamos por justicia ante actos aberrantes de corrupción e impunidad, junto al continuismo gubernamental, han movido a muchos hermanos y hermanas a enarbolar banderas de tipo político-partidista con el objetivo de expresar descontentos y desacuerdos, e incluso con la idea de que haciendo tales cosas bien pudiera la sociedad dominicana empezar el cambio para bien que tanto anhelamos y necesitamos.

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Imaágenes que muestran al Movimiento Marcha Verde en una de las tantas protestas que han realizado durante los últimos dos años en República Dominicana

La conferencia en cuestión no hizo mención a marchas, protestas o luchas por espacio y poder político. En la grabación, tomada durante el Congreso Nacional de Oración de 1976 en Dallas, Texas, un vigoroso y audaz hombre de 64 años, con pasión y energía iniciaba una conferencia para la historia. James Edwin Orr, que era el conferencista, Doctor en Teología, irlandés de origen norteamericano, y quien en su juventud se ocupara tan sólo de hornear pasteles, fue usado por Dios para mover los corazones de los presentes a una propuesta más excelente en cuanto a las luchas sociales y la participación del creyente en las mismas.

Adjunto les comparto una traducción al español de dicha conferencia, hecha a partir de diversas fuentes; confío será de gran bendición y cambio para todos ustedes.

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Dr. James Edwin Orr
(1912-1976)

Oración y avivamiento – J. Edwin Orr

El Dr. A. T. Pierson dijo una vez: “Nunca ha habido un despertar espiritual en ningún país o localidad que no haya comenzado en oración unida”. Permítanme contar lo que Dios ha hecho a través de la oración concertada, unida y sostenida. No mucha gente se da cuenta de que a raíz de la Revolución Americana, hubo una depresión moral. Por primera vez en un asentamiento estadounidense, las mujeres tenían miedo de salir por la noche por temor a asaltos. Los robos a bancos eran algo cotidiano. Los metodistas estaban perdiendo más miembros de los que ganaban. Los bautistas dijeron que tuvieron su temporada más invernal. Los presbiterianos se reunieron en Asamblea General para deplorar la impiedad del país. Los congregacionalistas eran más fuertes en Nueva Inglaterra. El reverendo Samuel Shepherd, pastor de una iglesia típica en Lennox, Massachusetts, dijo que en dieciséis años no había llevado a un joven al arrepentimiento. Los luteranos eran tan lánguidos que discutieron unirse con los episcopales, que estaban aún peor. El obispo episcopal protestante de Nueva York, Samuel Provost, renunció a sus funciones. No había confirmado a nadie durante tanto tiempo, que entendió que no tenía trabajo, por lo que tomó otro empleo. El presidente del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, John Marshall, escribió al obispo Madison de Virginia y dijo: “La iglesia está demasiado lejos para ser redimida”.

Voltaire dijo: “El cristianismo será olvidado en 30 años”. Y Tom Paine predicó esto alegremente en todo Estados Unidos. En caso de que creas que fue la histeria del momento, Kenneth Latourette, el gran historiador de la iglesia dijo: “Parecía que el cristianismo estaba a punto de ser sacado de los asuntos de los hombres”. Las iglesias estaban de espaldas hacia la pared, parecía como si estuvieran a punto de ser eliminadas. Las universidades en ese momento también estaban en malas condiciones espirituales. Una encuesta en Harvard indicó que no había un solo creyente en todo el cuerpo estudiantil. Se realizó una encuesta similar en Princeton, un lugar mucho más evangélico, y reveló solo dos creyentes en el cuerpo estudiantil y solo cinco que no pertenecían al movimiento de discursos sucios de aquellos días. Los disturbios estudiantiles eran comunes; tuvieron una reunión para burlarse de la Comunión en el Williams ‘College; tenían obras anticristianas en Dartmouth; incendiaron Nassau Hall en Princeton; forzaron la renuncia del presidente de Harvard; sacaron una Biblia de una iglesia presbiteriana en Nueva Jersey y la quemaron en una hoguera pública. Los cristianos eran tan pocos en el campus, que se reunían en secreto como una célula comunista, y guardaban sus minutas en código para que nadie supiera lo que estaban haciendo y evitar así persecusiones.

¿Cómo cambió Dios esa situación? Llegó a través de una velada de oración. Debo retroceder un poco: había un ministro presbiteriano escocés en Edimburgo llamado John Erskine. Escribió un memorial suplicando a la gente de Escocia y de otros lugares unirse en oración por un renacimiento de la religión. Envió una copia de su pequeño libro a Jonathan Edwards en Nueva Inglaterra. El gran teólogo fue tan conmovido que escribió una respuesta, que finalmente publicó como libro. Si mi memoria no me falla, el título del libro fue el siguiente: “Un intento humilde de promover un acuerdo explícito y una unión visible de todo el pueblo de Dios en oración extraordinaria por el renacimiento de la religión y el avance del reino de Cristo”. Eso es lo que tanto falta de todos nuestros grandes esfuerzos evangelísticos. Debemos tener el acuerdo explícito y la unión visible del pueblo de Dios en oración extraordinaria.

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“Un humilde intento…”, de Jonathan Edwards

Este movimiento había comenzado en Gran Bretaña a través de William Carey, Andrew Fuller y John Sutcliffe y otros líderes que comenzaron lo que los británicos llamaron la Unión [Sindicato] de Oración. Por lo tanto, el año después de la muerte de John Wesley (1791), comenzó el segundo gran despertar y barrió Gran Bretaña. En Nueva Inglaterra, había un pastor bautista llamado Isaac Backus que era un hombre de oración. En 1794, cuando las condiciones eran peores, envió una súplica a los ministros de todas las denominaciones cristianas en los Estados Unidos.

Todas las iglesias adoptaron el plan hasta que Estados Unidos, como Gran Bretaña, se entrelazó con una red de reuniones de oración, que reservaban el primer lunes de cada mes para orar. No pasó mucho tiempo antes de que llegara el avivamiento. Primero estalló en Connecticut, luego se extendió a Massachusetts, sin extravagancias ni protestas. Cada informe menciona esto. Sin embargo, hubo algunas diferencias cuando el movimiento llegó a la frontera en Kentucky. Esas personas eran salvajes e irreligiosas. El Congreso descubrió que en Kentucky no había habido más que una reunión del tribunal de justicia en cinco años. Peter Cartwright, un evangelista metodista, dijo que cuando su padre se instaló en el condado de Logan, se lo conocía como “Puerto Picarón”. La gente decente en Kentucky formó regimientos de vigilantes para luchar por la ley y el orden, luego pelearon una batalla campal con forajidos y perdieron. Había un ministro presbiteriano escocés-irlandés llamado James McGready, cuyo principal reclamo de fama era que era tan feo que atraía la atención. McGready era tan feo que la gente se detenía en la calle y preguntaba: “¿Qué es lo que hace?”. Decían: “Es un predicador”. Luego reaccionaban y decían: “Un hombre con una cara como esa debe tener algo que decir”. McGready se estableció en el condado de Logan para pastorear tres pequeñas iglesias. Dijo en su diario que el invierno de 1799, en su mayor parte, estaba llorando y llorando con el pueblo de Dios. Era como Sodoma y Gomorra.

Pero McGready era un hombre de oración, no solo tuvo la Velada de Oración el primer lunes del mes, sino que hizo que su gente orara por él al atardecer del sábado por la noche y al amanecer del domingo por la mañana.

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James McGready

En el verano de 1800 llegó el gran avivamiento de Kentucky. Once mil personas vinieron a un servicio de comunión. McGready gritó pidiendo ayuda, independientemente de su denominación. Entonces comenzó la gran campaña de avivamiento, y barrió Kentucky y Tennessee, y luego estalló sobre Carolina del Norte y Carolina del Sur y barrió la frontera.

De ese segundo gran despertar surgió todo el movimiento misionero, la abolición de la esclavitud y la educación popular, la Escuela Dominical, y muchos otros beneficios sociales acompañaron este empuje evangelístico. Más de 600 colegios en el medio oeste fueron fundados por los reavivados.

Después del segundo gran despertar, que comenzó en 1792 justo después de la muerte de John Wesley y continuó hasta el cambio de siglo, las condiciones se deterioraron nuevamente. Esto se ilustra desde los Estados Unidos. El país estaba seriamente dividido sobre el tema de la esclavitud, y en segundo lugar, la gente ganaba mucho dinero. Ahora, las condiciones se deterioraron a mediados del siglo XIX. ¿Por qué? La gente estaba ganando mucho dinero, y al hacerlo, le dieron la espalda a Dios. Pero un hombre de oración, Jeremiah Lanphier, comenzó una reunión de oración en la sala superior del edificio consistorio de la Iglesia Reformada Holandesa en Manhattan. Anunció en la prensa una reunión de oración. Solo se presentaron seis personas de una población de un millón. Pero la semana siguiente, hubo 14 y luego 23; decidieron reunirse todos los días para orar, luego llenaron la Iglesia Reformada Holandesa, la Iglesia Metodista en John Street, y luego se llenaron todos los edificios públicos en el centro de Nueva York.

Horace Greeley, el famoso editor, envió a un periodista con un carro tirado por caballo a las reuniones de oración para ver cuántos hombres oraban. En una hora, solo pudo llegar a 12 reuniones, pero contó a 6,100 hombres y luego comenzó la avalancha de oración.

La gente comenzó a convertirse (10.000 por semana) en la ciudad de Nueva York. El movimiento se extendió por toda Nueva Inglaterra. Las campanas de las iglesias llamaban a la gente a orar a las ocho de la mañana, a las doce del mediodía y a las seis de la tarde. El avivamiento subió por el Hudson y bajó por el Mohawk. Por ejemplo, los bautistas tenían tanta gente para bautizar que no podían llevarlos a sus iglesias. Bajaron al río, cortaron un gran cuadro en el hielo, y los bautizaron en agua fría … y cuando los bautistas hacen eso, ¡realmente están ardiendo!

Cuando el avivamiento llegó a Chicago, un joven vendedor de zapatos fue al superintendente de la Iglesia Congregacional de Plymouth y le preguntó si podía enseñar la Escuela Dominical. El superintendente dijo: “Lo siento, jovencito. Tengo dieciséis profesores y son demasiados, pero te pondré en la lista de espera.”

El joven insistió: “Quiero hacer algo justo ahora”. “Bueno, comienza una clase”. “¿Cómo comienzo una clase?”. “Saca a algunos chicos de la calle, pero no los traigas aquí. Llévalos al campo y después de un mes tendrás el control de ellos, así que tráelos. Serán tu clase.” Los llevó a una playa en el lago Michigan y les enseñó versículos bíblicos y juegos bíblicos. Luego los llevó a la Iglesia Congregacional de Plymouth. El nombre de ese joven era Dwight Lyman Moody, y ese fue el comienzo de un ministerio que duró cuarenta años.

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Dwight L. Moody y algunos de sus jóvenes estudiantes

La Iglesia Episcopal Trinity en Chicago tenía 121 miembros en 1857 y para 1860 llegaban a 1,400. Esto era típico de todas las iglesias. En un año, más de un millón de personas se convirtieron. Y ese avivamiento cruzó Escocia, Gales e Inglaterra, Sudáfrica, el sur de la India, en cualquier lugar donde hubiera una causa evangélica, hubo avivamiento, y su efecto en un movimiento de oración … fue sostenido por un movimiento de oración.

Ese movimiento duró una generación, pero a principios del siglo XX, era necesario despertar nuevamente. Hubo reuniones especiales de oración en el Instituto Bíblico Moody, en la Convención de Keswick en Nueva Inglaterra, en Melbourne, en las Colinas Mildrey de India, en Won San en Corea … en todo el mundo la gente oraba para que pudiera haber otro gran despertar en el siglo 20. Dios sí respondió estas oraciones.

Déjame darte dos ejemplos: Primero, tomemos el mundo de los estudiantes. Uno de los líderes del renacimiento de 1905 fue un joven llamado K.S. Latourette, quien se convirtió en el famoso profesor, Kenneth Scott Latourette. Cuando estaba en Yale en 1905, ¡el 35% del alumnado estaba inscrito en reuniones de oración y estudios bíblicos!

En lo que respecta a las iglesias, informaron los ministros de Atlantic City, de una población de 50,000 habitantes en Atlantic City, solo quedaban 50 adultos sin convertir. Tomemos Portland, Oregon. Doscientos cuarenta grandes almacenes cerraban de 11 a 2 cada día para orar y firmaron un acuerdo entre ellos para que nadie engañara y permaneciera abierto. Tomemos la Primera Iglesia Bautista de Paducah en Kentucky: el pastor, un anciano, el Dr. J. J. Cheek, tomó mil nuevos miembros en dos meses y murió de exceso de trabajo, los bautistas del sur dijeron: “un final glorioso para un ministerio devoto”. Eso fue lo que sucedió en los Estados Unidos en 1905.

¿Pero cómo empezó? Bueno, la mayoría de la gente ha oído hablar del avivamiento galés, que comenzó en 1904. Comenzó como un movimiento de oración. Seth Joshua, el evangelista presbiteriano, vino al Newcastle Emlyn College donde un ex minero de carbón, Evan Roberts, de 26 años, estaba estudiando para el ministerio. Los estudiantes estaban tan conmovidos que preguntaron si podían asistir a la próxima campaña de Joshua cerca. Entonces cancelaron las clases para ir a Blaenanerch, donde Seth Joshua oró públicamente: “Oh Dios, dóblanos”. Roberts pasó al frente donde oró con gran agonía: “Oh Dios, dóblame”. A su regreso no pudo concentrarse en sus estudios. Fue al director de su universidad y explicó: “Sigo escuchando una voz que me dice que debo ir a casa y hablar con nuestros jóvenes en mi iglesia local. Director Phillips, ¿es esa la voz del diablo o la voz del Espíritu?” El director Phillips respondió sabiamente: “El diablo nunca da órdenes como esa. Puedes tener una semana libre.” Regresó a su casa en Loughor y anunció al pastor: “He venido a predicar”. El pastor no estaba del todo convencido, pero dijo: “¿Qué tal hablar en la reunión de oración?”. Le dijo a la gente: ” Nuestro hermano menor, Evan Roberts, siente que tiene un mensaje para ustedes si quieren esperar.” Diecisiete personas esperaron.

Evan Roberts les dijo: “Tengo un mensaje para ustedes de parte de Dios. Deben confesar cualquier pecado conocido a Dios y corregir cualquier mal hecho al hombre. En segundo lugar, deben eliminar cualquier hábito dudoso de su vida. Tercero, deben obedecer las indicaciones del Espíritu. Finalmente, deben confesar públicamente su fe en Cristo “. Y a las 10 en punto, los 17 habían respondido. El pastor estaba tan complacido que dijo: “¿Qué tal si hablas a nosotros en el servicio misionero mañana por la noche?  ¿El servicio a mitad de semana, miércoles por la noche?” Predicó toda la semana. Le pidieron que se quedara por otra semana, y luego llegó la ruptura.

Usted dice: “¿Qué quieres decir con la ruptura?” He leído los periódicos galeses de la época. En ellos había pequeños fragmentos de noticias eclesiásticas: “Rev. Peter Jones acaba de ser nombrado capellán del obispo en San David “. Muy interesante, pero no estremecedor. Y luego decía: “La Iglesia Metodista de la calle Mulberry tuvo una venta de artículos muy interesante”. Luego, de repente, un titular, “Grandes multitudes de personas atraídas a Lougher”.

La carretera principal entre Llanelly y Swansea, en la que estaba situada la iglesia, parecía estar llena de muros, todas las personas que intentaban ingresar a la iglesia, y la gente cerraba tiendas y tiendas temprano para obtener un lugar en la iglesia. Un periodista fue enviado y describió lo que vio. “Fue algo extraño. Concluyó a las 4:25 de la mañana y luego la gente no parecía estar dispuesta a irse a casa. La gente todavía estaba parada afuera de la iglesia hablando de lo que sucedió “. Y luego, un resumen británico:” Sentí que esto no era una reunión ordinaria “.

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Evan Roberts

La noticia estaba afuera. El domingo, cada iglesia estaba llena. El avivamiento se extendió como un maremoto sobre Gales. Hubo 100,000 personas convertidas en un período de cinco meses. Cinco años después, un hombre llamado J. V. Morgan escribió un libro para desacreditar el avivamiento. Su principal crítica fue que de los 100,000 que se unieron a esas iglesias en los cinco meses de emoción del avivamiento, después de cinco años, solo 80,000 aún estaban en pie. ¡Solo 80,000!

Pero el impacto social fue asombroso. Por ejemplo, a los jueces se les presentaron guantes blancos: no tenían casos para juzgar. Sin violaciones, sin robos, sin asesinatos, sin asaltos, sin malversaciones, nada. Los concilios de distrito celebraron reuniones de emergencia para discutir qué hacer con la policía, ahora que estaban desempleados. En un lugar, enviaron al sargento de policía y le preguntaron: “¿Qué haces con tu tiempo?” Él respondió: “Antes del avivamiento, teníamos dos trabajos principales, para prevenir el crimen y controlar las multitudes, como en los juegos de fútbol. Desde que comenzó el avivamiento prácticamente no hay crimen. Así que solo vamos con las multitudes.” Un concejal preguntó: “¿Qué significa eso?” El sargento respondió: “Sabes dónde están las multitudes. Están como manadas en las iglesias”. “Pero, ¿cómo afecta eso a la policía?” Le dijeron: “Tenemos diecisiete policías en nuestra estación, pero tenemos tres cuartetos, y si alguna iglesia quiere un cuarteto para cantar, simplemente llaman a la estación de policía”. La embriaguez se redujo a la mitad. La tasa de natalidad ilegítima cayó un 44% en dos países a partir de un año desde el comienzo del avivamiento, tan grande fue el impacto de ese movimiento.

Todos estos eventos comenzaron con reuniones de oración y pronto llegó el gran momento de la cosecha. Entonces, ¿cuál es la lección que podemos aprender? Es muy simple … ¡Ora! ” Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”.

Dios espera que oremos. Pero no debemos olvidar la declaración de Jonathan Edwards de la importancia de la “unión visible del pueblo de Dios en la oración extraordinaria”. Cuando encuentras personas que se levantan a las seis de la mañana para orar, o que tienen una oración de media noche hasta medianoche, esa es una oración extraordinaria. Cuando abandonan la hora del almuerzo y van a orar a una reunión de oración del mediodía, esa es una oración extraordinaria.

Que Dios nos ayude a orar. Amén.

¡No finjas amor!

En días como este es fácil sustituir el amor con envolturas de papel regalo, disimularlo con flores y confundirlo con chocolates y golosinas. Muchos cristianos han cuestionado la validez de esta celebración (“San Valentín”), y para esta fecha se repite la pregunta en foros, blogs e iglesias cristianas de si un cristiano puede celebrar esta festividad, perdiendo de vista que celebrar el amor no tiene mal alguno; no sólo es que nuestro Señor resumió toda su ley en amarle Él por encima de todo y con todo lo que somos, y a nuestro prójmo como a nosotros mismos (Mateo 22:36-40), pero igualmente nos dejó como mandamiento el que nos amemos unos a otros (Juan 13:34); los apóstoles fueron por él inspirados a escribir:

“El amor no hace mal al prójimo” (Romanos 13:10 RVR1960)

“Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados” (1 Pedro 3:8 RVR 1960)

No, el problema no es la celebración o el día. El problema es que es teatro.

La Escritura describe al amor (pues es imposible definirlo) por medio de sus cualidades y acciones (1 Corintios 13:4-8), confirmando entonces que el amor más que sentirlo y decirlo, debe practicarse, y cualquiera que dice amar tiene en este pasaje el referente para observarse a sí mismo y sus acciones y entonces comprender qué tanto le falta para amar como Dios ama y espera que nosotros también amemos.

En días como estos nos confundimos al recibir e intercambiar presentes, pues los presentes no pueden compararse con las acciones que quien ama está supuesto a evidenciar en su propia vida y relaciones con aquellos a quienes ama.

Es por esto que el apóstol Pablo es movido por el Espíritu Santo a decir que no finajamos amar, pues sólo se puede amar amando.

«El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros.»


Romanos‬ ‭12:9-10‬ ‭RVR1960‬‬

Pablo nos enseña que fingir el amor es malo, y no por los resultados pues la palabra para “malo” en el idioma original habla de algo que es esencialmente malo, naturalmente malo, es malo en la fuente misma, aún si los resultados parecen ser buenos. Es similar a la carnada que coloca el pescador novato para atrapar al pez: un llamativo y apetitoso gusano enclavado en el anzuelo, que atrae a su presa a la muerte, justo así es el amor fingido, parece ser deleitoso pero al final resulta en destrucción y muerte.

El antítodoto para curar el amor fingido no es el separarse, el evitar el contacto con los hipócritas, es más bien amar a todos como si fueran nuestra familia (“amor fraternal” significa simplemente “amor de hermanos”), y en lugar de perseguir nuestro beneficio, procurar beneficiarles (“honra” aquí significa “valoración”) al darles a ellos el lugar que quisiéramos para nosotros mismos.

Si en lugar de sólo dar regalos nos dedicáramos a amar así, la sociedad sería diferente.

Que nuestro buen Dios nos enseñe a Amar como Él ama (2 Tesalonicenses 3.5).

“He aquí la sierva del Señor”


Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María. Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres. Mas ella, cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta. Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios. Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril; porque nada hay imposible para Dios. Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia.” (Lucas 1.26–38, RVR60) 

La disputa sobre el papel de María, la madre de nuestro Señor, en la historia y vida de la fe cristiana, no ha sido poca. El Catolicismo Romano (junto con el Cristianismo Ortodoxo de Oriente) ha elevado la figura de María a nivel de semidiosa. Es de todos conocido que estos igualan la tradición de la iglesia a la Revelación Divina contenida en las Sagradas Escrituras, y es a esta tradición (junto a un conjunto de especulaciones de hombres llevadas a extremos impensables para los creyentes del primer siglo) que debemos todo lo que de María se enseña dentro del catolicismo.  

En años recientes, el marianismo ha experimentado un nuevo auge, ya no por las múltiples apariciones de María (como las narradas por los niños pastores Lucía, Jacinta y Francisco, en la Cova da Iria, en Fátima – Portugal) que han sido creídas y documentadas por los católicos, pero ahora creyentes evangélicos han cedido y procurado que otros evangélicos vean a María con ojos católicos; el 21 de Marzo del 2005 la revista TIME en su portada reseñaba el artículo “Should Mary be venerated by Protestants?” (“Debería María ser venerada por los Protestantes?”), de David Van Biema. “La historia de la portada de TIME es parte de un fenómeno más grande, con muchos protestantes de la línea principal (no tradicionales) que recurren a una reconsideración de María e incorporan la veneración de María en las devociones personales y la adoración corporativa. Algunos van tan lejos como para reconocer a María como intercesora, dirigiendo oraciones a ella y a otros santos” ( Traducido del artículo “Mary for Protestants? A New Look at an Old Question”, del Rev. Albert Mohler Jr. ).

Beverly Roberts Gaventa, profesora de Literatura y Exegesis del Nuevo Testamento en el Seminario Teológico Princeton, ha escrito algunos libros sobre María (“Mary: Glimpses of the Mother of Jesus”, “Blessed One: Protestant  Perspectives on Mary”), proponiendo la necesidad de que los protestantes revisemos nuestras enseñanzas con relación a María y la consideremos “Madre de todos los creyentes”. De acuerdo con ella: 

“No hay una figura comparable a ella… [los evangelios resaltan] el consentimiento de María a la intervención de Dios en su vida, su exaltación por la redención de Dios, su reflexión sobre el significado de Jesús y, ciertamente, su presencia perseverante con otros creyentes. Al identificar a María como nuestra Madre, no elevamos tanto a María como reconocemos en su historia la afirmación fundamental de Lucas de que nada será imposible para Dios, ni siquiera nuestro consentimiento a la voluntad de Dios”.

Es necesario que recuperemos una perspectiva bíblica de María, la sierva del Señor, pero primero debemos identificar las creencias comunes (y erradas) sobre ella. 

María de acuerdo al Catecismo Católico Romano: 

Los elementos marianos introducidos por los católicos a la fe cristiana y que son disputados por los evangélicos pudieran resumirse en cuatro, tal como lo plantea el sitio web Desiring God, en este artículo de Thomas Schreiner (los números entre paréntesis representan el artículo del Catecismo Católico Romano al que se hace referencia): 

  • Su virginidad perpetua 

Afirma que María fue una virgen perpetua (499, 510). Según el catolicismo, María era una virgen al concebir a Jesús, siguió siendo virgen al dar a luz y mantuvo su virginidad toda su vida. Los hermanos y hermanas de Jesús no son los hijos de María y José, sino que son los primos de Jesús: los hijos de José de un matrimonio anterior, o cercanos relacionados con Jesús. 

En el siglo II, el Protoevangelio de Santiago enseñó la virginidad de María antes e incluso después del nacimiento, aunque no afirma que ella haya mantenido su virginidad después. Ireneo en el segundo siglo enseñó la perpetua virginidad de María, pero no se sostuvo universalmente, ya que fue discutido por Tertuliano en el mismo siglo y Helvidio en el cuarto siglo también cuestionó su validez. 

Aún así, la doctrina fue ganando terreno, y fue apoyada por Agustín y Gregorio de Nyssa, y afirmada en el sexto concilio ecuménico en 680 dC. En realidad, muchos reformadores apoyaron la perpetua virginidad de María, incluyendo a Lutero, Zwinglio, Bullinger, Latimer y Cranmer.

Este es un argumento innecesario y carente de evidencia bíblica. José se abstuvo de sostener relaciones sexuales con su esposa “hasta” que dio a luz (Mateo 1.25; cf. Mateo 2.13,15). El Nuevo Testamento, en más de una ocasión menciona a María junto con sus otros hijos e hijas, hermanos del Señor (Mateo 12.46-50 & 13.55, Marcos 3.31-35 & 6.3, Lucas 8.19-21, Juan 7.1-9 y Hechos 1.14).

Nota: Luego de publicar este post llamó mi atención el pasaje de Mateo 1.25, donde dice que José “no la conoció [a María] hasta que dio a luz a su hijo primogénito”; aquí el pronombre personal “su” es el griego αὐτῆς , que es genitivo singular femenino (en contraste con αὐτοῦ , que es genitivo singular masculino), por lo que el pasaje comunica que Jesús era el primogénito de María, lo que sin duda es una evidencia más a favor de lo que claramente afirma la Palabra del Señor de que María tuvo otros hijos, por lo que no murió virgen.

  • Su ascensión a los cielos 

Los católicos romanos confiesan y declaran que María fue asumida (o llevada) al cielo (966), aunque no fue declarada dogmáticamente como una doctrina hasta 1950 por Pío XII. Podríamos pensar que la ascensión de María en “cuerpo y alma” significa que ella no murió, pero la doctrina no determina definitivamente si ella murió antes de su ascensión. 

Las referencias más tempranas a la ascensión de María fueron en el siglo III o IV, pero la enseñanza se hizo bastante popular en los siglos posteriores. Esta creencia es fantasiosa, carente por completo de la más mínima base bíblica ni teológica. 

  • Su inmaculada concepción 

Los católicos confiesan la doctrina de la concepción inmaculada, que debe distinguirse del nacimiento virginal de Jesús o de la concepción virginal. Por una concepción inmaculada, la Iglesia Católica enseña que María fue preservada del pecado original por los méritos de Cristo. 

La inmaculada concepción no fue declarada formalmente como doctrina de la iglesia hasta 1854 por el Papa Pío IX (491, 966). La doctrina se desarrolló lentamente en la historia de la iglesia, e incluso Tomás de Aquino se opuso. Aún así, en el siglo XIX había crecido en popularidad. Técnicamente hablando, la inmaculada concepción de María debe separarse de la noción de que estuvo sin pecado durante toda su vida, pero la impecabilidad de María también es afirmada por la Iglesia Católica, y por lo tanto también se afirma su ausencia de pecado personal (493, 508). 

La razón que muchos aducen para sostener esta postura es el hecho de preservar a Jesús como perfecto y sin pecado, pues su madre también lo fue y así el pecado era imposible que pasara a formar parte de la naturaleza de nuestro Señor. Sin embargo, me pregunto: el mismo Dios que milagrosamente colocó a su Unigénito Hijo en el vientre de una virgen, ¿no podría preservarlo allí de la influencia del pecado? El razonamiento sobre esto es circular, pues si María debía ser sin pecado para que su Jesús también lo fuera, entonces la madre de María debió ser igualmente inmaculada,  y lo mismo su abuela, ¡y así hacia atrás hasta llegar a Eva! María en sus declaraciones se reconoce a sí misma como pecadora (Lucas 1.46-48) y de acuerdo con el texto griego ella junto a los hermanos del Señor en algún momento le consideraron estar “fuera de sí” (vs. Marcos 3.21, 31-35). 

Si María hubiera sido sin pecado entonces ella misma habría podido ser la redentora de la humanidad, y el Padre no habría necesitado sacrificar a su Hijo (Romanos 3.10-26) 

  • Su reconocimiento como “Reina de los cielos” 

María es el objeto de la devoción en el catolicismo romano como la Reina del Cielo. María es considerada la Madre de la Iglesia (963). Los católicos aclaran que María no es adorada como Dios es (latria), pero es venerada (doulia), y esa veneración la distingue de otros mediadores (hiperdoulia, 971). Su intercesión puede traer “salvación eterna”, y se le otorgan “títulos de Defensora, Ayudante, Benefactora y Mediadora” (969). 

El Catecismo insiste en que la mediación de María no resta valor a la mediación de Cristo, sino que fluye de ella (970). El papel de María como Mediadora se encontró por primera vez en el siglo IV y creció en popularidad a partir de entonces. Hay algunos dentro del catolicismo abogando por la idea de que María era una corredentora, pero esta doctrina no ha sido reconocida oficialmente. 

Esta es la razón por la que ella es  objeto de devoción y de oración, empequeñeciendo entonces el Poder del Todopoderoso Hijo de Dios que es capaz, por sí mismo, de crear y sostener el universo, y a la vez de crear la salvación y sostener a los salvados (Colosenses 1.15-23, 2.8-19, 3.1-4), siendo entonces el Hijo el único mediador entre Dios y los hombres (1 Timoteo 2.5-6), nadie más es necesario para tal labor, ni aún María. 

Como resume Thomas Schreiner: 

“Al colocar a María en el mismo plano que Jesús, la gloria incomparable de Cristo disminuye… Orar a María y venerar a María quita la gloria de Jesucristo… Las concepciones católicas de María disminuyen la expiación de Cristo, comprometen a su persona y le roban la gloria que merece”. 

¿Significa todo lo anterior que debemos despreciar a María? ¿Es la opinión “evangélica” una que considera a María insignificante? Es probable que nuestro afán de salvaguardar la Doctrina tal como es enseñada en la Palabra de Dios produjese en nosotros un celo tal que no prestáramos atención a las grandes virtudes de esta creyente, de esta sierva del Señor. 

“De todas las mujeres extraordinarias en las Escrituras, una sobresale por encima de todas las demás como la más bendecida, la más favorecida por Dios y la más universalmente admirada. De hecho, ninguna mujer es más notable que María. Fue elegida soberanamente por Dios, de entre todas las mujeres que nacieron, para ser el instrumento singular a través del cual Él finalmente traería al Mesías al mundo.” John MacArthur (ver artículo completo aquí

Esperamos ocuparnos de entender a María y su contexto previo al nacimiento del Señor Jesús, y al hacerlo reconocer las virtudes de esta bendita mujer y ser motivados a imitar su fe. El Señor nos guíe.