La Séptima Bienaventuranza

“Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.”

Mateo 5:9 RVR1960

Charles Spurgeon observa (en su introducción al sermón predicado el 8-Dic-1861) el aspecto místico del número 7 y su relación con esta Bienaventuranza, lo cual a mi modo de ver pudiera parecer exagerado. Sin embargo, su impresión sobre la ubicación de esta como siguiendo la de los “puros de corazón” vale la pena ser considerada:

“Debemos ser primero puros y luego pacíficos”

Martyn Lloyd Jones conecta las dos secciones de las Bienaventuranzas (lo que somos y lo que hacemos):

“En esta afirmación, ‘Bienaventurados los pacificadores,’ tenemos otro resultado y consecuencia del haber sido saciados por Dios…, podemos ver cómo corresponde al ‘bienaventurados los mansos.’… las Bienaventuranzas que preceden y siguen al versículo 6 corresponden entre sí — pobreza en espíritu y ser misericordioso están relacionados, llorar por el pecado y ser de corazón limpio también están en conexión, y, exactamente del mismo modo, la mansedumbre y el ser pacificador también corresponden; el vínculo que los une es siempre el esperar de Dios la plenitud que sólo Él puede dar.”

Aunque la Palabra de Dios registra la historia humana como iniciando y completándose en paz (Génesis 1-2, Apocalipsis 21-22), es evidente lo que quebranta la paz de la humanidad: el pecado (Caín, Lamec, Nimrod, etc.). El pecado quita la paz en cuanto a la relación con Dios e igualmente con el prójimo. John MacArthur lo ha dicho bien: “Cuando estamos en primer lugar, la paz está en el último [lugar]”.

Las palabras griega (eirene) y hebrea (shalom) para paz implican mucho más que la ausencia de conflicto; William Barclay ha dicho: “paz no es nunca un estado negativo; nunca quiere decir exclusivamente la ausencia de guerra, siempre quiere decir todo lo que contribuye al bienestar supremo del hombre… En la Biblia, paz quiere decir no solamente liberación de todos los problemas, sino disfrutar de todas las cosas buenas”. Este tipo de paz es buscada por todos, pero es imposible de obtener sin la asistencia de Cristo. Nuestro Dios es Dios de paz (Pablo así le llama al menos 7 veces en el Nuevo Testamento):

Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.” (1 Tesalonicenses 5.23, RVR60)

Sin embargo, el mundo no se encuentra en paz:

¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre. Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad; porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica. Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa. Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz. ¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. ¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?” (Santiago 3.13–4.5, RVR60)

Cristo es quien restaura nuestra relación para darnos paz con Dios y oportunidad paz con el prójimo:

Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.” (Efesios 2.11–22, RVR60)

Haciendo de nosotros ahora pacificadores, no simplemente negociantes de treguas:

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” (2 Corintios 5.17–21, RVR60)

Este es un ministerio que no se ocupa de una paz temporal, pero más bien eterna, por lo que no puede ser comprometida la paz de Dios en Cristo por obtener una tregua, una tranquilidad momentánea. La paz de Dios debe ser nuestra prioridad:

No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa. El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará.” (Mateo 10.34–39, RVR60)

Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos. Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos. Porque vuestra obediencia ha venido a ser notoria a todos, así que me gozo de vosotros; pero quiero que seáis sabios para el bien, e ingenuos para el mal. Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros.” (Romanos 16.17–20, RVR60)

John MacArthur cita: “En su libro Peace Child (Glendale, Calif.: Regal, 1979), Don Richardson narra su larga lucha para llevar el evangelio a la tribu sawi de caníbales y cazadores de cabezas de Irian Jaya, Indonesia. Por mucho que trató, no pudo hallar una manera de hacer que la gente entendiera el mensaje del evangelio, especialmente el significado de la muerte expiatoria de Cristo en la cruz. Los pueblos sawi estaban constantemente peleando entre sí, y debido a que se tenía en alta estima a la traición, la venganza y el asesinato, allí parecía no haber esperanza de paz. Sin embargo, la tribu tenía una costumbre legendaria de que si un pueblo entregaba un bebé varón a otro pueblo prevalecería la paz entre los dos pueblos mientras el niño viviera. Al bebé se le llamaba un “hijo de paz”. El misionero aprovechó esa historia como una analogía de la obra reconciliadora de Cristo. Les contó que Cristo es el divino Hijo de Paz de Dios que Él ha ofrecido al hombre, y que debido a que Cristo vive eternamente, su paz nunca terminará. Esa analogía fue la clave que abrió el evangelio para los sawi. En una obra maravillosa del Espíritu Santo muchos de ellos creyeron en Cristo y pronto se desarrolló una iglesia fuerte y evangelística, y la paz llegó a los sawi.”

John MacArthur ha dicho: “A menos que una persona reconozca su enemistad con Dios, no tiene sentido ofrecerle paz con Dios”. Sólo entonces el pacificador puede poner a un lado su orgullo y egoísmo y asumir la causa de Su Soberano Señor, el Príncipe de Paz, Cristo Jesús (Isaías 9.6). En ese momento, todo afán por victorias temporales acaba, todo mal se hace pequeño en comparación con la victoria que Cristo ha conseguido para nosotros; sólo entonces logramos tener paz para con todos.

“Así, el pacificador es un ciudadano, y aunque es cristiano, recuerda que el cristianismo no requiere que renuncie a su ciudadanía, sino que la use y mejore para la gloria de Cristo. El pacificador, entonces, como ciudadano, ama la paz. Si él vive en esta tierra, sabe que vive entre un pueblo que es muy sensible a su honor y que es provocado rápida y fácilmente, un pueblo que es tan pugilista en su carácter que la sola mención de la guerra agita su sangre, y sienten como si fueran a hacerlo de inmediato con toda su fuerza…  Por lo tanto, aunque él, como otros hombres, siente la sangre caliente… la reprime y se dice a sí mismo: “No debo afanarme, porque el siervo de Dios debe ser amable con todos los hombres, apto para enseñar, paciente “. Así que pone su espalda contra la corriente, y cuando escucha en todas partes el ruido de la guerra, y ve a muchos que están ansiosos por ello, hace todo lo posible para [refrescarse], y dice: “Se paciente, déjalo así, incluso si la causa es un mal, pues la guerra es peor que cualquier otro mal. Nunca hubo una mala paz todavía, y nunca una buena guerra “, dice, ” y cualquier pérdida que podamos sufrir por estar demasiado quietos, sin duda perderemos cien veces más por ser demasiado feroces”.” Charles Haddon Spurgeon

Dios nos bendice.

Vladimir.

PD: Breve reseña del sermón predicado el 17 de Noviembre del 2019, en la Congregación Bíblica Cristiana Las Caobas

La fidelidad a Dios como requisito de ser “conforme a Su corazón”

(resumen del mensaje predicado en la CBC Las Caobas el domingo 24-Junio-2018)

Había ya reinado Saúl un año; y cuando hubo reinado dos años sobre Israel, escogió luego a tres mil hombres de Israel, de los cuales estaban con Saúl dos mil en Micmas y en el monte de Bet-el, y mil estaban con Jonatán en Gabaa de Benjamín; y envió al resto del pueblo cada uno a sus tiendas. Y Jonatán atacó a la guarnición de los filisteos que había en el collado, y lo oyeron los filisteos. E hizo Saúl tocar trompeta por todo el país, diciendo: Oigan los hebreos. Y todo Israel oyó que se decía: Saúl ha atacado a la guarnición de los filisteos; y también que Israel se había hecho abominable a los filisteos. Y se juntó el pueblo en pos de Saúl en Gilgal. Entonces los filisteos se juntaron para pelear contra Israel, treinta mil carros, seis mil hombres de a caballo, y pueblo numeroso como la arena que está a la orilla del mar; y subieron y acamparon en Micmas, al oriente de Bet-avén. Cuando los hombres de Israel vieron que estaban en estrecho (porque el pueblo estaba en aprieto), se escondieron en cuevas, en fosos, en peñascos, en rocas y en cisternas. Y algunos de los hebreos pasaron el Jordán a la tierra de Gad y de Galaad; pero Saúl permanecía aún en Gilgal, y todo el pueblo iba tras él temblando. Y él esperó siete días, conforme al plazo que Samuel había dicho; pero Samuel no venía a Gilgal, y el pueblo se le desertaba. Entonces dijo Saúl: Traedme holocausto y ofrendas de paz. Y ofreció el holocausto. Y cuando él acababa de ofrecer el holocausto, he aquí Samuel que venía; y Saúl salió a recibirle, para saludarle. Entonces Samuel dijo: ¿Qué has hecho? Y Saúl respondió: Porque vi que el pueblo se me desertaba, y que tú no venías dentro del plazo señalado, y que los filisteos estaban reunidos en Micmas, me dije: Ahora descenderán los filisteos contra mí a Gilgal, y yo no he implorado el favor de Jehová. Me esforcé, pues, y ofrecí holocausto. Entonces Samuel dijo a Saúl: Locamente has hecho; no guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios que él te había ordenado; pues ahora Jehová hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre. Mas ahora tu reino no será duradero. Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual Jehová ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Jehová te mandó. Y levantándose Samuel, subió de Gilgal a Gabaa de Benjamín. Y Saúl contó la gente que se hallaba con él, como seiscientos hombres.” (1º Samuel 13.1–15, RVR60)

Desarrollo

Contrastes son evidentes al considerar la vida de los primeros dos reyes del pueblo de Israel, y resumirlos resulta ser tarea no tan sencilla en un solo sermón… Los versos leídos en principio, sin embargo, pueden servir para comprender el origen de tales contrastes, y de lo que llegó a ser una gran rivalidad que por años mantuvo en vilo a todo el pueblo de Israel (e incluso a las naciones vecinas).

Saúl había sido ungido como rey de Israel como repuesta al clamor pecaminoso del pueblo (a su vez una repuesta al pecado de los hijos de Samuel; vs. 1 Samuel 8); Israel no entendía que no eran hombres  imperfectos quienes les gobernaban y que no necesitaban de rey como las demás naciones pues contaban a favor de ellos al Rey de reyes y Señor de señores, que había derrotado a Faraón de Egipto, a Sehón, a Og, a Balac, a los reyes de Jericó, de Hai, y de todas las naciones vecinas, y que a Él tan sólo debían fidelidad. Triste es pensar que, como ellos, muchos de nosotros hoy procuramos la seguridad y el éxito de la mano de otros “reyes” como hacen y tienen “las demás naciones” y no prestamos la debida atención a las maravillosas obras que nuestro Gran Rey y Buen Dios hace con nosotros y en nosotros.

Israel es “premiado” con un rey inigualable, a quien de sólo verle inspiraba admiración:

Entonces corrieron y lo trajeron de allí; y puesto en medio del pueblo, desde los hombros arriba era más alto que todo el pueblo. Y Samuel dijo a todo el pueblo: ¿Habéis visto al que ha elegido Jehová, que no hay semejante a él en todo el pueblo? Entonces el pueblo clamó con alegría, diciendo: ¡Viva el rey!” (1º Samuel 10.23–24, RVR60)

Que Israel no estaba listo para tener un rey “como las demás naciones” es evidente de inmediato: Saúl no tiene una casa o palacio y luego de ser vitoreado como rey cada uno regresa a su propia casa, incluido Saúl mismo, quien vuelve a casa de sus padres, no sin antes lidiar con el recelo de los que envidiaban su posición y no veían en él a un superior (1 Samuel 10.25-27).

Conocemos ya los elementos que dieron al traste con el reinado de Saúl: su infidelidad para con Dios y su necesidad de aprobación de los hombres le llevaron a tomar decisiones que cada vez más le alejaron de Dios al punto que en poco tiempo Dios dictamina contra él que su reino no sería firme, no sería establecido. En la lectura de principio resaltan estos elementos:

A. La infidelidad del siervo de Dios es un acto que solo se compara con enloquecer (“Locamente has hecho; no guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios que él te había ordenado” v. 13); el Señor no necesita de nuestra ayuda, sólo demanda y espera de sus siervos obediencia y fidelidad. Desobedecerle no es más que dudar de su Poder y Grandeza y confiar en la nuestra como superior y mejor para las circunstancias que nos tocaran vivir. Tal razonamiento es locura, una “sabiduría” que resulta ser “humana, animal y diabólica”.

Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia. Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.” (1 Corintios 1.26–31, RVR60)

¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre. Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad; porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica. Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa. Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz.” (Santiago 3.13–18, RVR60)

Dios no se complace con “sacrificios humanos”, pero sí con la fidelidad y obediencia:

Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey.” (1º Samuel 15.22–23, RVR60)

Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; No quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.” (Salmo 51.16–17, RVR60)

B. La infidelidad a Dios recibe de Él justo castigo (“… pues ahora Jehová hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre. Mas ahora tu reino no será duradero”, v. 13). Con amor y misericordia se comporta nuestro Señor para con sus hijos, pero su amor no es obstáculo al justo castigo que viene ante nuestras acciones contrarias a su Santa Voluntad. Su misericordia puede verse incluso en los momentos de juicio y castigo: Saúl recibe aquí como sentencia el que “su reino” no sería firme y duradero, una referencia de castigo que más que efectuarse directamente en él se habría de ver en su casa, en su descendencia, pues no tendría un hijo suyo como sucesor al trono; siempre hay un llamado y oportunidad de arrepentimiento para aquellos que, sin importar las razones, se alejan de Dios y se hacen a sí mismos infieles.

Sin embargo, Saúl no mostró nunca una actitud arrepentida, nunca inclinó su corazón para hacer la voluntad de Dios. Para él, como ocurre con muchos de nosotros, primero era el aplauso y el reconocimiento humano antes que el divino, y su orgullo y cobardía siempre fueron tales que nunca se acercó a Dios humillado y buscando perdón y misericordia:

Entonces Saúl dijo a Samuel: Yo he pecado; pues he quebrantado el mandamiento de Jehová y tus palabras, porque temí al pueblo y consentí a la voz de ellos. Perdona, pues, ahora mi pecado, y vuelve conmigo para que adore a Jehová. Y Samuel respondió a Saúl: No volveré contigo; porque desechaste la palabra de Jehová, y Jehová te ha desechado para que no seas rey sobre Israel. Y volviéndose Samuel para irse, él se asió de la punta de su manto, y éste se rasgó. Entonces Samuel le dijo: Jehová ha rasgado hoy de ti el reino de Israel, y lo ha dado a un prójimo tuyo mejor que tú. Además, el que es la Gloria de Israel no mentirá, ni se arrepentirá, porque no es hombre para que se arrepienta. Y él dijo: Yo he pecado; pero te ruego que me honres delante de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel, y vuelvas conmigo para que adore a Jehová tu Dios. Y volvió Samuel tras Saúl, y adoró Saúl a Jehová.” (1º Samuel 15.24–31, RVR60)

Su soberbia y corazón no arrepentido le acompañó hasta la muerte. Una vida de infidelidad y sin arrepentimiento es castigada por quien ha llamado a todos a servirle, a honrarle, a obedecerle, el Único y Sabio Dios y Creador.

C. La fidelidad es la que recibe recompensa de parte de Dios (“Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual Jehová ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo”, v. 14). La idoneidad de David para servir como rey de Israel es escasa e insignificante, muy similar a la de Saúl en principio, quien no se consideraba digno ni a sus propios ojos. Veamos el “curriculum vitae” de quien llegó a gobernar a Israel por 40 años, a ser modelo de todos sus reyes, y a recibir promesa de un reinado eterno (2 Samuel 7):

  • Era el menor de los hijos de Isaí, bisnieto de Rut la moabita (Rut 4.13-16; 1 Samuel 16.1)
  • Era el pastor de las ovejas de la familia (1 Samuel 16.11)
  • Como hijo menor, no era considerado digno ni aun entre sus hermanos y su familia (1 Samuel 16.10-11; 17.28)
  • Como guerrero valiente, vigoroso y valeroso, era más reconocido como músico (16.18; 17.15)
  • Otras virtudes que considerar en él eran su hermosura y su prudencia en palabras (16.12; 17.18)

Pero la gran diferencia entre David y Saúl consistía en la fidelidad al Señor: imperfecto y humano como era, David conocía a Dios y su Poder, le temía y amaba, y así vivía su vida en cualquier condición, sea como el menospreciado hijo menor, pastor de las ovejas, o como el rey modelo en el pueblo de Israel. Nosotros podemos ser engañados por las apariencias, podemos mostrarnos ocupados incluso en las cosas de Dios, pero Él conoce nuestro corazón y sabe la fidelidad de nuestra vida y nuestras obras, que es lo que define la calidad de nuestra adoración.

Y aconteció que cuando ellos vinieron, él vio a Eliab, y dijo: De cierto delante de Jehová está su ungido. Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.” (1º Samuel 16.6–7, RVR60)

Fueron oídas las palabras que David había dicho, y las refirieron delante de Saúl; y él lo hizo venir. Y dijo David a Saúl: No desmaye el corazón de ninguno a causa de él; tu siervo irá y peleará contra este filisteo. Dijo Saúl a David: No podrás tú ir contra aquel filisteo, para pelear con él; porque tú eres muchacho, y él un hombre de guerra desde su juventud. David respondió a Saúl: Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba. Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios viviente. Añadió David: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo. Y dijo Saúl a David: Ve, y Jehová esté contigo.” (1º Samuel 17.31–37, RVR60)

A este rey Dios bendijo más que a todos, haciendo de él ejemplo en Israel, llevándole a reconocer sus maravillas y fuerza, estableciendo su reino eternamente.

Aconteció que cuando ya el rey habitaba en su casa, después que Jehová le había dado reposo de todos sus enemigos en derredor, dijo el rey al profeta Natán: Mira ahora, yo habito en casa de cedro, y el arca de Dios está entre cortinas. Y Natán dijo al rey: Anda, y haz todo lo que está en tu corazón, porque Jehová está contigo. Aconteció aquella noche, que vino palabra de Jehová a Natán, diciendo: Ve y di a mi siervo David: Así ha dicho Jehová: ¿Tú me has de edificar casa en que yo more? Ciertamente no he habitado en casas desde el día en que saqué a los hijos de Israel de Egipto hasta hoy, sino que he andado en tienda y en tabernáculo. Y en todo cuanto he andado con todos los hijos de Israel, ¿he hablado yo palabra a alguna de las tribus de Israel, a quien haya mandado apacentar a mi pueblo de Israel, diciendo: ¿Por qué no me habéis edificado casa de cedro? Ahora, pues, dirás así a mi siervo David: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo te tomé del redil, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe sobre mi pueblo, sobre Israel; y he estado contigo en todo cuanto has andado, y delante de ti he destruido a todos tus enemigos, y te he dado nombre grande, como el nombre de los grandes que hay en la tierra. Además, yo fijaré lugar a mi pueblo Israel y lo plantaré, para que habite en su lugar y nunca más sea removido, ni los inicuos le aflijan más, como al principio, desde el día en que puse jueces sobre mi pueblo Israel; y a ti te daré descanso de todos tus enemigos. Así mismo Jehová te hace saber que él te hará casa. Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo. Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres; pero mi misericordia no se apartará de él como la aparté de Saúl, al cual quité de delante de ti. Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente. Conforme a todas estas palabras, y conforme a toda esta visión, así habló Natán a David. Y entró el rey David y se puso delante de Jehová, y dijo: Señor Jehová, ¿quién soy yo, y qué es mi casa, para que tú me hayas traído hasta aquí? Y aun te ha parecido poco esto, Señor Jehová, pues también has hablado de la casa de tu siervo en lo por venir. ¿Es así como procede el hombre, Señor Jehová? ¿Y qué más puede añadir David hablando contigo? Pues tú conoces a tu siervo, Señor Jehová. Todas estas grandezas has hecho por tu palabra y conforme a tu corazón, haciéndolas saber a tu siervo. Por tanto, tú te has engrandecido, Jehová Dios; por cuanto no hay como tú, ni hay Dios fuera de ti, conforme a todo lo que hemos oído con nuestros oídos. ¿Y quién como tu pueblo, como Israel, nación singular en la tierra? Porque fue Dios para rescatarlo por pueblo suyo, y para ponerle nombre, y para hacer grandezas a su favor, y obras terribles a tu tierra, por amor de tu pueblo que rescataste para ti de Egipto, de las naciones y de sus dioses. Porque tú estableciste a tu pueblo Israel por pueblo tuyo para siempre; y tú, oh Jehová, fuiste a ellos por Dios. Ahora pues, Jehová Dios, confirma para siempre la palabra que has hablado sobre tu siervo y sobre su casa, y haz conforme a lo que has dicho. Que sea engrandecido tu nombre para siempre, y se diga: Jehová de los ejércitos es Dios sobre Israel; y que la casa de tu siervo David sea firme delante de ti. Porque tú, Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, revelaste al oído de tu siervo, diciendo: Yo te edificaré casa. Por esto tu siervo ha hallado en su corazón valor para hacer delante de ti esta súplica. Ahora pues, Jehová Dios, tú eres Dios, y tus palabras son verdad, y tú has prometido este bien a tu siervo. Ten ahora a bien bendecir la casa de tu siervo, para que permanezca perpetuamente delante de ti, porque tú, Jehová Dios, lo has dicho, y con tu bendición será bendita la casa de tu siervo para siempre.” (2º Samuel 7, RVR60)

Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.” (Mateo 1.1, RVR60)

Cuando se acercaron a Jerusalén, y vinieron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió dos discípulos, diciéndoles: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos. Y si alguien os dijere algo, decid: El Señor los necesita; y luego los enviará. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo: Decid a la hija de Sion: He aquí, tu Rey viene a ti, Manso, y sentado sobre una asna, Sobre un pollino, hijo de animal de carga. Y los discípulos fueron, e hicieron como Jesús les mandó; y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y él se sentó encima. Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino. Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas! Cuando entró él en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, diciendo: ¿Quién es éste? Y la gente decía: Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea.” (Mateo 21.1–11, RVR60)

¡Que el Señor nos ayude a aprender lo que realmente es importante en la vida de este hombre, y que así lleguemos a ser fieles siervos, conformes al corazón de Jehová nuestro Dios!