Polleras (Faldas), Aros (Zarcillos) y la Mujer Cristiana

Bendiciones.

En muchos países de nuestra América Latina, el nuestro incluido, las iglesias de corte pentecostal durante muchos años establecieron un código estricto de vestimenta para las mujeres en la iglesia, siendo uno de los más concretos aquel que prohibía a la mujer vestir pantalones. Aunque con el paso de los años esto fue revisado, llegando incluso los concilios de estas iglesias en el país a establecer como una decisión de los pastores de cada iglesia local, la duda sobre lo bíblico de tales exigencias quedó en muchos casos pendiente de resolver, y concluyó más bien, al puro estilo católico romano, como un asunto de tradición. El texto que usualmente se utiliza como base para tal prohibición es el siguiente:

“No vestirá la mujer traje de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer; porque abominación es a Jehová tu Dios cualquiera que esto hace.” Deuteronomio 22:5 RVR1960

Poniendo a un lado que el sistema legal que Dios dio a Israel como nación no es transferible por completo a nuestros pueblos (no existen naciones cristianas, es decir, naciones donde todos sus ciudadanos sean cristianos, a la manera que los afganos, iraníes, y otras naciones musulmanas hacen con sus ciudadanos), quedan los principios que son aplicables a todos los creyentes en todas las épocas. La clave es poder distinguir entre lo transferible a los creyentes de todas las edades (los principios) y lo que no lo es. En el pasaje mencionado de Deuteronomio, por ejemplo, resulta difícil en principio observar el significado de la instrucción, excepto que quienes practicaban tal costumbre (intercambiar de género en las vestimentas) se hacían ellos mismos “abominación contra Jehová”. De inmediato salta a la vista que el problema no es la vestimenta, pues Dios no condena la vestimenta, condena a quienes deciden vestirse como el género opuesto. La ley de Jehová apunta siempre a las intenciones del corazón humano que es rebelde contra Dios y procura entonces alinearlo con los deseos del Trino Dios. 

El contexto alrededor del pasaje muestra algunos detalles que deben guiar cualquier intención de hacer aplicación de lo dicho en el mismo; por ejemplo, el verso 11 trata de nuevo aspectos sobre el vestido y dice: “No vestirás ropa de lana y lino juntamente” (algo señalado por igual en Levítico 19:19), por lo que si esta ordenanza es transferible entonces sería igualmente pecado vestir ropas que tengan un contenido mezclado. Un poco antes, los versos 18 al 21 del capítulo 21, hablan del juicio sobre un hijo declarado por sus padres como “contumaz y rebelde”, y la condena por tal acusación era promovida por sus propios padres: ser muerto a pedradas (v. 22). Las iglesias hoy no aplican estas leyes, por lo que es evidente que no todo es transferible. 

¿Cómo era el vestir de mujeres y hombres en los tiempos bíblicos?

De acuerdo con el libro “Usos y Costumbres de las Tierras Bíblicas” de Fred. H. Wight:

“El velo era la característica distintiva del vestido de la mujer. Todas las mujeres, con excepción de las criadas y mujeres de baja condición de vida, usaban el velo. Las mujeres, por lo general nunca se lo quitaban, a menos que estuvieran en presencia de los sirvientes y en muy raras ocasiones. Esta costumbre ha prevalecido entre los orientales hasta la época moderna. Cuando viajan, las mujeres echan hacia atrás el velo sobre la parte trasera de la cabeza, pero si ven que se aproxima un hombre, lo vuelven a su posición original.”

Además del velo, se apreciaban otros detalles: los vestidos de las mujeres eran cerrados por completo y no usaban capa o túnica, mientras que los hombres sí usaban túnica y capa. Otra diferencia era el cinto, que asistía a los hombres para hacer tareas pesadas y correr, y protegiéndoles de lesiones.

Ambos, como podemos ver, usaban prendas que hoy serían consideradas femeninas.

De lo anterior se desprende que la distinción no es entre la pollera (o falda) y el pantalón, pero más bien en el uso destinado para cada género: hay pantalones de mujer y hay pantalones de hombre. Si el mandamiento hubiera sido escrito al Israel del siglo 21 probablemente no se entendería como faldas versus pantalones, se entendería como lo que es, y las mujeres entonces usarían pantalones de mujer y los hombres de hombre.

La idea que el pasaje corrige es el corazón que dice estar insatisfecho con su género, o que prefiere jugar el rol que corresponde al género opuesto. El popular Comentario Bíblico Mundo Hispano dice: “La razón para esta prohibición se encuentra en el uso de la palabra abominación. Esta palabra aparece diversas veces en el libro de Deuteronomio y se usa para describir algo que estaba asociado con la religión de los cananeos, especialmente las cosas relacionadas con la impureza sexual o con la idolatría.”

Más detalles en el Comentario al Texto Hebreo del Nuevo Testamento de Keil y Delitzsch:

“Del mismo modo que la propiedad del prójimo debía ser sagrada a la estima de un israelita, también lo sería la distinción divina de los sexos, la cual era mantenida sagradamente en la vida civil por medio de vestimenta especial para cada sexo, lo cual no sería menos sino más sagradamente guardado. «No vestirá la mujer traje de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer». כְּלִי no significa meramente vestirse, ni tampoco designa únicamente armas, sino que incluye todo tipo de utensilios domésticos y de otros tipos (como en Ex. 22:6; Lev. 11:32; 13:49). El designio inmediato de esta prohibición no era evitar la vida licenciosa, u oponerse a las prácticas idólatras (según Maimonides, de more Nebochaeorum III, cap. 37; Spencer, de legibus iudaeorum II, cap. 29; Saalschütz, Mosaisches Recht, p. 377; Movers, e.o.) porque las pruebas que Spencer ha aducido de la existencia de tales usos entre las naciones paganas son muy lejanas; sino para mantener la santidad de esa distinción entre los sexos que fue establecida por la creación del hombre y la mujer, en relación con lo cual Israel no debía pecar. Toda violación o intento de borrar esta distinción —incluso tales como la emancipación de una mujer— era contra natura, y por tanto una abominación a la vista de Dios.”

Entonces la prohibición parece estar más decidida a evitar la confusión y el pecado en el intercambio de los roles, particularmente en lo sexual, y su equivalente es hoy los hombres usar faldas, carteras y maquillaje de mujer, mientras las mujeres se visten de traje, camisa y corbata, a la manera tradicional de los hombres. El problema, evidentemente no es la ropa, es el corazón que se rebela contra Dios.

¿Cuáles son los principios sobre el vestir que debe seguir la mujer piadosa?

El Antiguo Testamento describe que hay atuendos de rameras: “Cuando he aquí, una mujer le sale al encuentro, Con atavío de ramera y astuta de corazón”, por lo que la pregunta es válida hoy. El Nuevo Testamento nos muestra el principio que es aplicable y transferible:

Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad.”1 Timoteo 2:9 RVR1960

El inspirado Apóstol Pablo define que la ropa de la mujer, icluido sus adornos y accesorios, debe cubrir (decorosa), debe expresa un carácter no vulgar ni sensual (pudor) y debe expresar modestia; las mujeres creyentes en los tiempos bíblicos podían sentirse tentadas a actuar como las mujeres no cristianas, vigilando más su apariencia externa y depender de ella para lograr sus objetivos, antes que ser respetuosas y sujetas a sus maridos, y confiar en Dios en obediencia:

“Así mismo dice Jehová: Por cuanto las hijas de Sion se ensoberbecen, y andan con cuello erguido y con ojos desvergonzados; cuando andan van danzando, y haciendo son con los pies; por tanto, el Señor raerá la cabeza de las hijas de Sion, y Jehová descubrirá sus vergüenzas. Aquel día quitará el Señor el atavío del calzado, las redecillas, las lunetas, los collares, los pendientes y los brazaletes, las cofias, los atavíos de las piernas, los partidores del pelo, los pomitos de olor y los zarcillos, los anillos, y los joyeles de las narices, las ropas de gala, los mantoncillos, los velos, las bolsas, los espejos, el lino fino, las gasas y los tocados. Y en lugar de los perfumes aromáticos vendrá hediondez; y cuerda en lugar de cinturón, y cabeza rapada en lugar de la compostura del cabello; en lugar de ropa de gala ceñimiento de cilicio, y quemadura en vez de hermosura.”Isaías 3:16-24 RVR1960

Dios castiga esa actitud, no las vestimentas ni peinados ni accesorios.

Entonces, hermana, puedes tomar cuidado de ti y tu apariencia física pero no según el sistema mundano. Tu prioridad no puede ser el lucir hermosa, pero más bien el lucir como una mujer cristiana; Pablo concluye su exhortación sobre esto diciendo cómo debe vestir la mujer cristiana, no tan sólo como no: “sino [atavíense] con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad.”

Confiamos sea da ayuda y de bendición.

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