El sermón de C. H. Spurgeon del 1 de enero de 1860 enfatiza la importancia de la oración en la labor ministerial y la necesidad de la perfección en los creyentes, prometiendo que después de sufrir, Dios los perfeccionará, establecerá, fortalecerá y asentará. Spurgeon destaca que el sufrimiento es esencial para alcanzar estas bendiciones. A lo largo del mensaje, llama a su congregación a confiar en la gracia de Dios, quien está siempre dispuesto a proveer lo que se necesita en un camino hacia la gloria eterna en Cristo.