¿Por qué 3Chapters? (Chapter 2)

La historia y propósito de nuestra existencia como seres humanos ha sido inquietud desde el principio de las edades. La filosofía y diferentes expresiones religiosas han procurado responder nuestras preguntas sobre quiénes somos, de dónde venimos, porqué somos lo que somos, hay algún propósito y objetivo a perseguir en nuestras vidas, hacia dónde vamos, etc. 3Chapters pretende proveer respuestas a estas inquietudes a partir del Evangelio de Cristo, de la Teología Cristiana, y más específicamente de la Teología Bíblica.

Los primeros tres capítulos de la Biblia (Génesis 1 – 3) resultan ser un excelente punto de partida, por lo que incluso con sólo tres capítulos tenemos suficiente información para avanzar en un conocimiento y una consciencia que de sentido a nuestras vidas.

(ver Chapter 1)

Chapter 2

RELACIÓN

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“… del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás…”

 

En el primer capítulo se nos plantea nuestros orígenes: somos creados por un ser Todopoderoso, a quien reconocemos con el título de Dios, y quien, como consecuencia, resulta ser nuestro dueño, a quien nos debemos por entero, es nuestro rol el de siervos. Precisamente es del rol descrito anteriormente que parte este segundo capítulo, cuya idea es responder a la pregunta: ¿Cómo relacionarse con un Ser Todopoderoso?

Sé que resultará sorprendente para muchos la siguiente frase: Dios no es tu siervo. Lo sé, es lógico, de hecho parece estar implícito en la idea de que nuestro rol es ser siervos de Él. Si el Dios que ha creado a nosotros y todo cuanto vemos es Todopoderoso (como por seguro sabemos que lo es) entonces es natural que no dependa de sus criaturas y que por lo mismo no sea sujeto a los deseos y a las órdenes de sus seres creados. Y resultando ser tan lógica la frase, la práctica común de muchos de los creados, incluso de los que decimos seguir y servir al Todopoderoso, pareciera invertir los roles: Dios es nuestro siervo, a quien podemos poner a un lado e ignorar, a quien podemos definir conforme a nuestros requisitos o experiencia, a quien podemos reducir y confinar a un espacio y lugar, quien debe cumplir nuestros más grandes anhelos. Conscientes como somos de nuestra experiencia de vida y de lo amplio de nuestro conocimiento y del todavía más amplio acceso a las informaciones, hemos decidido qué tipo de dios queremos y de igual forma cuándo y para qué lo queremos. Dictamos órdenes, “declaramos, decretamos, reclamamos y arrebatamos” de sus manos “nuestras bendiciones”… ¡Es risible y ridículo pensar que tal pudiera ser la relación entre el Todopoderoso y nosotros!

Imaginemos por un momento que somos alfareros y que en el ejercicio libre de nuestra voluntad, sea por la romántica inspiración de un artista o por ejecutar una brillante idea que resulte en un buen negocio, decidimos crear una vasija de barro. Concebimos el tamaño, la forma, los detalles y colores con todo el cuidado posible. Concluida la tarea, lo natural es que hagamos con la vasija aquello que concebimos en principio, sea colocarla en exhibición para el deleite de los sentidos, o venderla al mejor precio posible. ¿No sería ridículo pensar que la vasija nos controlara?, si nos empezara a reclamar: “¿Por qué no me hiciste de otro color?”, “¿Por qué no me hiciste más grande?”, “¡Te ordeno que me llenes de oro y piedras preciosas!”, o aún “¡Declaro y establezco que nunca me dejarás recibir daño alguno y que todo me irá bien porque tú me hiciste!”, le recordaríamos gentilmente a la vasija: “Te hice como mi soberano deseo quiso, y para lo que mi perfecta voluntad decidió” (claro que lo de “soberano” y “perfecto” no nos describe a nosotros, describe más bien al Todopoderoso Creador). Oponerse, pues, a la voluntad del Todopoderoso no es la mejor manera de relacionarse con Él.

En el capítulo 2 del libro de Génesis podemos apreciar la justa y (de nuevo) lógica relación que los seres creados deben a su Todopoderoso Creador: sumisa obediencia. A diferencia de lo que muchos pueden pensar, una vez Adán es creado no recibe del Señor consejos de cómo aprovechar efectivamente la creación y ser inmensamente feliz, más bien recibe órdenes, instrucciones de qué y cómo hacer. Veamos:

 Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas  del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás. (Génesis 2.15-17; RVR1960)

Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre. (Génesis 2.19; RVR1960)

En Adán fuimos creados para gobernar todo cuanto el Todopoderoso hizo en esta Tierra (Génesis 1.26-28), como lo describe el salmista:

Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos,

La luna y las estrellas que tú formaste,

Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria,

Y el hijo del hombre, para que lo visites?

Le has hecho poco menor que los ángeles,

Y lo coronaste de gloria y de honra.

Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos;

Todo lo pusiste debajo de sus pies:

Ovejas y bueyes, todo ello,

Y asimismo las bestias del campo,

Las aves de los cielos y los peces del mar;

Todo cuanto pasa por los senderos del mar.

¡Oh Jehová, Señor nuestro,

Cuán grande es tu nombre en toda la tierra!

(Salmo 8.3-9; RVR1960)

 

Evidentemente nuestros anhelos de grandeza no son infundados, fuimos formados para ser señores de este planeta, tal gloria y honra entre los creados no puede ser superada por nada. Pero… ¿pudiste al leer darte cuenta del origen de esta gloria? No fue una conquista de Adán, pues no es un acto humano el crear ex nihilo (de la nada) y por lo tanto lo que habría gobernar no era suyo, no le pertenecía, como tampoco a nosotros nos pertenece. El salmista y rey David lo tenía muy claro, en cada afirmación plantea que el gobierno (y la gloria que le acompaña) fueron dados a Adán por el Todopoderoso: “Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies” (vv. 5-6). La mejor explicación a esto la plantea el apóstol Pablo al comparar el señorío de Jesucristo con el de Adán:

Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas. (1 Corintios 15.27; RVR1960)

Si esta declaración es verdad para el Unigénito Hijo de Dios (de quien hablaremos en el capítulo 3), ¿cuánto más para Adán?

¡Todo fue sujetado a Adán excepto, lógicamente, el Todopoderoso Dios que le sujetó todo a su autoridad!

Es precisamente por esto que, al recibir las palabras del Creador, Adán no discute sus órdenes, tan sólo (al menos en principio) obedece: labró y guardó el huerto, nombró a los animales, y (por un tiempo, como veremos en el capítulo 3) no comió del fruto del árbol prohibido.

Sumisa obediencia fue y sigue siendo la única manera en que nosotros los seres creados podemos relacionarnos con el Todopoderoso Creador.

La obediencia a nuestro Dios Todopoderoso no es carente de beneficios, pues toda bendición y recompensa para Adán resulta natural al obedecer: alimentos, un lugar hermoso donde vivir (Génesis 2.8-14), un trabajo productivo (vv. 19-20), e incluso una “ayuda idónea”, una como él mismo que fuera su perfecta compañera, con quien compartir la responsabilidad de gobernar y señorear la tierra (vv. 21-25), son parte de los tesoros que recibe como recompensa a su sumisa obediencia, y la más importante de todas: vida en comunión con el Todopoderoso (vv. 15-17).

A diferencia de nosotros, que observamos como aquel que más tiene menos sirve, que quien tiene poder lo usa no para empoderar a otros pero para acumular más poder, el Todopoderoso por definición no tiene competencia y siendo Santo como es (más adelante, en el capítulo 3, explicaremos un poco más este asunto) no  conoce la mezquindad ni el egoísmo, sabe bien recompensar la obediencia.

Si buscas, pues, el objeto y razón de vivir en comunión con Dios, la sumisa obediencia es la respuesta.

Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. (Romanos 12.1-2; RVR 1960)

 

Vladimir Aquino

¿Por qué 3Chapters? (Chapter 1)

La historia y propósito de nuestra existencia como seres humanos ha sido inquietud desde el principio de las edades. La filosofía y diferentes expresiones religiosas han procurado responder nuestras preguntas sobre quiénes somos, de dónde venimos, porqué somos lo que somos, hay algún propósito y objetivo a perseguir en nuestras vidas, hacia dónde vamos, etc. 3Chapters pretende proveer respuestas a estas inquietudes a partir del Evangelio de Cristo, de la Teología Cristiana, y más específicamente de la Teología Bíblica.

Los primeros tres capítulos de la Biblia (Génesis 1 – 3) resultan ser un excelente punto de partida, por lo que incluso con sólo tres capítulos tenemos suficiente información para avanzar en un conocimiento y una consciencia que de sentido a nuestras vidas.

Chapter 1 / Chapter 2

ROL

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1.1 RVR1960)

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Probablemente no haya otro versículo más importante para encaminarnos a responder  las interrogantes ya mencionadas: sin preguntar nuestra sobrevalorada opinión en ningún aspecto posible, un Ser evidentemente superior se nos muestra como real, autosuficiente, seguro y a lo menos muchísimo más poderoso que nosotros (luego el resto de la Escritura nos explica que eso de ser “muchísimo más poderoso” que nosotros implica el concepto de ser Todopoderoso) quien soberanamente decide cuándo crear, qué crear y para qué crear. El pasaje no describe el origen de este Ser, por lo que la expresión “en el principio” no le limita a Él pero más bien a lo que Él ha creado, Él no tiene principio. El alcance de Su creación es completo: “la tierra” es nuestro planeta, “los cielos” es el espacio superior. Este proceso creativo incluye todos los elementos materiales e inmateriales, todo lo que podemos ver, nosotros incluidos, y lo que no podemos ver (las leyes “naturales” que conocemos, sean estas biológicas, físicas o químicas, y sobre todo esto las de tipo espiritual-personal). Imaginemos por un momento cuánto poder y sabiduría se requiere para crear TODO lo que existe: en cuanto a sabiduría, se estima que sólo en nuestra Tierra existen cerca de un trillón de especies tan diversas que van desde las que se pueden ver únicamente con la asistencia de potentes microscopios, hasta las más grandes (la ballena azul), las más rápidas (el halcón peregrino) y nosotros, los seres humanos. En cuanto a poder,  el sitio web “Imagine the Universe”, en su sección “Ask to an Astrophysicist”  calcula que la cantidad de masa-energía que contiene el universo es equivalente a la energía que liberaría una bomba de  9.5 x 10^53 Megatones de TNT, y la bomba atómica de mayor potencia detonada en la historia de la humanidad (la TSAR de la antigua Unión Soviética) se calcula que liberó cerca de 57 Megatones de energía, lo que hace que el Creador del universo pudiera diseñar un plan y ejecutar un esquema de creación en el que se liberara tanta energía como el equivalente a 2,000,000,000,000,000,000,000,000,000,000,000,000, 000,000,000,000,000 (sí, un dos seguido de 51 ceros!) de bombas TSAR!… sorprendente, ¿no? Si nos fuera necesario una medida de Su poder iniciaría justo aquí, en esa asombrosamente maravillosa cifra. Las naciones más poderosas del mundo controlan y temen de otras la proliferación de armamentos de tipo nuclear por los efectos devastadores que estas pueden producir en el mundo, y el total de todas estas se estima en “tan sólo” unas 15,000 unidades, la inmensa mayoría de ellas de potencia mucho menor que la bomba TSAR, por lo que ni combinando TODO el armamento nuclear del mundo se pude siquiera empezar a comparar el mismo con el poder del Dios que llamó todo a existencia. Siendo que plantea de manera tan sencilla el primer versículo de la Biblia que Dios es el Creador de todo, ¿no debiéramos asombrarnos, postrarnos, temer y obedecer a este singular y Todopoderoso ser?

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La TSAR fue detonada el 30 de Octubre del 1961; el destello de la explosión pudo observarse hasta 1,000 Km de distancia.

Este primer capítulo nos plantea que al crearnos, Dios nos colocó como la “cereza” del pastel: día de creación tras día de creación él en su magnificencia ordenó cada aspecto, cada mínimo detalle, para que los seres humanos pudiéramos habitar en la tierra, Su creación, y a la vez darnos la responsabilidad por la administración de la misma (1.26-28), esto explica entonces que tenemos un propósito de vida, una razón de ser, y que este fin es el de someternos en obediencia al Todopoderoso mientras administramos la parte de la creación que nos corresponde administrar, iniciando esta obediencia y esta buena administración con nuestra propia vida.  Para una tarea tan exigente (servir a un Señor TAN PODEROSO) él nos capacita haciéndonos “a su imagen y semejanza”; los términos en el idioma original no hablan necesariamente de forma física (de hecho, la Escritura plantea que Dios es Espíritu, que no tiene un cuerpo físico como el nuestro) pero más bien sugieren una diferencia con el resto de lo creado en cuanto al intelecto, las emociones (que difieren de los sentimientos porque pueden ser razonadas, explicadas) y la capacidad de decidir en función de los dos anteriores, es decir, la capacidad de ejercer una voluntad.

En resumen, pues, hay un Dios “muchísimo más poderoso” que nosotros; él nos hizo, provenimos de Su voluntad, y nos capacitó para administrar en obediencia todo lo creado en esta tierra, nuestro origen, limitaciones y propósito, todos resumidos en el primer capítulo, en el primer versículo de las Sagradas Escrituras.

Con razón hacia al final de los tiempos le cantan:

“Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos. ¿Quién no te temerá, oh Señor, y glorificará tu nombre? pues sólo tú eres santo; por lo cual todas las naciones vendrán y te adorarán, porque tus juicios se han manifestado.” (Apocalipsis 15.3-4)

Vladimir Aquino.