Una verdadera palabra de Fe


“Y Jesús fue con ellos. Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo; por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti; pero dí la palabra, y mi siervo será sano.” ‭‭S. Lucas‬ ‭7:6-7‬ ‭RVR1960

‬‬No “mi palabra”, no “yo declaro”… una humilde actitud y una humilde petición, aprendamos del centurión a entonces decir con fe: “Jesús, dí la palabra”.

¡Sea Su Nombre alabado por siempre!

Consecuencias del llamado del Señor aprendidas de la conversión de Saulo

jesus-touch-blind-manEl Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre. Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo. Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado. Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas. Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco. En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que éste era el Hijo de Dios. Y todos los que le oían estaban atónitos, y decían: ¿No es éste el que asolaba en Jerusalén a los que invocaban este nombre, y a eso vino acá, para llevarlos presos ante los principales sacerdotes? Pero Saulo mucho más se esforzaba, y confundía a los judíos que moraban en Damasco, demostrando que Jesús era el Cristo. Pasados muchos días, los judíos resolvieron en consejo matarle; pero sus asechanzas llegaron a conocimiento de Saulo. Y ellos guardaban las puertas de día y de noche para matarle. Entonces los discípulos, tomándole de noche, le bajaron por el muro, descolgándole en una canasta. Cuando llegó a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos; pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuese discípulo. Entonces Bernabé, tomándole, lo trajo a los apóstoles, y les contó cómo Saulo había visto en el camino al Señor, el cual le había hablado, y cómo en Damasco había hablado valerosamente en el nombre de Jesús. Y estaba con ellos en Jerusalén; y entraba y salía, y hablaba denodadamente en el nombre del Señor, y disputaba con los griegos; pero éstos procuraban matarle. Cuando supieron esto los hermanos, le llevaron hasta Cesarea, y le enviaron a Tarso. Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo.” (Hechos de los Apóstoles 9.15–31, RVR60)

 

Introducción

El llamado del Señor es inapelable. En la pasada semana pudimos conocer en detalle las características del divino llamado partiendo del que recibiera Saulo de Tarso, quien luego llegara a ser conocido como el apóstol Pablo. Pudimos entender que el llamado de Dios no depende de méritos humanos, pues Saulo era un perseguidor de la iglesia, un enemigo de Dios y aun así la gracia de Dios le alcanzó. En el día de hoy podremos profundizar en la elección de Dios y los resultados del llamado divino.

Cuando el Señor encomienda a Ananías el asistir a Saulo en su conversión y este muestra dudas sobre esta misión, el Señor le revela Su propósito al rescatar a Saulo y comisionarlo al ministerio. Las palabras del Señor no pueden ser más elocuentes:

a) “… instrumento escogido me es éste…”

La palabra griega para “instrumento” (σκευ̂ος) se refiere a las vasijas de uso común en las casas del oriente medio en la antigüedad. En su segunda carta a Timoteo, el apóstol Pablo usa esta figura para describir la autoridad que tiene el Señor sobre todos, incluso los que como Himeneo y Fileto “que se desviaron de la verdad, diciendo que la resurrección ya se efectuó, y trastornan la fe de algunos” (2 Timoteo 2.18, RVR60). Pablo nos dice:

Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo. Pero en una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles. Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra.” (2 Timoteo 2.19–21, RVR60)

 “Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros,” (2 Corintios 4.7, RVR60)

En Romanos, el apóstol Pablo es inspirado por el Señor para utilizar ambas expresiones (“instrumento” y “escogido”):

… pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama… Pero me dirás: ¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién ha resistido a su voluntad? Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra? ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria, a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no sólo de los judíos, sino también de los gentiles?” (Romanos 9.11, 19–24, RVR60)

De nuevo podemos comprender que la elección es un acto soberano de Dios, que no depende de nosotros, y que el papel que nos corresponde jugar es el de ser instrumentos, por lo que debiéramos limpiarnos y prepararnos para ser las mejores y más útiles vasijas que podamos ser.

Jesús dijo a sus discípulos:

No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.” (Juan 15.16, RVR60)

b) “… para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel”

En el caso de Saulo, su misión consistiría en anunciar el Nombre de aquel a quien antes perseguía, de aquel a quien no pudo reconocer cuando se le apareció por primera vez camino a Damasco.

c) “… le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre”

Sus padecimientos por causa del Evangelio fueron bien documentados por Lucas en el libro de los Hechos, y por el mismo apóstol en sus cartas (ver especialmente 2 Corintios 11.16-31)

En los siguientes versos podemos notar los efectos inmediatos, las consecuencias del llamado de Saulo en su propia vida, en la vida de la iglesia y en la vida de la comunidad perdida. Es mi oración sincera que Dios pueda hablarnos en esta mañana, y comunicar esperanza a nuestras vidas al conocer que las mismas cosas nos ocurren o nos deben ocurrir a nosotros.

 

Desarrollo

El llamado de Dios nos afecta personalmente

Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo. Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado. Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas. Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco. En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que éste era el Hijo de Dios.” (Hechos de los Apóstoles 9.17–20, RVR60)

Pablo recibe del Señor no tan sólo un llamado a ser un instrumento útil y escogido, pero también es limpiado de sus impurezas y debilidades, y capacitado por el Señor para la tarea, tal como narra el mismo Pablo en su carta a los hermanos en Galacia:

Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo. Porque ya habéis oído acerca de mi conducta en otro tiempo en el judaísmo, que perseguía sobremanera a la iglesia de Dios, y la asolaba; y en el judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres. Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles, no consulté en seguida con carne y sangre, ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; sino que fui a Arabia, y volví de nuevo a Damasco. Después, pasados tres años, subí a Jerusalén para ver a Pedro, y permanecí con él quince días; pero no vi a ningún otro de los apóstoles, sino a Jacobo el hermano del Señor. En esto que os escribo, he aquí delante de Dios que no miento. Después fui a las regiones de Siria y de Cilicia, y no era conocido de vista a las iglesias de Judea, que eran en Cristo; solamente oían decir: Aquel que en otro tiempo nos perseguía, ahora predica la fe que en otro tiempo asolaba. Y glorificaban a Dios en mí.” (Gálatas 1.11–24, RVR60)

Recordemos que Saulo se encontraba ciego desde el encuentro camino a Damasco, y que por voluntad propia se encontraba en ayunas desde hacía ya tres días. Confundido, meditando en todo su sistema de creencias, y considerando las palabras de Jesús, de repente Saulo se ve sin propósito de vida, sin saber qué hacer ni cómo. Nuestro Señor le capacitó, no le dejó sólo.

Saulo elige bautizarse (bendición espiritual), antes que comer (bendición material), y utiliza los alimentos como medios para estar listo para ir a cumplir con el llamado de Dios para su vida: “En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas”.

El contenido mismo de la predicación de Pablo era una evidencia de su conversión genuina, pues no predicaba de Cristo como un buen hombre, un gran maestro o un profeta iluminado, pues Jesús es eso pero mucho más, Jesús es el Hijo de Dios por naturaleza. Un judío no podía fingir la fe en Cristo, pues de sus labios no podía salir adoración real, reconocimiento de Cristo como Mesías (que es el significado del título “Hijo de Dios”):

Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.” (Romanos 10.8–9, RVR60)

Ante las adversidades que enfrenta al cumplir su llamado, Saulo no se rinde:

Pero Saulo mucho más se esforzaba, y confundía a los judíos que moraban en Damasco, demostrando que Jesús era el Cristo.” (Hechos de los Apóstoles 9.22, RVR60)

Y estaba con ellos en Jerusalén; y entraba y salía, y hablaba denodadamente en el nombre del Señor, y disputaba con los griegos; pero éstos procuraban matarle. Cuando supieron esto los hermanos, le llevaron hasta Cesarea, y le enviaron a Tarso.” (Hechos de los Apóstoles 9.28–30, RVR60)

En resumen, Dios llama pero también limpia, fortalece y capacita. Saulo compromete y dedica su propia vida para enseñar, predicar a Cristo, sin importar el costo que tenga que pagar por ello.

 

El llamado de Dios afecta a la iglesia, los discípulos del Señor

Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo”

El llamado del Señor no es para ser estrellas solitarias, es para ser congregación, por lo que la congregación juega un papel vital en el llamado de sus individuos. Es un discípulo, Ananías, quien pone a un lado su miedo y comparte con Saulo el evangelio, y de manera muy descriptiva Lucas nos informa de lo ocurrido: Ananías llega a la casa, ve al enfermo y confundido Saulo y con amor coloca sus manos sobre él y le llama “Hermano Saulo”. Es por medio de Ananías que Saulo recibe la vista y el Espíritu Santo. Es muy probablemente Ananías quien bautiza al recién convertido y le presenta a la comunidad de los creyentes y discípulos del Señor.

No importa a quienes nos dé, nos envié el Señor, sea que nos inspiren temor o repulsión, habremos de recibirles como amados hermanos, ministrarles a Cristo y mostrarles cómo servir y adorarle a Él. No todos aquellos a quienes hemos sido encomendados a servir serán de fácil trato, agradables, pero a todos debemos darnos por completo.

Por esto mismo son los discípulos los que ahora cuidan y protegen a aquel de quien antes huían:

Pasados muchos días, los judíos resolvieron en consejo matarle; pero sus asechanzas llegaron a conocimiento de Saulo. Y ellos guardaban las puertas de día y de noche para matarle. Entonces los discípulos, tomándole de noche, le bajaron por el muro, descolgándole en una canasta.” (Hechos de los Apóstoles 9.23–25, RVR60)

Cuando llegó a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos; pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuese discípulo. Entonces Bernabé, tomándole, lo trajo a los apóstoles, y les contó cómo Saulo había visto en el camino al Señor, el cual le había hablado, y cómo en Damasco había hablado valerosamente en el nombre de Jesús. Y estaba con ellos en Jerusalén; y entraba y salía, y hablaba denodadamente en el nombre del Señor, y disputaba con los griegos; pero éstos procuraban matarle. Cuando supieron esto los hermanos, le llevaron hasta Cesarea, y le enviaron a Tarso.” (Hechos de los Apóstoles 9.26–30, RVR60)

El llamado al servicio divino cambia no sólo a la persona que es llamada: necesariamente debe cambiar a aquellos involucrados con el llamado, haciéndoles crecer a ellos mismos en el amor y el servicio a su Señor y al prójimo.

Dios te bendice.

 

 

 

 

 

 

Características del llamado del Señor aprendidas de la conversión de Saulo

conversionstpaulSaulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén. Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer. Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas sin ver a nadie” (Hechos de los Apóstoles 9.1–7, RVR60)

 

Introducción

Pero no hallándolos, trajeron a Jasón y a algunos hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando: Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá” (Hechos de los Apóstoles 17.6, RVR60)

Antes de las persecuciones de Saulo de Tarso, la iglesia se encontraba concentrada en Jerusalén. Los Apóstoles, los recién nombrados Diáconos, las Mujeres, y todas las expresiones del ministerio estaban dedicadas a la atención de los creyentes que habitaban Jerusalén, y la comunidad alrededor de estos. Si bien es cierto que los de “el Camino” habían pasado de ser unos 120 a varios miles, su campo de influencia era muy reducido desde el punto de vista geográfico, y en tales condiciones no podían cumplir por completo el vasto y majestuoso llamado de Cristo: alcanzar “lo último de la Tierra” con el testimonio de Él, haciendo a las naciones discípulas de sus enseñanzas.

El efecto de las persecuciones no repercutió únicamente en Samaria y otras provincias de Judea. Como resultado de las persecuciones, el mismo perseguidor rabioso, Saulo de Tarso, fue convertido también y es por causa de su ministerio que en pocos años los judíos de Tesalónica afirmaban que su comunidad había sido alcanzada por los que “trastornan el mundo entero”. En pocos años de ministerio, el mundo entero fue alcanzado por ese joven fariseo, discípulo de Gamaliel, ahora convertido en creyente y siervo de Cristo, Saulo de Tarso, mejor conocido como Pablo, el apóstol.

¿Cuál es el secreto para tener un ministerio tan fructífero como el de Pablo? Partiendo del origen de su llamado mismo, conoceremos cuatros aspectos  vitales del llamado del Señor, necesarios si queremos ser fieles y llevar fruto.

 

Desarrollo

El llamado de Dios no depende de méritos humanos

Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén. Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón.” (Hechos de los Apóstoles 9.1–5, RVR60)

Desde el punto de vista humano, especialmente hebreo, la conducta del joven Saulo es intachable:

“… circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible” (Filipenses 3.5–6, RVR60)

Sin embargo, en la vida de Saulo se evidencia lo que ocurre con el corazón del hombre apegado a la vida religiosa y al cumplimiento de la ley: carente de amor, se convierte en juez, y muchas veces en verdugo.

El pasaje nos dice que Saulo respiraba “amenazas y muerte” contra los creyentes en Cristo, afirmando él mismo, en su discurso ante una turba airada al ser apresado más adelante en Jerusalén, luego de su conversión, y por predicar el evangelio que antes negaba y perseguía:

Perseguía yo este Camino hasta la muerte, prendiendo y entregando en cárceles a hombres y mujeres” (Hechos de los Apóstoles 22.4, RVR60)

Este es el peor de los pecados que pudiera cometer cualquier hombre: creerse justo y, por tanto, tomar el papel de Dios como Juez.

Las palabras de Jesús al encontrarse con Saulo son claras: Saulo no se opone a la iglesia, se opone al Señor mismo:

“… y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón” (Hechos de los Apóstoles 9.4–5, RVR60)

Es evidente la condición de Saulo al ser llamado por el Señor a seguirle: enemigo del Señor.

Si habremos de ser exitosos en nuestro servicio, y como resultado del llamado divino, no será por nuestras cualidades personales, pues no somos dignos del llamado que recibimos.

 

El llamado de Dios demanda sometimiento y obediencia

El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer. Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas sin ver a nadie. Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco, donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió.” (Hechos de los Apóstoles 9.6–9, RVR60)

Al confrontar a Saulo el perseguidor, el Señor no le ruega, tampoco le pide favores. Está claro quién lleva las de perder en este “enfrentamiento”: en palabras del Señor, ¡la actividad de Saulo se asemeja a quien patea un clavo con los pies descalzos!

Siendo que uno es el Señor, su acercamiento a Saulo no puede ser diferente: el escenario, la luz que resplandecía más que el Sol (Hch. 26.13), la voz que se escuchaba proveniente de la luz, la perplejidad de todos los que le acompañaban, capaces como eran de escuchar la voz más sin poder ver al Señor que las profería. ¡Oh, que sorpresa! ¡Cuánto temor debía sobrecoger el corazón de Saulo al escuchar las palabras: “Yo soy Jesús, al que tú persigues”! Aquel que su sola mención disgustaba a los fariseos, a quien consideraban muerto, ¡vive!

Entendiendo todo esto, Saulo se humilla. No discute, no duda, tan sólo somete su voluntad a la autoridad del Señor que le hablaba, diciendo “Señor, ¿qué quieres que yo haga?”.

El someterse y disponerse a obedecer es la mejor evidencia de ser siervo, fiel a quien le llamó. Siendo que la obra es del Señor, y nosotros sus siervos, debemos estar dispuestos siempre a preguntarle “Señor, ¿qué quieres que yo haga?”, y tal como hizo con Saulo, el Señor no nos dejará sin respuesta:

Él, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer” (Hechos de los Apóstoles 9.6, RVR60)

Saulo no se hizo de rogar, y sin importar el quedar ciego a causa de la luz, se somete y es llevado por otros a Damasco, donde pacientemente esperará las instrucciones para lo que debe hacer (vv.7-9)

 

El llamado de Dios es espiritual, no lógico

Había entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en visión: Ananías. Y él respondió: Heme aquí, Señor. Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora, y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista. Entonces Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén; y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre.” (Hechos de los Apóstoles 9.10–14, RVR60)

No era posible para los hermanos entender el plan de Dios al rescatar al perseguidor Saulo (9.21, 26). Aún Ananías, el siervo que el Señor comisiona para sanar y evangelizar a Saulo, expresa su gran temor  ante la tarea que le asignara el Señor:

Entonces Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén; y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre.” (Hechos de los Apóstoles 9.13–14, RVR60)

¿Qué habría ocurrido si Ananías se resiste a cumplir la tarea asignada por el Señor? Sin duda Saulo habría sido asistido por alguien más, pero Ananías se reprocharía toda la vida el no haber sido parte del engrandecimiento del reino de Dios por medio de quien llegaría a ser el más fructífero de los apóstoles.

No siempre entenderemos los métodos ni las herramientas de Señor, pero ¡Maravilloso es saber que eso no importa! Si somos obedientes, con eso es suficiente. No somos quienes para cuestionar ni porfiar con el Sabio y Todopoderoso Dios.

 

El llamado de Dios nos llevará a padecer

El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre.” (Hechos de los Apóstoles 9.15–16, RVR60)

El Señor tiene una tarea especial para Saulo: no sólo hablaría el evangelio a los judíos, pero sería el comisionado para llevar el evangelio ante la mayoría de los habitantes de la Tierra: los gentiles, y con ellos también sus gobernantes. Tan gran privilegio es, sin duda, el sueño de muchos autonombrados ministros, apóstoles, patriarcas.

Para muchos el éxito del mensaje depende de la calidad del auditorio. Si esto es así, Saulo tendría el honor de presentarse ante muchos encumbrados e ilustres hombres (y mujeres) para compartirles el mensaje del evangelio, por lo que su éxito estaría garantizado. Sin embargo, aquí se pone nuevamente a prueba la fe de Saulo, teniendo que tragarse su orgullo e ir a compartir a Cristo con los gentiles, los idólatras gentiles, dándoles esperanza de arrepentimiento, y quitando el juicio condenador que por siempre colocaban los judíos sobre los que no lo eran. Esteban, el primer mártir de la fe, había iniciado a predicar el evangelio a los judíos helénicos mientras Felipe evangelizaba a un etíope funcionario de Candace,  y es Saulo, uno de los verdugos de Esteban, el responsable ahora de predicar a los gentiles.

La obediencia de Saulo no le aseguró ventajas materiales, pero sí mucho dolor y sufrimiento:

Puesto que muchos se glorían según la carne, también yo me gloriaré; porque de buena gana toleráis a los necios, siendo vosotros cuerdos. Pues toleráis si alguno os esclaviza, si alguno os devora, si alguno toma lo vuestro, si alguno se enaltece, si alguno os da de bofetadas. Para vergüenza mía lo digo, para eso fuimos demasiado débiles. Pero en lo que otro tenga osadía (hablo con locura), también yo tengo osadía. ¿Son hebreos? Yo también. ¿Son israelitas? Yo también. ¿Son descendientes de Abraham? También yo. ¿Son ministros de Cristo? (Como si estuviera loco hablo.) Yo más; en trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces. De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias.” (2 Corintios 11.18–28, RVR60)

Servir al Señor no es fácil, no es sencillo, no es barato. Servir al Señor es difícil, es complejo, y cuesta nuestra vida, con todas sus implicaciones.

No podemos servir al Señor en espera de ganancias y bienes materiales. Debemos servirle porque es el Señor. Las ovejas fallarán, el sustento escaseará, pero Jehová siempre estará de nuestro lado, y como el salmista diremos “mi porción es Jehová”.

 

Conclusión

Pero no hallándolos, trajeron a Jasón y a algunos hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando: Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá” (Hechos de los Apóstoles 17.6, RVR60)

El llamado del Señor tiene propósito: cumple su plan y al hacerlo le da la gloria que como Dios y Señor merece. Todo el trabajo de Pablo no le sirvió para ser reconocido como  grande en este mundo, tampoco para ser aplaudido, ni siquiera para enriquecerse o llenarse de buena salud. Sin embargo, todo el trabajo de  Pablo sí sirvió para que “el mundo entero” se llenara del evangelio de su Señor. Los galardones a los que Pablo aspiraba no estaban aquí, estaban escondidos con Cristo en Dios. Tú y yo podemos honrar nuestro llamado tal como lo hizo Pablo, e igualmente con él podemos decir:

He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.” (2 Timoteo 4.7–8, RVR60)