Referente a la Palabra de Dios

La lectura, meditación y aplicación de la Palabra de Dios ocupa un lugar predominante en nuestro tiempo devocional con Dios. De la adecuada interpretación de las Escrituras dependerá nuestro vigor y crecimiento espiritual. La interpretación de las Escrituras tiene dos aspectos importantes a la hora de interpretarla: 1) Dependencia del Espíritu de Dios (Juan 14:26; 1 Cor. 2:12-14; 1 Juan 2:27); 2) La investigación inductiva (1 Pedro 1:10-11).

Por hoy dejo las siguientes recomendaciones a la hora de tener frente a nosotros el texto bíblico:

Recomendaciones generales:

1. Escoger siempre el mismo lugar, preferiblemente nuestra habitación.
2. Escoger un horario fijo temprano en la mañana.
3. Tener una libreta, o recurso digital para tomar notas.
4. Trabajar como máximo un capítulo.

Referente al Texto:

1. Conocer si es el texto es del Antiguo o Nuevo Testamento.
2. Conocer el tipo de lenguaje (Literal, figurado, poético, apocalíptico)
A .Lenguaje literal: Es el que es fiel al sentido original de las palabras.
B. Lenguaje Figurado: Es aquel por el cual una palabra expresa una idea en términos de otra, apelando a una analogía. Ej. Parábola, Metáfora, alegoría, etc.
C. Poesía: Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés, Cantares.
D. Literatura apocalíptica: Daniel, Ezequiel, Zacarías, Apocalipsis.
3. Tomar en cuenta el contexto gramatical, histórico, geográfico, bíblico y teológico.

Preguntas al texto:

1. ¿Quién lo dice?
2. ¿Cuándo lo dice?
3. ¿Por qué lo dice?
4. ¿A quién lo dice?
5. ¿Quién escribe?
6. ¿A quién lo escribe?
7. ¿Por qué lo escribe?
8. ¿A quién lo escribe?
9. ¿Hay mandamientos para mí?
10. ¿Hay cosas que imitar?
11. ¿Hay cosas que desechar?
12. ¿Hay promesas para mí?
13. ¿Qué dice el texto acerca de Dios?
14. ¿Qué dice el texto acerca de Jesucristo?
15. ¿Qué dice acerca de la Iglesia?
16. ¿Qué dice acerca de Satanás?

(Tomado del muro de Facebook del Ps. Alberto Moneró Rijo)

El valor de la disciplina

“Sin disciplina, nadie ha alcanzado eminencia alguna, y nadie que la haya alcanzado, la ha mantenido jamás sin disciplina”

«Nunca se ha logrado nada sin disciplina; y muchos atletas y muchos hombres se han echado a perder porque abandonaron la disciplina y se volvieron cada vez más inactivos. Coleridge [el poeta inglés Samuel Taylor Coleridge, más conocido por sus poemas «La balada del viejo marinero» y «Kubla Khan»] es la mayor tragedia de la indisciplina. Jamás una mente tan genial produjo tan poco. Dejó la Universidad de Cambridge para incorporarse al ejército; pero abandonó el ejército porque, a pesar de toda su erudición, no podía almohazar a un caballo; volvió a Oxford y se marchó sin graduarse. Inició un periódico llamado The Watchman (El Vigilante), que vivió diez ejemplares y después dejó de existir. De él se ha dicho: «Se perdía en las visiones del trabajo que tenía por hacer, que siempre quedaba por hacer. Coleridge tenía todos los dones poéticos, excepto uno: el don del esfuerzo constante y concentrado». Tenía toda clase de libros en su cabeza y en su mente, como se decía a sí mismo: «Completos, salvo por la transcripción». «Estoy en la víspera —decía—de enviar a la imprenta dos volúmenes pequeños». Pero los libros nunca se escribieron fuera de la mente de Coleridge porque él no se sometió a la disciplina de sentarse a escribirlos. Sin disciplina, nadie ha alcanzado eminencia alguna, y nadie que la haya alcanzado, la ha mantenido jamás sin disciplina.»

(William Barclay, citado por Donald S. Whitney en el libro “Disciplinas Espirituales para la Vida Cristiana”)