La Epístola de Santiago en la Historia

Santiago, hermano del Señor

Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus que están en la dispersión: Salud.” (Santiago 1.1, RVR60) 

Introducción

La Epístola de Santiago en la Historia

Pocas cartas del Nuevo Testamento ha sido objeto de tan variadas controversias a lo largo de la historia como esta de Santiago. Las discusiones van desde el entender cuál Santiago es quien escribe, y con esto determinar igualmente su inspiración y su parte en el Canon del Nuevo Testamento, hasta su contenido y teología comparada o contrapuesta con la del Apóstol Pablo, y de estas controversias nos haremos eco en breve. Hoy en día pocos libros son más utilizados en la vida y estudio personal de los creyentes, de las razones acerca de esto me referiré en breve, pero antes cabe señalar que su popularidad nos ha traído el aporte valioso de obras escritas a manera de comentarios sobre este libro en el inglés traducidos al español (“Comentario al Nuevo Testamento: Santiago & 1-3 de Juan” de Simon Kistemaker, “Comentario de la Epístola de Santiago” de Douglas J. Moo, y “La Epístola de Santiago: La Fe que actúa” de C. P. Plooy) y mi preferida por su gran utilidad didáctica y por ser escrita por el mejor teólogo hispano de nuestra era, el Dr. Evis Luis Carballosa, quien en su libro “Santiago: Una Fe en Acción” no sólo comenta el contenido del libro pero provee a los que tienen interés de crecer en el estudio de la Palabra de un instructivo de tres divisiones sobre Hermenéutica, Exégesis y Homilética.

Douglas J. Moo, en la introducción de su libro antes mencionado, sugiere tres razones por las que el libro ha ganado un espacio importante entre los creyentes de nuestra generación:

En primer lugar, Santiago es increíblemente práctica; por eso los creyentes que buscan una guía específica para la vida cristiana la valoran enormemente. El texto de 1:22 define muy bien este libro y es, quizá, uno de los mandamientos más conocidos de todo el NT: «Sed hacedores de la Palabra y no tan solo oidores que se engañan a sí mismos». Este libro está lleno de mandamientos claros y directos como este. De hecho, la frecuencia de imperativos en la Epístola de Santiago es mayor que en el resto de los libros del NT. El propósito de Santiago no es tanto informar, sino amonestar, exhortar y animar.

Un segundo factor que hace que Santiago sea una epístola muy querida entre los creyentes es su concreción. En muy pocas ocasiones desarrolla de forma extensa los temas de que habla. Se contenta con mencionar una idea, y enseguida dar paso a lo siguiente.

En tercer lugar, la gran cantidad de metáforas e ilustraciones que Santiago usa hacen que su enseñanza sea fácil de entender y de recordar. La ola del mal impulsada por el viento, la flor que se marchita, el rostro que se refleja en un espejo, el freno del caballo, el timón de un barco, el fuego destructor, la fuente de agua, el hombre de negocios que se jacta del mañana, las riquezas podridas, la ropa comida por la polilla; casi todas, imágenes de carácter universal.

Tal como dice Daniel Carro, en el Comentario Bíblico Mundo Hispano Tomo 23, esta epístola es la única del Nuevo Testamento que por su carácter resulta un libro enfocado en la sabiduría a la manera que se enseña en el libro de Proverbios, siendo su contenido sencillo pero digerible para todos:

La pieza de literatura conocida como “Epístola universal de Santiago” es una obra de literatura de sabiduría, quizá la única en su estilo en todo el NT. Es una obra pequeña, de pretensiones humildes, casi insignificante frente a las imponentes obras de la literatura paulina; pero es una obra densa, importante y muy significativa desde el punto de vista de un cristiano comprometido que quiere de veras vivir como Jesús.[1]

Acerca de las controversias alrededor de esta epístola, debo comenzar por el reconocimiento de la misma como inspirada. De acuerdo con Moo, citando a L. T. Johnson, hay referencias (indirectas) al contenido de esta en la 1ra Epístola de Clemente (que se considera fue escrita alrededor del 95 d. C.) y en El Pastor de Hermas (primera mitad del S. II). De acuerdo con Carballosa, es Orígenes de Alejandría el primero en mencionar a Santiago (al debatir sobre los hermanos del Señor). Eusebio, en su Historia Eclesiástica, coloca a Santiago (al elaborar el Canon del Nuevo Testamento) entre los que llama “antilegómena”, o sea, libros sobre los cuales habían surgido preguntas sobre su autenticidad, pero lo distingue de los que ya eran reconocidos como espurios.

El estado de Santiago como libro canónico volvió a cuestionarse en el tiempo de la Reforma. El estudioso humanista Erasmo cuestionó el origen apostólico de la carta, diciendo que no era posible que un hermano de Jesús escribiera en un griego tan perfecto. Lutero también dudó de su origen apostólico, pero su crítica fue mucho más lejos. Sus objeciones eran principalmente teológicas. La búsqueda de Lutero de la paz con Dios le llevó a descubrir la enseñanza paulina sobre la justificación por fe. La justificación por fe se convirtió para él y para sus seguidores, tal como dicen los teólogos luteranos, «en la doctrina sobre la cual la Iglesia se sostiene». Para Lutero, la doctrina de la justificación por la fe tuvo un papel muy prominente a la hora de definir la Teología del NT, y quizá por eso le resultó muy difícil enfrentarse a cartas como la de Santiago donde no solo no se menciona esa doctrina, sino que además, ¡parece que se la critica! Lutero dijo que la Epístola de Santiago «mutila las Escrituras y por tanto es opuesta a la enseñanza paulina y a toda la Escritura» (LW 35:397). Santiago era «una epístola de paja» (LW 35:362), que debía quedar relegada al final del NT, junto con Judas, Hebreos y Apocalipsis. Parece ser que Lutero no tenía claro que la Epístola de Santiago mereciera el mismo respeto que los documentos neotestamentarios más «centrales». Pero no deberíamos exagerar la fuerza de esta crítica. Lutero no excluyó esta epístola del canon, y la cita con frecuencia en sus escritos.7 Encontramos una valoración equilibrada de la opinión que Lutero tenía de Santiago en una afirmación que él mismo hizo: «No puedo incluir esta epístola entre los libros principales, pero no impediría a nadie que quisiera incluirla, o a nadie que quisiera alabarla, pues ciertamente contiene muchas enseñanzas de gran valor» (LW 35:397)

El primer versículo del libro nos revela tres cosas sobre este libro: el autor, los destinatarios, y el deseo del autor con respecto a estos.

A. El autor: se nos dice que el escritor es Santiago, y entendemos que este es el hermano del Señor Jesucristo. En su condición de familiaridad con Cristo entiende que el valor principal no es haber nacido del mismo vientre de Cristo, pero más bien el alcanzar el honroso privilegio de ser su “siervo” (δοῦλος), que no es un simple ayudador pero más bien un esclavo a tiempo completo. Algunos detalles sobre el autor y su relación con Cristo se muestran a continuación.

  • Uno de los nombres comunes en el tiempo del NT, que contribuían a entender lo mixto del mundo judío bajo el dominio del Imperio Romano (Jacobo es Santiago):
  • De los cuatro mencionados en el Nuevo Testamento, 3 se mencionan directamente en Hechos 1.13, y el cuarto se encuentra implícito en 1.14.
  • En Mateo 13.54-58 se menciona junto a los demás miembros de la familia del Señor (los judíos menospreciaban el discurso del Señor por lo humilde de su origen terrenal; cf. Marcos 6.3-6)
  • No creía en su hermano como Señor y Salvador (Juan 7.1-10)
  • Su conversión vino a ser resultado del testimonio de Jesús después de la Resurrección (1 Corintios 15.7; cf. Hechos 1.14)

Una y otra vez, los paralelos más cercanos de Santiago los encontramos en las enseñanzas de Jesús, sobre todo, las recogidas en el Evangelio de Mateo. Y los temas que trata y la forma en que los trata son un reflejo de los énfasis del propio Jesús. Parece ser que el autor de la epístola ha interiorizado tanto las enseñanzas de Jesús que las puede transmitir casi de forma inconsciente.

  • Ya para el año 44 d. C. había alcanzado reputación y autoridad en la iglesia de Jerusalén (Hechos 12.17)
  • Encabezó el 1er Concilio en Jerusalén (Hechos 15.13-29), por lo que Pablo le reconoce como “columna” de la iglesia en Jerusalén (Gálatas 1.19, 2.9) y más adelante le rinde informe sobre el avance del ministerio suyo entre los gentiles (Hechos 21.17-25)
  • Su hermano Judas, al escribir su breve epístola universal, se relaciona con Jesús como siervo, y a la vez como hermano de Jacobo (Judas 1)

B. Los destinatarios: los creyentes judíos en la dispersión; esta dispersión muy probablemente ocurrió a partir de las persecuciones ocurridas por parte de los judíos (encabezados por Saulo)

Y Saulo consentía en su muerte. En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles. Y hombres piadosos llevaron a enterrar a Esteban, e hicieron gran llanto sobre él. Y Saulo asolaba la iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel. Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio.” (Hechos de los Apóstoles 8.1–4, RVR60)

Ahora bien, los que habían sido esparcidos a causa de la persecución que hubo con motivo de Esteban, pasaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, no hablando a nadie la palabra, sino sólo a los judíos.” (Hechos de los Apóstoles 11.19, RVR60) 

Como líder de la iglesia de Jerusalén, Jacobo estaba en la posición ideal para escribir a los cristianos judíos que se habían visto obligados a marchar de Jerusalén y alrededores debido a la persecución. De hecho, la situación que Lucas describe en Hechos 11:19 encaja muy bien con el contexto que proponemos: «Ahora bien, los que habían sido esparcidos a causa de la persecución que sobrevino cuando la muerte de Esteban, llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, no hablando la Palabra a nadie, sino solo a los judíos». Podemos imaginarnos a aquellos cristianos dejando sus casas e intentado empezar de nuevo en un ambiente hostil; como suele ocurrir con todo pueblo desplazado, su fe iba a ser probada. Y Jacobo, como su «pastor» que era, querría animarles y aconsejarles.

C. El deseo del autor para los destinatarios: Salud. Esta expresión (χαίρω) se refiere a un tiempo de regocijo. Es evidente que en la mente pastoral de Santiago existe la preocupación por el estado espiritual y emocional de los hermanos de la diáspora, quienes habían abandonado familia, posesiones y bienes, y que probablemente eran menospreciados y se encontraban necesitados de múltiples cosas. Al desearles el regocijo en una situación como la que vivían no era cruel o ignorante, pero más bien les vigorizaba al invitarles a prestar atención a lo que es importante, pues al desarrollar la carta en el próximo versículo les dice:

“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia” (1.2-3)

De esto hablaremos en la próxima ocasión, pero baste con decir que si estamos experimentando múltiples y variadas pruebas podemos y debemos tener gozo en ello, pues es una muestra del amor de nuestro Buen Dios por nosotros y nuestro crecimiento espiritual, pues las pruebas pretenden producir la paciencia que nos llevará a ser “perfectos y cabales”.

Dios les bendice.


[1] Cevallos, J. C. (2006). Comentario Bíblico Mundo Hispano tomo 23: Hebreos, Santiago, 1 Y 2 Pedro, Judas (p. 175). El Paso, TX: Editorial Mundo Hispano.

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