“He aquí la sierva del Señor” (2)


Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María. 

Lucas 1.26–27, RVR60

(Ver primera parte aquí)

María, su origen y contexto

Las palabras introductorias a María en el evangelio nos comunican mucho más de lo que leemos en principio:

Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María.” (Lucas 1.26–27, RVR60)

La expresión “al sexto mes” conecta este pasaje con la historia anterior, la que narra otro milagro de concepción (esta vez de una anciana estéril) anunciada por el mismo ángel (1.5-25), que traería como resultado el nacimiento de Juan el Bautista. Además de la vinculación ministerial de este con Jesús, el relato se nos brinda para entender la conexión familiar entre María y Elisabet (1.36, 39-45). Es evidente que este es el plan de Dios y no las casualidades que se dan entre los hombres.

En obediencia a dicho plan, Gabriel es enviado a “una ciudad de Galilea, llamada Nazaret”. De acuerdo con lo que relata la Escritura misma, Galilea no tenía la mejor de las reputaciones entre los judíos; en tiempos de Salomón, 20 ciudades de Galilea fueron dadas como presente a Hiram, rey de Tiro que había colaborado ampliamente con la construcción del templo (1 Reyes 9.10-11). Por esto, esta región fue luego bautizada como “Galilea de los gentiles”, siendo reconocida en el Antiguo y Nuevo Testamento como “tierra de sombra de muerte”, y sus habitantes como “pueblo que andaba en tinieblas” (Isaías 9.1-2, Mateo 4.12-16). Los judíos despreciaban a los galileos, tanto que dudaban que de allí pudiera venir el Mesías:

Respondieron y le dijeron: ¿Eres tú también galileo? Escudriña y ve que de Galilea nunca se ha levantado profeta.” (Juan 7.52, RVR60)

Este debate no es nada comparado con la opinión que tenían de la ciudad específica de María, la ciudad de Nazaret:

Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret. Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve.” (Juan 1.45–46, RVR60)

María no provenía de la aristocracia gobernante, tampoco era una señorita de la capital, Jerusalen. Era una mujer humilde, de una región poco apreciada en Israel, que probablemente era solo superada por Samaria en cuanto al repudio nacionalista de los judíos. Celso, un filósofo griego del segundo siglo, escribió en su libro “El verdadero Logos” que la ciudad era notoria por la corrupción, los vicios y la prostitución. Y de entre estos, María halló gracia ante el Señor.


No importa de dónde vengamos, tampoco que tanta erudición, reconocimiento o recursos tenemos, Dios tiene mayor gracia a favor nuestro. Su gracia es suficiente para cubrir las deficiencias que todo ser humano tiene ante su grandeza y majestad.

La siguiente frase trae detalles adicionales: “una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David…”.

La virginidad de María era una necesidad y requisito para el nacimiento del Señor Jesucristo: el Señor lo había profetizado así (Isaías 7.14), era una señal del Poder Divino a favor de su pueblo. Esta es probablemente la característica de María que más engrandece a Cristo Jesús, pues el nacimiento virginal de Cristo tenía que ver con la gloria del Señor y no con la gloria de María. Pero sobre todo, era la manera de enseñar que todo lo que ocurría en el vientre de María era dirigido por Dios Padre, por lo que ninguna duda debía existir acerca de la procedencia de Jesús y su relación con el Padre como su Unigénito Hijo. En palabras de John MacArthur:

“El nacimiento virginal es una suposición subyacente en todo lo que la Biblia dice acerca de Jesús. Desechar el nacimiento virginal es rechazar la deidad de Cristo, la exactitud y la autoridad de las Escrituras, y una serie de doctrinas relacionadas con el centro de la fe cristiana. Ningún problema es más importante que el nacimiento virginal para nuestra comprensión de quién es Jesús.”[1]

Era necesario que Jesús naciese de una virgen porque en el Plan Redentor era necesario que el Hijo de Dios llegara a ser a la vez el Hijo del Hombre, para ser así el verdadero y único mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre:

Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo.” (1 Timoteo 2.5–6, RVR60)

Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.” (Hebreos 4.14–16, RVR60)

Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.” (1 Juan 5.20, RVR60)

No sólo se nos comparte el testimonio de María acerca de su propia virginidad (v. 34), pero igualmente la respuesta de José ante la noticia del embarazo nos provee suficiente información para entender a María como virgen:

El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo. José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente. Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor pormedio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros. Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS.” (Mateo 1.18–25,RVR60)

María estaba desposada con José, descendientede David (como asumimos también era María si consideramos la genealogía del Evangelio de Lucas como la de ella), un simple carpintero (Mateo 13.55) pero igualmente un varón justo (Mateo 1.19). En la sociedad de aquel entonces una mujer sin marido era prácticamente invisible, y sólo encontraba validarse a sí misma al casarse (consideremos como ejemplo la historia de Jefté narrada en Jueces 11.34-40). El desposorio no era un matrimonio, tampoco un noviazgo al estilo occidental, pues era el compromiso definitivo que tomaban los padres de la novia con el novio (o con sus padres) previo al matrimonio; este se extendía por un año y los novios no podían tener contacto físico, pues la relación era directamente supervisada por los padres, y solo podía disolverse con el divorcio. Este carácter de pureza era tal, y de tanto valor el compromiso, que la violación traía castigo:

Si hubiere una muchacha virgen desposada con alguno, y alguno la hallare en la ciudad, y se acostare con ella; entonces los sacaréis a ambos a la puerta de la ciudad, y los apedrearéis, y morirán; la joven porque no dio voces en la ciudad, y el hombre porque humilló a la mujerde su prójimo; así quitarás el mal de en medio de ti. Mas si un hombre hallare en el campo a la joven desposada, y la forzare aquel hombre, acostándose con ella, morirá solamente el hombre que se acostó con ella; mas a la joven no le harás nada; no hay en ella culpa de muerte; pues como cuando alguno se levanta contra su prójimo y le quita la vida, así es en este caso. Porque él la halló en el campo; dio voces la joven desposada, y no hubo quien la librase.” (Deuteronomio 22.23–27, RVR60)

José desistió de repudiarla en secreto no porque la amara (el amarla era la razón para que el repudio no fuera público), pero porque fue convencido por Dios que le envió su ángel para hacerle entender que ella seguía siendo virgen, que no le había faltado, y que su concepción era un milagro que Dios estaba obrando para la salvación de Su pueblo (Mateo 1.18-24)

La última de las frases a considerar hoy es breve pero no por ello insignificante: “… y el nombre de la virgen era María.

El nombre “María” se deriva del hebreo “Mara”, de donde provienen otros nombres como “Marian” y “Miriam”, y significa “amargura”. El término se emplea para describir las aguas de un cierto lugar que, por amargas, eran imposibles de beber (Exodo 15.22-27), pero es en la vida de Noemí (que significa “placentera”) donde mejor podemos entender el significado para los hebreos, pues era un asunto más que culinario:

Y ella les respondía: No me llaméis Noemí, sino llamadme Mara; porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso.” (Rut 1.20, RVR60)

Los nombres entre los hebreos tenían un significado real, que reflejaba el contexto de vida de quien lo portaba. Por todo lo que mencionamos acerca de Galilea y de Nazaret sería fácil para nosotros comprender el dolor, las dificultades y precariedades en las que debió crecer esta mujer. Su vida al parecer tenía suficientes razones para ella misma llenarse de amargura, ¿sería esto menos ante el anuncio del ángel Gabriel? En realidad no.

María fue informada por el ángel Gabriel de que había hallado gracia ante los ojos del Señor, participando del Plan de Redención de la humanidad, por lo que sería “bendecida” y “muy favorecida”, pero el precio a pagar sin duda sería altísimo para ella.

José, su consorte, dudó de ella y de su pureza (como ya vimos). De repudiarla a la manera de la ley mosaica, María enfrentaba una condena a ser apedreada hasta morir. De no hacerlo, quedaba expuesta por siempre al “qué dirán”. El ya mencionado Celso, en su libro “El verdadero logos”,  procuraba atacar a los cristianos y su fe, y denostaba a Jesús y su procedencia, sugiriendo que María se había embarazado de un soldado romano llamado Tiberius Julius Abdes Pantera, quien habría entrado en la oscuridad de la noche a la cama de María y a quien ella confundiera con José, teniendo sexo con  ella y dejándola embarazada. Aunque José procuró separarse de ella discretamente, parece ser obvio que tal discreción no fue suficiente para evitar que la comunidad descubriera el embarazo de María antes del matrimonio y que así fuera ella envilecida a los ojos del pueblo; Elisabet, por ejemplo, supo del embarazo de manera sobrenatural y no pudo contener su alegría y alabó a la criatura en el vientre de María, pero a la vez pudo haber hecho público el embarazo (Lucas 1.39-45).

María, además, debió ser testigo de primera mano de los ataques hacia su hijo (Marcos 3.21-35), y acompañarle hasta la misma crucifixión (Mateo 27.55-56, Juan 19.25-27).

¿Cuál fue la respuesta de María?

Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia.

Lucas 1.38, RVR60)

¡Que grande era su fe, y cuan comprometido su amor por el Señor! Antes que reverenciarla, deberíamos todos procurar aprender de ella estas hermosas y magníficas cualidades.

Sea, pues, esta nuestra oración en este día.


[1] Traducido del artículo “Why the Virgin Birth IsEssential”, de John MacArthur

El Verbo de Dios

«En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Éste era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.» Juan‬ ‭1:1-3‬ ‭RVR1960‬‬

La principal tarea del estudiante serio de las Sagradas Escrituras es entender el mensaje como fue comunicado originalmente; la relación entre el escritor inspirado por el Espíritu Santo y los lectores originales, además del propósito por el cual el primero se comunica con los otros son vitales al momento de entender la organización del material del libro y su contenido. Pocos libros del Nuevo Testamento facilitan la tarea del estudiante como el Evangelio de Juan:

«Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.» Juan‬ ‭20:30-31‬ ‭RVR1960‬‬

La intención, pues, del autor es mucho más que la de informar acerca de algunos hechos históricos, relevantes, de la vida de Jesús de Nazaret, pero más bien que los lectores sean convencidos (el verbo “creer” es el griego πιστεύω, que significa “confiar”, “tener fe”) de que Jesús es:

  1. El Cristo, el Mesías prometido en el Antiguo Testamento para liberar de la esclavitud al Pueblo de Dios, y establecer un reino de justicia perdurable.
  2. El Hijo de Dios; no “un hijo de Dios”, pero más bien “EL Hijo de Dios”, pues la relación que hay entre el Padre y su Hijo Jesús es única e irrepetible.

Además, Juan espera que el convencimiento de los lectores de los asuntos antes mencionados produzca un cambio eterno en la vida de los lectores: vida en el nombre de Jesús. Esta frase comunica:

a. La necesidad de tomar una decisión; al reconocer quién es Jesús, y ser convencidos de que es “el Cristo, el Hijo del Dios Viviente”, nos es necesario decidir cuál es su lugar en nuestras vidas, pues como Mesías nos trae normas de libertad y justicia, y como Hijo de Dios nos aplica tal libertad y justicia para que ahora seamos capaces de tener comunión real con el Padre.

b. La realidad de que esta decisión es una verdad cada día; el verbo “creyendo” en el griego original es una conjugación del verbo “creáis”, en presente activo participio, lo que quiere decir que los creyentes intencionalmente confían continuamente que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios Viviente.

c. La vida como beneficio de nuestra fe; dos cosas pudiera significar esta frase de “tengáis vida en su nombre”. La primera es que a no ser que se confíe en el nombre de Cristo no se tiene vida. ¡Así mismo! La idea de que una vida sin Cristo es en realidad la muerte inicia en el Génesis, cuando Dios dice a Adán que si le desobedece “ciertamente morirás”, y es justo lo que Jesús como Mesías e Hijo Unigénito del Padre viene a corregir, sólo se necesita creer en Él, en “su nombre” para tener vida.

A no ser que se confíe en el nombre de Cristo no se tiene vida

La segunda es que una vez se confía en Cristo se tiene una nueva vida. No se puede confiar en Cristo y no luchar por vivir conforme a esa vida nueva que nos separa de la muerte, que nos permite acercarnos al Padre Celestial.

Durante las semanas siguientes continuaremos nuestras reflexiones en el Evangelio de Juan, y nuestra sincera oración es que podamos crecer en fe y confianza en nuestro Señor Jesucristo.

Dios les bendice.

¿Qué significa la invitación paulina a que “sigamos la paz y lo que contribuye a la mutua edificación”?

Probablemente la manera más simple de abordarlo habría de ser, considerando el contexto de la declaración y su similar en Corintios, que en lugar de unirnos en nuestras diferencias (es decir, identificar las diferencias como razón de con quién tener comunión y con quién no), en lugar de querer imponer nuestro criterio en cuanto a formas, más bien nos enfoquemos en aquellas cosas que nos unen, que nos hacen ser mejores y a la vez nos ayuda a hacer a nuestros hermanos mejores, algunas de las cuales menciona el apóstol en su carta a las iglesias de Efeso:

“Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.”

Efesios 4:1-6 RVR1960

Sin embargo, es evidente que la paz no es el objetivo en sí mismo, tampoco la unidad: ambas tienen límites. El Señor no sólo ordena que no nos unamos en yugo desigual con los incrédulos (2 Corintios 6.14-17), también ordena que evitemos comunión con los que llamándose hermanos viven desordenadamente (1 Corintios 5.9-13). De la misma manera nos exige el Señor celo por la doctrina, no necesariamente por un aspecto de verdad o por un sistema teológico, pero por sí por toda La Verdad, la doctrina claramente revelada y enseñada en la Escritura, pues es esa Verdad la que nos enseña el carácter y el Ser de Dios al igual que la miseria y decadencia del ser humano, debiendo entonces el creyente evadir y rechazar a todos los que contravienen la “sana doctrina”. A los tales debemos denunciar, y evitar incluso el tener contacto con sus vestiduras.

“Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.” Gálatas 1:6-9 RVR1960

“También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita… Y de la manera que Janes y Jambres resistieron a Moisés, así también éstos resisten a la verdad; hombres corruptos de entendimiento, réprobos en cuanto a la fe.” 2 Timoteo 3:1-5, 8 RVR1960

“Al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación deséchalo, sabiendo que el tal se ha pervertido, y peca y está condenado por su propio juicio.” Tito 3:10-11 RVR1960

“Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros. Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas. No os he escrito como si ignoraseis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira procede de la verdad. ¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Éste es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiese al Hijo, tiene también al Padre.” 1 Juan 2:19-23 RVR1960

“Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo. Mirad por vosotros mismos, para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que recibáis galardón completo. Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido! Porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras.” 2 Juan 1:7-11 RVR1960

“Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos… A algunos que dudan, convencedlos. A otros salvad, arrebatándolos del fuego; y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne.” Judas 1:3, 22-23 RVR1960

R. C. Sproul – “¿Quién es Jesús?”

En la serie “Respuestas a Preguntas Cruciales”, el Dr. R. C. Sproul (1939-2017) compartió conceptos teológicos de gran importancia de una manera sencilla, entendible, para que todos pudiéramos encontrar luz a cuestiones básicas de la fe.

De estos, el libro “¿Quién es Jesús?” es probablemente uno de los mejores recursos de Cristología en el idioma español, con la gran ventaja de poder obtenerse la versión digital de manera gratuita (al igual que toda la serie).

Como una forma de dar a conocer el legado de este siervo de Dios, quisiera compartirte este libro, sabiendo de antemano que será de gran bendición a tu vida.

Puedes descargarlo desde este enlace.

Una verdadera palabra de Fe


“Y Jesús fue con ellos. Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo; por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti; pero dí la palabra, y mi siervo será sano.” ‭‭S. Lucas‬ ‭7:6-7‬ ‭RVR1960

‬‬No “mi palabra”, no “yo declaro”… una humilde actitud y una humilde petición, aprendamos del centurión a entonces decir con fe: “Jesús, dí la palabra”.

¡Sea Su Nombre alabado por siempre!

Consecuencias del llamado del Señor aprendidas de la conversión de Saulo

jesus-touch-blind-manEl Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre. Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo. Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado. Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas. Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco. En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que éste era el Hijo de Dios. Y todos los que le oían estaban atónitos, y decían: ¿No es éste el que asolaba en Jerusalén a los que invocaban este nombre, y a eso vino acá, para llevarlos presos ante los principales sacerdotes? Pero Saulo mucho más se esforzaba, y confundía a los judíos que moraban en Damasco, demostrando que Jesús era el Cristo. Pasados muchos días, los judíos resolvieron en consejo matarle; pero sus asechanzas llegaron a conocimiento de Saulo. Y ellos guardaban las puertas de día y de noche para matarle. Entonces los discípulos, tomándole de noche, le bajaron por el muro, descolgándole en una canasta. Cuando llegó a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos; pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuese discípulo. Entonces Bernabé, tomándole, lo trajo a los apóstoles, y les contó cómo Saulo había visto en el camino al Señor, el cual le había hablado, y cómo en Damasco había hablado valerosamente en el nombre de Jesús. Y estaba con ellos en Jerusalén; y entraba y salía, y hablaba denodadamente en el nombre del Señor, y disputaba con los griegos; pero éstos procuraban matarle. Cuando supieron esto los hermanos, le llevaron hasta Cesarea, y le enviaron a Tarso. Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo.” (Hechos de los Apóstoles 9.15–31, RVR60)

 

Introducción

El llamado del Señor es inapelable. En la pasada semana pudimos conocer en detalle las características del divino llamado partiendo del que recibiera Saulo de Tarso, quien luego llegara a ser conocido como el apóstol Pablo. Pudimos entender que el llamado de Dios no depende de méritos humanos, pues Saulo era un perseguidor de la iglesia, un enemigo de Dios y aun así la gracia de Dios le alcanzó. En el día de hoy podremos profundizar en la elección de Dios y los resultados del llamado divino.

Cuando el Señor encomienda a Ananías el asistir a Saulo en su conversión y este muestra dudas sobre esta misión, el Señor le revela Su propósito al rescatar a Saulo y comisionarlo al ministerio. Las palabras del Señor no pueden ser más elocuentes:

a) “… instrumento escogido me es éste…”

La palabra griega para “instrumento” (σκευ̂ος) se refiere a las vasijas de uso común en las casas del oriente medio en la antigüedad. En su segunda carta a Timoteo, el apóstol Pablo usa esta figura para describir la autoridad que tiene el Señor sobre todos, incluso los que como Himeneo y Fileto “que se desviaron de la verdad, diciendo que la resurrección ya se efectuó, y trastornan la fe de algunos” (2 Timoteo 2.18, RVR60). Pablo nos dice:

Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo. Pero en una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles. Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra.” (2 Timoteo 2.19–21, RVR60)

 “Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros,” (2 Corintios 4.7, RVR60)

En Romanos, el apóstol Pablo es inspirado por el Señor para utilizar ambas expresiones (“instrumento” y “escogido”):

… pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama… Pero me dirás: ¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién ha resistido a su voluntad? Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra? ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria, a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no sólo de los judíos, sino también de los gentiles?” (Romanos 9.11, 19–24, RVR60)

De nuevo podemos comprender que la elección es un acto soberano de Dios, que no depende de nosotros, y que el papel que nos corresponde jugar es el de ser instrumentos, por lo que debiéramos limpiarnos y prepararnos para ser las mejores y más útiles vasijas que podamos ser.

Jesús dijo a sus discípulos:

No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.” (Juan 15.16, RVR60)

b) “… para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel”

En el caso de Saulo, su misión consistiría en anunciar el Nombre de aquel a quien antes perseguía, de aquel a quien no pudo reconocer cuando se le apareció por primera vez camino a Damasco.

c) “… le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre”

Sus padecimientos por causa del Evangelio fueron bien documentados por Lucas en el libro de los Hechos, y por el mismo apóstol en sus cartas (ver especialmente 2 Corintios 11.16-31)

En los siguientes versos podemos notar los efectos inmediatos, las consecuencias del llamado de Saulo en su propia vida, en la vida de la iglesia y en la vida de la comunidad perdida. Es mi oración sincera que Dios pueda hablarnos en esta mañana, y comunicar esperanza a nuestras vidas al conocer que las mismas cosas nos ocurren o nos deben ocurrir a nosotros.

 

Desarrollo

El llamado de Dios nos afecta personalmente

Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo. Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado. Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas. Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco. En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que éste era el Hijo de Dios.” (Hechos de los Apóstoles 9.17–20, RVR60)

Pablo recibe del Señor no tan sólo un llamado a ser un instrumento útil y escogido, pero también es limpiado de sus impurezas y debilidades, y capacitado por el Señor para la tarea, tal como narra el mismo Pablo en su carta a los hermanos en Galacia:

Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo. Porque ya habéis oído acerca de mi conducta en otro tiempo en el judaísmo, que perseguía sobremanera a la iglesia de Dios, y la asolaba; y en el judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres. Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles, no consulté en seguida con carne y sangre, ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; sino que fui a Arabia, y volví de nuevo a Damasco. Después, pasados tres años, subí a Jerusalén para ver a Pedro, y permanecí con él quince días; pero no vi a ningún otro de los apóstoles, sino a Jacobo el hermano del Señor. En esto que os escribo, he aquí delante de Dios que no miento. Después fui a las regiones de Siria y de Cilicia, y no era conocido de vista a las iglesias de Judea, que eran en Cristo; solamente oían decir: Aquel que en otro tiempo nos perseguía, ahora predica la fe que en otro tiempo asolaba. Y glorificaban a Dios en mí.” (Gálatas 1.11–24, RVR60)

Recordemos que Saulo se encontraba ciego desde el encuentro camino a Damasco, y que por voluntad propia se encontraba en ayunas desde hacía ya tres días. Confundido, meditando en todo su sistema de creencias, y considerando las palabras de Jesús, de repente Saulo se ve sin propósito de vida, sin saber qué hacer ni cómo. Nuestro Señor le capacitó, no le dejó sólo.

Saulo elige bautizarse (bendición espiritual), antes que comer (bendición material), y utiliza los alimentos como medios para estar listo para ir a cumplir con el llamado de Dios para su vida: “En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas”.

El contenido mismo de la predicación de Pablo era una evidencia de su conversión genuina, pues no predicaba de Cristo como un buen hombre, un gran maestro o un profeta iluminado, pues Jesús es eso pero mucho más, Jesús es el Hijo de Dios por naturaleza. Un judío no podía fingir la fe en Cristo, pues de sus labios no podía salir adoración real, reconocimiento de Cristo como Mesías (que es el significado del título “Hijo de Dios”):

Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.” (Romanos 10.8–9, RVR60)

Ante las adversidades que enfrenta al cumplir su llamado, Saulo no se rinde:

Pero Saulo mucho más se esforzaba, y confundía a los judíos que moraban en Damasco, demostrando que Jesús era el Cristo.” (Hechos de los Apóstoles 9.22, RVR60)

Y estaba con ellos en Jerusalén; y entraba y salía, y hablaba denodadamente en el nombre del Señor, y disputaba con los griegos; pero éstos procuraban matarle. Cuando supieron esto los hermanos, le llevaron hasta Cesarea, y le enviaron a Tarso.” (Hechos de los Apóstoles 9.28–30, RVR60)

En resumen, Dios llama pero también limpia, fortalece y capacita. Saulo compromete y dedica su propia vida para enseñar, predicar a Cristo, sin importar el costo que tenga que pagar por ello.

 

El llamado de Dios afecta a la iglesia, los discípulos del Señor

Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo”

El llamado del Señor no es para ser estrellas solitarias, es para ser congregación, por lo que la congregación juega un papel vital en el llamado de sus individuos. Es un discípulo, Ananías, quien pone a un lado su miedo y comparte con Saulo el evangelio, y de manera muy descriptiva Lucas nos informa de lo ocurrido: Ananías llega a la casa, ve al enfermo y confundido Saulo y con amor coloca sus manos sobre él y le llama “Hermano Saulo”. Es por medio de Ananías que Saulo recibe la vista y el Espíritu Santo. Es muy probablemente Ananías quien bautiza al recién convertido y le presenta a la comunidad de los creyentes y discípulos del Señor.

No importa a quienes nos dé, nos envié el Señor, sea que nos inspiren temor o repulsión, habremos de recibirles como amados hermanos, ministrarles a Cristo y mostrarles cómo servir y adorarle a Él. No todos aquellos a quienes hemos sido encomendados a servir serán de fácil trato, agradables, pero a todos debemos darnos por completo.

Por esto mismo son los discípulos los que ahora cuidan y protegen a aquel de quien antes huían:

Pasados muchos días, los judíos resolvieron en consejo matarle; pero sus asechanzas llegaron a conocimiento de Saulo. Y ellos guardaban las puertas de día y de noche para matarle. Entonces los discípulos, tomándole de noche, le bajaron por el muro, descolgándole en una canasta.” (Hechos de los Apóstoles 9.23–25, RVR60)

Cuando llegó a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos; pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuese discípulo. Entonces Bernabé, tomándole, lo trajo a los apóstoles, y les contó cómo Saulo había visto en el camino al Señor, el cual le había hablado, y cómo en Damasco había hablado valerosamente en el nombre de Jesús. Y estaba con ellos en Jerusalén; y entraba y salía, y hablaba denodadamente en el nombre del Señor, y disputaba con los griegos; pero éstos procuraban matarle. Cuando supieron esto los hermanos, le llevaron hasta Cesarea, y le enviaron a Tarso.” (Hechos de los Apóstoles 9.26–30, RVR60)

El llamado al servicio divino cambia no sólo a la persona que es llamada: necesariamente debe cambiar a aquellos involucrados con el llamado, haciéndoles crecer a ellos mismos en el amor y el servicio a su Señor y al prójimo.

Dios te bendice.

 

 

 

 

 

 

Características del llamado del Señor aprendidas de la conversión de Saulo

conversionstpaulSaulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén. Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer. Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas sin ver a nadie” (Hechos de los Apóstoles 9.1–7, RVR60)

 

Introducción

Pero no hallándolos, trajeron a Jasón y a algunos hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando: Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá” (Hechos de los Apóstoles 17.6, RVR60)

Antes de las persecuciones de Saulo de Tarso, la iglesia se encontraba concentrada en Jerusalén. Los Apóstoles, los recién nombrados Diáconos, las Mujeres, y todas las expresiones del ministerio estaban dedicadas a la atención de los creyentes que habitaban Jerusalén, y la comunidad alrededor de estos. Si bien es cierto que los de “el Camino” habían pasado de ser unos 120 a varios miles, su campo de influencia era muy reducido desde el punto de vista geográfico, y en tales condiciones no podían cumplir por completo el vasto y majestuoso llamado de Cristo: alcanzar “lo último de la Tierra” con el testimonio de Él, haciendo a las naciones discípulas de sus enseñanzas.

El efecto de las persecuciones no repercutió únicamente en Samaria y otras provincias de Judea. Como resultado de las persecuciones, el mismo perseguidor rabioso, Saulo de Tarso, fue convertido también y es por causa de su ministerio que en pocos años los judíos de Tesalónica afirmaban que su comunidad había sido alcanzada por los que “trastornan el mundo entero”. En pocos años de ministerio, el mundo entero fue alcanzado por ese joven fariseo, discípulo de Gamaliel, ahora convertido en creyente y siervo de Cristo, Saulo de Tarso, mejor conocido como Pablo, el apóstol.

¿Cuál es el secreto para tener un ministerio tan fructífero como el de Pablo? Partiendo del origen de su llamado mismo, conoceremos cuatros aspectos  vitales del llamado del Señor, necesarios si queremos ser fieles y llevar fruto.

 

Desarrollo

El llamado de Dios no depende de méritos humanos

Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén. Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón.” (Hechos de los Apóstoles 9.1–5, RVR60)

Desde el punto de vista humano, especialmente hebreo, la conducta del joven Saulo es intachable:

“… circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible” (Filipenses 3.5–6, RVR60)

Sin embargo, en la vida de Saulo se evidencia lo que ocurre con el corazón del hombre apegado a la vida religiosa y al cumplimiento de la ley: carente de amor, se convierte en juez, y muchas veces en verdugo.

El pasaje nos dice que Saulo respiraba “amenazas y muerte” contra los creyentes en Cristo, afirmando él mismo, en su discurso ante una turba airada al ser apresado más adelante en Jerusalén, luego de su conversión, y por predicar el evangelio que antes negaba y perseguía:

Perseguía yo este Camino hasta la muerte, prendiendo y entregando en cárceles a hombres y mujeres” (Hechos de los Apóstoles 22.4, RVR60)

Este es el peor de los pecados que pudiera cometer cualquier hombre: creerse justo y, por tanto, tomar el papel de Dios como Juez.

Las palabras de Jesús al encontrarse con Saulo son claras: Saulo no se opone a la iglesia, se opone al Señor mismo:

“… y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón” (Hechos de los Apóstoles 9.4–5, RVR60)

Es evidente la condición de Saulo al ser llamado por el Señor a seguirle: enemigo del Señor.

Si habremos de ser exitosos en nuestro servicio, y como resultado del llamado divino, no será por nuestras cualidades personales, pues no somos dignos del llamado que recibimos.

 

El llamado de Dios demanda sometimiento y obediencia

El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer. Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas sin ver a nadie. Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco, donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió.” (Hechos de los Apóstoles 9.6–9, RVR60)

Al confrontar a Saulo el perseguidor, el Señor no le ruega, tampoco le pide favores. Está claro quién lleva las de perder en este “enfrentamiento”: en palabras del Señor, ¡la actividad de Saulo se asemeja a quien patea un clavo con los pies descalzos!

Siendo que uno es el Señor, su acercamiento a Saulo no puede ser diferente: el escenario, la luz que resplandecía más que el Sol (Hch. 26.13), la voz que se escuchaba proveniente de la luz, la perplejidad de todos los que le acompañaban, capaces como eran de escuchar la voz más sin poder ver al Señor que las profería. ¡Oh, que sorpresa! ¡Cuánto temor debía sobrecoger el corazón de Saulo al escuchar las palabras: “Yo soy Jesús, al que tú persigues”! Aquel que su sola mención disgustaba a los fariseos, a quien consideraban muerto, ¡vive!

Entendiendo todo esto, Saulo se humilla. No discute, no duda, tan sólo somete su voluntad a la autoridad del Señor que le hablaba, diciendo “Señor, ¿qué quieres que yo haga?”.

El someterse y disponerse a obedecer es la mejor evidencia de ser siervo, fiel a quien le llamó. Siendo que la obra es del Señor, y nosotros sus siervos, debemos estar dispuestos siempre a preguntarle “Señor, ¿qué quieres que yo haga?”, y tal como hizo con Saulo, el Señor no nos dejará sin respuesta:

Él, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer” (Hechos de los Apóstoles 9.6, RVR60)

Saulo no se hizo de rogar, y sin importar el quedar ciego a causa de la luz, se somete y es llevado por otros a Damasco, donde pacientemente esperará las instrucciones para lo que debe hacer (vv.7-9)

 

El llamado de Dios es espiritual, no lógico

Había entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en visión: Ananías. Y él respondió: Heme aquí, Señor. Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora, y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista. Entonces Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén; y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre.” (Hechos de los Apóstoles 9.10–14, RVR60)

No era posible para los hermanos entender el plan de Dios al rescatar al perseguidor Saulo (9.21, 26). Aún Ananías, el siervo que el Señor comisiona para sanar y evangelizar a Saulo, expresa su gran temor  ante la tarea que le asignara el Señor:

Entonces Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén; y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre.” (Hechos de los Apóstoles 9.13–14, RVR60)

¿Qué habría ocurrido si Ananías se resiste a cumplir la tarea asignada por el Señor? Sin duda Saulo habría sido asistido por alguien más, pero Ananías se reprocharía toda la vida el no haber sido parte del engrandecimiento del reino de Dios por medio de quien llegaría a ser el más fructífero de los apóstoles.

No siempre entenderemos los métodos ni las herramientas de Señor, pero ¡Maravilloso es saber que eso no importa! Si somos obedientes, con eso es suficiente. No somos quienes para cuestionar ni porfiar con el Sabio y Todopoderoso Dios.

 

El llamado de Dios nos llevará a padecer

El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre.” (Hechos de los Apóstoles 9.15–16, RVR60)

El Señor tiene una tarea especial para Saulo: no sólo hablaría el evangelio a los judíos, pero sería el comisionado para llevar el evangelio ante la mayoría de los habitantes de la Tierra: los gentiles, y con ellos también sus gobernantes. Tan gran privilegio es, sin duda, el sueño de muchos autonombrados ministros, apóstoles, patriarcas.

Para muchos el éxito del mensaje depende de la calidad del auditorio. Si esto es así, Saulo tendría el honor de presentarse ante muchos encumbrados e ilustres hombres (y mujeres) para compartirles el mensaje del evangelio, por lo que su éxito estaría garantizado. Sin embargo, aquí se pone nuevamente a prueba la fe de Saulo, teniendo que tragarse su orgullo e ir a compartir a Cristo con los gentiles, los idólatras gentiles, dándoles esperanza de arrepentimiento, y quitando el juicio condenador que por siempre colocaban los judíos sobre los que no lo eran. Esteban, el primer mártir de la fe, había iniciado a predicar el evangelio a los judíos helénicos mientras Felipe evangelizaba a un etíope funcionario de Candace,  y es Saulo, uno de los verdugos de Esteban, el responsable ahora de predicar a los gentiles.

La obediencia de Saulo no le aseguró ventajas materiales, pero sí mucho dolor y sufrimiento:

Puesto que muchos se glorían según la carne, también yo me gloriaré; porque de buena gana toleráis a los necios, siendo vosotros cuerdos. Pues toleráis si alguno os esclaviza, si alguno os devora, si alguno toma lo vuestro, si alguno se enaltece, si alguno os da de bofetadas. Para vergüenza mía lo digo, para eso fuimos demasiado débiles. Pero en lo que otro tenga osadía (hablo con locura), también yo tengo osadía. ¿Son hebreos? Yo también. ¿Son israelitas? Yo también. ¿Son descendientes de Abraham? También yo. ¿Son ministros de Cristo? (Como si estuviera loco hablo.) Yo más; en trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces. De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias.” (2 Corintios 11.18–28, RVR60)

Servir al Señor no es fácil, no es sencillo, no es barato. Servir al Señor es difícil, es complejo, y cuesta nuestra vida, con todas sus implicaciones.

No podemos servir al Señor en espera de ganancias y bienes materiales. Debemos servirle porque es el Señor. Las ovejas fallarán, el sustento escaseará, pero Jehová siempre estará de nuestro lado, y como el salmista diremos “mi porción es Jehová”.

 

Conclusión

Pero no hallándolos, trajeron a Jasón y a algunos hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando: Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá” (Hechos de los Apóstoles 17.6, RVR60)

El llamado del Señor tiene propósito: cumple su plan y al hacerlo le da la gloria que como Dios y Señor merece. Todo el trabajo de Pablo no le sirvió para ser reconocido como  grande en este mundo, tampoco para ser aplaudido, ni siquiera para enriquecerse o llenarse de buena salud. Sin embargo, todo el trabajo de  Pablo sí sirvió para que “el mundo entero” se llenara del evangelio de su Señor. Los galardones a los que Pablo aspiraba no estaban aquí, estaban escondidos con Cristo en Dios. Tú y yo podemos honrar nuestro llamado tal como lo hizo Pablo, e igualmente con él podemos decir:

He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.” (2 Timoteo 4.7–8, RVR60)