El Dios que Predicamos

(Este estudio corresponde al Segundo Encuentro en el material de evangelismo de la Congregación Bíblica Cristiana Las Caobas)

El propósito de esta lección es aprender acerca de la relación de Dios con su creación, y resaltar lo singular y único que es el Dios que predicamos. Los temas a tratar son:

  • El Dios que predicamos es Creador
  • El Dios que predicamos es Único
  • El Dios que predicamos es Santo
  • El Dios que predicamos es Amor

Dios es Creador:

En el principio creó Dios los cielos y la tierra. (Génesis 1:1 RVR60)

La Palabra de Dios inicia estableciendo como verdad indiscutible que todo cuanto vemos fue creado por Dios, no por el azar:

Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía. (Hebreos 11:3 RVR60)

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Éste era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. (S.Juan 1:1-3 RVR60)

Dios no es sólo el Creador de todas las cosas, es quien las sustenta, las mantiene. Muchos inician proyectos hermosos y útiles sólo para abandonarlos al comprobar lo difícil de mantenerlos, o el poco resultado que les traerá el invertir en ellos luego de terminados los proyectos, pero no es así con el Señor pues Él crea y mantiene su creación conforme a sus deseos y propósitos:

El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosasPorque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos. (Hechos 17:24, 25, 28 RVR60)

Siendo Creador y Sustentador, entonces también es Dueño:

De Jehová es la tierra y su plenitud; El mundo, y los que en él habitan. Porque él la fundó sobre los mares, Y la afirmó sobre los ríos. (Salmos 24:1, 2 RVR60)

Dios es Único:

Era Abram de edad de noventa y nueve años, cuando le apareció Jehová y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto… He aquí mi pacto es contigo, y serás padre de muchedumbre de gentes… Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia desp6ués de ti… Éste es mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu descendencia después de ti: Será circuncidado todo varón de entre vosotros… Dijo también Dios a Abraham: A Sarai tu mujer no la llamarás Sarai, mas Sara será su nombre. Y la bendeciré, y también te daré de ella hijo; sí, la bendeciré, y vendrá a ser madre de naciones; reyes de pueblos vendrán de ella. Entonces Abraham se postró sobre su rostro, y se rió, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer hijo? ¿Y Sara, ya de noventa años, ha de concebir? (Génesis 17:1, 4, 7, 10, 15-17 RVR60)

¿Cómo se identificó el Señor ante Abraham? (v. 1)

¿Qué le prometió Dios a Abraham? (vv. 2-8)

¿Por qué tal promesa era imposible en términos humanos? (vv. 15-17)

Pero la Palabra de Dios enseña que para el Dios que predicamos nada es difícil:

¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, y según el tiempo de la vida, Sara tendrá un hijo. (Génesis 18:14 RVR60)

Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y éste es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril; porque nada hay imposible para Dios. (S. Lucas 1:36, 37 RVR60)

Él les dijo: Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios. (S. Lucas 18:27 RVR60)

Este Dios que es Todopoderoso es también capaz de existir y llenar todo lo creado, conociendo así todas las cosas que han sido, que son, que serán, y aún las que pudieran haber sido:

Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón. (1 Samuel 16:7 RVR60)

Yo conozco que todo lo puedes, Y que no hay pensamiento que se esconda de ti. (Job 42:2 RVR60)

Grande es el Señor nuestro, y de mucho poder; Y su entendimiento es infinito. (Salmos 147:5 RVR60)

Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; Has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, Y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. Detrás y delante me rodeaste, Y sobre mí pusiste tu mano. Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; Alto es, no lo puedo comprender. ¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba Y habitare en el extremo del mar, Aun allí me guiará tu mano, Y me asirá tu diestra. Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; Aun la noche resplandecerá alrededor de mí. Aun las tinieblas no encubren de ti, Y la noche resplandece como el día; Lo mismo te son las tinieblas que la luz. Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre. (Salmos 139:1-13 RVR60)

¿Soy yo Dios de cerca solamente, dice Jehová, y no Dios desde muy lejos? ¿Se ocultará alguno, dice Jehová, en escondrijos que yo no lo vea? ¿No lleno yo, dice Jehová, el cielo y la tierra? (Jeremías 23:23, 24 RVR60)

Dios es Santo:

Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados. (Isaías 57:15 RVR60)

En nuestra sociedad acostumbramos a establecer leyes justas y tradiciones que determinan la calidad de la conducta y los valores morales que deben ser apreciados y respetados. Tales leyes y valores se aceptan y aplican por la voluntad de la mayoría, y quienes se sienten en desacuerdo con ellos apelan a diferentes instancias de autoridad: Juzgados, Supremas Cortes, Tribunales Constitucionales. Sin embargo, la Biblia dice que hay un único y supremo estándar de moralidad y justicia con el cual todos deben compararse: la Santidad de Dios.

Porque yo soy Jehová vuestro Dios; vosotros por tanto os santificaréis, y seréis santos, porque yo soy santo; así que no contaminéis vuestras personas con ningún animal que se arrastre sobre la tierra. (Levítico 11:44 RVR60)

Sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo. (1 Pedro 1:15, 16 RVR60)

Entonces Josué dijo al pueblo: No podréis servir a Jehová, porque él es Dios santo, y Dios celoso; no sufrirá vuestras rebeliones y vuestros pecados. Si dejareis a Jehová y sirviereis a dioses ajenos, él se volverá y os hará mal, y os consumirá, después que os ha hecho bien. (Josué 24:19, 20 RVR60)

Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. (Isaías 6:3 RVR60)

La Biblia ilustra la Santidad de Dios como una luz pura, que no tiene manchas ni asomo de oscuridad:

Éste es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. (1 Juan 1:5 RVR60)

Supongamos en la figura siguiente que el cuadro representa la Santidad de Dios, si marcáramos en el mismo el más pequeño punto, imperceptible a nuestro ojo, esa mancha haría que el cuadro ya no representara lo Santo que es nuestro Dios:

Y tú, ¿crees que en tu vida no hay un sólo minúsculo punto que manche tu santidad personal?

Dios es Amor:

El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. (1 Juan 4:8-10 RVR60)

El amor es una de las cosas más altamente valorada en nuestras comunidades, y esto se refleja en las canciones populares, en las festividades de San Valentín, Día de las Madres, del Padre, etc. A todos se nos enseña el amor y su valor para ser una especie de pegamento que une y mantiene unidos a los que se aman:

Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto. (Colosenses 3:14 RVR60)

Sin embargo, el amor es más que una emoción o sentimiento, el amor se muestra en acciones concretas. Dios nos ama, y su amor es tal que dio a la muerte a su Único Hijo para que mediante ese sacrificio pudiéramos recibir perdón de pecados (esas manchas en nuestra santidad personal) y así poder “vincularnos”, relacionarnos con Él.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y ésta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios. (S.Juan 3:16-21 RVR60)

Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. (Romanos 5:6-8 RVR60)

Conclusión

El Dios que predicamos es Creador de todas las cosas, y Sostiene su creación con su gran poder. Como Creador y Todopoderoso, nuestro Dios puede hacer y hace lo que quiere, nadie puede estorbarle. Siendo Santo como es, no hay pecado o mancha que habite delante de Él. Él, sin embargo, que Conoce todas las cosas, sabe de nuestras manchas y aún así nos ama y muestra su Amor dando a su Hijo para morir en la cruz y darnos oportunidad de tener relación con Él, el Dios Único.

¡No más ansiedad!

18-Junio (18.6)

Un Versículo por Fecha

“Pero en mi angustia, Señor, a ti clamé; a ti, mi Dios, pedí ayuda, y desde tu templo me escuchaste; ¡mis gemidos llegaron a tus oídos!” (Salmos 18:6 RVC)

Desde el día en que el pecado pasó a formar parte de nuestra humanidad, pocos han sido tan fiel compañía como la ansiedad. Enfrentar este mundo por nosotros mismos resulta ser extremadamente angustioso, pues muy pocas cosas están bajo nuestro control, y para nuestra sorpresa esas que parecen estarlo tampoco lo están.

Los tristes recuerdos del pasado, las indecisiones del presente y la incertidumbre sobre el futuro bien pudieran paralizarnos y ahogarnos. Pero para los hijos de Dios ya no es más así.

En tiempos de angustia, la ansiedad ya no es más nuestra primera opción (de hecho, ni aún debiera contarse como una posibilidad entre nosotros). Hoy en día contamos con el Padre Celestial, que siempre está pendiente de nosotros, que se glorifica en hacernos bien.

No más ansiedad, pues nuestro Dios nos oye y nos libra y fortalece en medio de cualquier angustia, Oremos y confiemos en Él.

#unversiculoporfecha #trustGod #confiaenDios

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“La fe mueve montañas”

“—Si ustedes tuvieran una fe tan pequeña como un grano de mostaza —les respondió el Señor—, podrían decirle a este árbol: “Desarráigate y plántate en el mar”, y les obedecería.” (Lucas 17:6 NVI)

Hace mucho Dios ha inquietado mi corazón para entenderle mejor a Él; entender mejor a Dios ayuda a entender mejor el propósito por el que existimos, e igualmente sirve para bajar el ego y centrarse en lo que es eternamente importante y así vivir por Él y para lo suyo. Al conocer más de Él no fue sorpresa darme cuenta lo errado que había sido creer que un concepto tan elevado y divino como la fe era humano, mío.

Nuestro Señor Jesús, a quien los discípulos piden en el pasaje de hoy en Lucas que les “aumente la fe”, y que es reconocido por el escritor de Hebreos como “autor y consumador de la fe” (Hebreos 12:2), es sin quizás a quien deben dirigirse todos los que quieren fe. Como autor, el Señor es quien articula el diseño y razón de la fe, pero igualmente es quien ha “completado” la misma, y gracias a su obra nada más falta. Los discípulos, sin embargo, al pedir a Jesús que les aumente la fe, parten de una idea errada pero común, tan común que nosotros, que yo hoy igual la he tenido: que la fe es un asunto nuestro, un asunto mío.

No podríamos estar más equivocados.

Los discípulos creen tener algo de fe en ellos, que sólo necesitan “aumentarla” (en el griego en que fue escrito la petición de los discípulos expresa la idea de que se les añada más fe). Así como ellos, muchos de nosotros vivimos pensando que es nuestra “fe” personal, nuestra “confianza” en Dios la que logrará abrir para nosotros las puertas de la felicidad y la fortuna. ¡Que necios somos!

Aunque hicimos del versículo un refrán, lo hemos entendido mal: a la petición de sus discípulos el Señor les responde con una figura perfecta que debe hacernos entender la más cruel verdad, y esta es que nosotros no tenemos fe. Si la semilla de mostaza es una de las más diminutas del mundo, y con una fe del tamaño de ella es suficiente como para hacer que un gran árbol (el sicómoro) se desprenda de la tierra, se traslade hacia el mar y se siembre de nuevo allí, ¿cuántos árboles hemos hecho trasladarse de manera milagrosa?

La ilustración de Jesús quiere hacernos ver que en lugar de pedir para que nuestra fe personal sea aumentada, deberíamos procurar ser más fieles y obedientes, sin esperar a cambio nada. Es por eso que la ilustración se complementa con los versos siguientes:

“¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: Pasa, siéntate a la mesa? ¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú? ¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no. Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.” (Lucas 17:7-10 RVR1960)

Entonces, agradece al Señor por darte la fe que necesitas para confiar en la salvación que Él da y sírvele, sírvele porque como siervo es lo que debes, no pienses que ya has hecho tanto que ahora Dios te debe a ti, pues nunca podrás hacer tanto como para pagar lo que Él hace por ti.

El valor de la disciplina

“Sin disciplina, nadie ha alcanzado eminencia alguna, y nadie que la haya alcanzado, la ha mantenido jamás sin disciplina”

«Nunca se ha logrado nada sin disciplina; y muchos atletas y muchos hombres se han echado a perder porque abandonaron la disciplina y se volvieron cada vez más inactivos. Coleridge [el poeta inglés Samuel Taylor Coleridge, más conocido por sus poemas «La balada del viejo marinero» y «Kubla Khan»] es la mayor tragedia de la indisciplina. Jamás una mente tan genial produjo tan poco. Dejó la Universidad de Cambridge para incorporarse al ejército; pero abandonó el ejército porque, a pesar de toda su erudición, no podía almohazar a un caballo; volvió a Oxford y se marchó sin graduarse. Inició un periódico llamado The Watchman (El Vigilante), que vivió diez ejemplares y después dejó de existir. De él se ha dicho: «Se perdía en las visiones del trabajo que tenía por hacer, que siempre quedaba por hacer. Coleridge tenía todos los dones poéticos, excepto uno: el don del esfuerzo constante y concentrado». Tenía toda clase de libros en su cabeza y en su mente, como se decía a sí mismo: «Completos, salvo por la transcripción». «Estoy en la víspera —decía—de enviar a la imprenta dos volúmenes pequeños». Pero los libros nunca se escribieron fuera de la mente de Coleridge porque él no se sometió a la disciplina de sentarse a escribirlos. Sin disciplina, nadie ha alcanzado eminencia alguna, y nadie que la haya alcanzado, la ha mantenido jamás sin disciplina.»

(William Barclay, citado por Donald S. Whitney en el libro “Disciplinas Espirituales para la Vida Cristiana”)

En el fondo de todo

(Traducción libre de “At the bottom of it All” de John Piper, vía Solid Joys)

“En amor nos predestinó para ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo, según el buen propósito de su voluntad” (‭‭Efesios‬ ‭1:4-5‬ ‭NVI)

La experiencia de Charles Spurgeon no está más allá de la capacidad de cualquier cristiano ordinario.

Spurgeon, que vivió desde 1834 hasta 1892, era un contemporáneo y amigo de George Mueller y Hudson Taylor. Sirvió en el Tabernáculo Metropolitano de Londres durante más de treinta años como el pastor más famoso de su época.

Su predicación era tan poderosa que las personas se convertían a Cristo todas las semanas. Sus sermones todavía son publicados hoy y muchos lo consideran un modelo del ganador de almas.

Él recuerda una experiencia cuando tenía dieciséis años que dio forma a su vida y ministerio por el resto de sus días:

Cuando vine a Cristo, pensé que lo estaba haciendo todo yo mismo, y aunque busqué al Señor con seriedad, no tenía idea de que el Señor me estaba buscando. No creo que el recién convertido sea al principio consciente de esto.

Recuerdo el día y la hora en que recibí por primera vez esas verdades [las doctrinas de la soberanía de Dios, la irresistible gracia] en mi propia alma, cuando fueron, como dice John Bunyan, quemadas en mi corazón como con un hierro candente, y puedo recordar como sentí que había crecido, de repente, de un bebé a un hombre, que había progresado en el conocimiento de las Escrituras, al haber encontrado, de una vez por todas, esa pista de la verdad de Dios.

Una noche de la semana, cuando estaba sentado en la casa de Dios, no estaba pensando mucho en el sermón del predicador, porque no lo creía.

El pensamiento me golpeó: ¿Cómo llegaste a ser cristiano? Busqué al Señor ¿Pero cómo viniste a buscar al Señor? La verdad brilló en mi mente en un momento: no debería haberlo buscado a menos que hubiera habido alguna influencia previa en mi mente para hacer que lo buscara. Oré, pensé, pero luego me pregunté a mí mismo: ¿Cómo llegué a orar? Me indujeron a orar al leer las Escrituras. ¿Cómo llegué a leer las Escrituras? Las leí, pero ¿qué me llevó a hacerlo?

Luego, en un momento, vi que Dios estaba en el fondo de todo, y que Él era el Autor de mi fe, y así se me abrió toda la doctrina de la gracia, y de esa doctrina no me he apartado a este día, y deseo hacer de esto mi constante confesión, “atribuyo mi cambio completamente a Dios”.

¿Qué hay contigo? ¿Le atribuyes tu conversión completamente a Dios? ¿Está Él en el fondo de todo? ¿Esto te hace alabar la gloria de su Soberanía, su irresistible gracia?

Ve al plato principal

(Traducción libre de “Go on to the meal”, de John Piper, vía Solid Joys)

“Prueben y vean que el SEÑOR es bueno; ¡qué alegría para los que se refugian en Él!” (Salmos 34:8 NTV)

Para ustedes que dicen que nunca han probado la gloria de Dios, les digo, han probado muchos de sus aperitivos.

¿Alguna vez has mirado hacia el cielo? ¿Alguna vez has sido abrazado? ¿Alguna vez te has sentado frente a un fuego caliente? ¿Alguna vez caminaste por el bosque, te sentaste junto a un lago y te acostaste en una hamaca de verano? ¿Alguna vez bebiste tu bebida favorita en un día caluroso o comiste algo bueno?

Todo deseo es una seducción devota o distorsionada de la gloria del cielo.

Usted dice que no ha probado la gloria de Dios. Yo digo, has probado los aperitivos. Ve al plato principal. Ve a Dios mismo.

Has visto las sombras; mira la sustancia. Has caminado en los cálidos rayos del día; voltea y mira el sol en sí – sí, a través de la lente protectora y certera del evangelio. Has escuchado ecos de la gloria de Dios en todas partes; sintoniza tu corazón con la música original.

El único lugar para poner en sintonía tu corazón es en la cruz de Jesucristo. “Vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.” (Juan 1:14; LBLA).

Si quieres la muestra más concentrada de la gloria de Dios, mira a Jesús en los Evangelios, y mira especialmente a la cruz. Esto enfocará tus ojos y sintonizará tu corazón y despertará tus papilas gustativas para que puedas ver, oír y saborear la gloria del verdadero Dios en todas partes.

Para eso fuiste hecho. Te suplico: no desperdicies tu vida en las sombras. Dios te hizo paras ver y saborear su gloria. Persigue eso con todo tu corazón y sobre todo lo demás. Has probado los aperitivos. Ahora ve al banquete completo.

El poder liberador del perdón

(Traducción libre de “The liberating power of forgiveness”, de John Piper, vía Solid Joys)

“«Tus pecados te son perdonados.»” (Lucas‬ ‭7:48‬ ‭RVC‬‬)

Una mujer viene a Jesús en la casa de un fariseo llorando y lavándole los pies. Sin duda, ella sintió vergüenza cuando los ojos de Simón comunicaron a todos los presentes que esta mujer era pecadora y que a Jesús no le importaba dejarla tocarlo.

De hecho, ella era una pecadora. Había un lugar para la verdadera vergüenza. Pero no por mucho tiempo.

Jesús dijo: “Tus pecados te son perdonados” (Lucas 7:48). Y cuando los invitados murmuraron sobre esto, Él fortaleció su fe diciendo: “Tu fe te ha salvado; vete en paz “(Lucas 7:50).

¿Cómo la ayudó Jesús a luchar contra los efectos paralizadores de la vergüenza? Él le dio una promesa: “¡Tus pecados han sido perdonados! Tu fe te ha salvado. Tu futuro será uno de paz “. Declaró que el perdón pasado ahora daría paz en el futuro.

Entonces, el problema para ella era la fe en la gracia futura de Dios, arraigada en la autoridad de la obra perdonadora de Jesús y en la palabra de liberadora de Jesús. Esa es la manera en que cada uno de nosotros debe luchar contra los efectos de una vergüenza bien colocada, no una vergüenza falsa, sino la vergüenza que realmente deberíamos sentir, pero vergüenza que amenaza con demorarse demasiado y paralizarnos.

Debemos luchar contra la incredulidad de la vergüenza paralizante mediante el asirnos de las promesas de la gracia y la paz futuras que vienen a través del perdón de nuestros actos vergonzosos.

“Pero en ti hallamos perdón, para que seas reverenciado.” (Salmos‬ ‭130:4‬ ‭RVC‬‬)

“Busquen al Señor mientras pueda ser hallado; llámenlo mientras se encuentre cerca. ¡Que dejen los impíos su camino, y los malvados sus malos pensamientos! ¡Que se vuelvan al Señor, nuestro Dios, y él tendrá misericordia de ellos, pues él sabe perdonar con generosidad!” ‭‭(Isaías‬ ‭55:6-7‬ ‭RVC‬‬)

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.” (1 Juan‬ ‭1:9‬ ‭RVC‬‬)

“Acerca de él dicen los profetas que todos los que crean en su nombre recibirán el perdón de sus pecados.»” (Hechos‬ ‭10:43‬ ‭RVC‬‬)

Todos nosotros necesitamos perdón. Y lo necesitaremos mañana. Jesús murió para proporcionarlo hoy y mañana. Hoy o mañana la realidad es esta: el perdón de Dios nos libera para nuestro futuro. Nos libera de la vergüenza paralizante. El perdón está lleno de futura gracia.

Cuando vivimos por fe en la gracia futura, enraizados en el perdón de Dios, somos liberados de los efectos persistentes y paralizantes del pecado, incluso de la vergüenza que merecemos sentir. Eso es lo que significa el perdón.